
Del 8 al 12 de Septiembre 2024
«Mi paraíso místico comienza en los llanos del Empordà, rodeado por las colinas de La Albera y encuentra su plenitud en la bahía de Cadaqués». El autor de la mítica frase “el Surrealismo soy yo”, encontró en su tierra la inspiración para la mayoría de sus obras. Y ¿quién no? La provincia más afrancesada de Cataluña es una fábrica de musas inspiradoras. Desde los paisajes volcánicos de la Garrotxa hasta una costa abrupta que rompe a latigazos la tierra sobre un mar Mediterráneo que, en Girona, se torna bravío. Mar y montaña, medieval y surrealista, de Norte a Sur, de Este a Oeste, Girona rompedora, Girona reducto Galo en una Cataluña bipolar.
Domingo 8: San Feliu de Guixols – Calella de Palafrugell – Begur – Playa Sa Riera
Ya no fallan como antaño los pronósticos, si anuncian trombas de agua y alerta amarilla por la costa catalana durante toda la mañana de un domingo aparentemente soleada en Castellón, pues toca reorganizar la agenda. Se anunciaba también el fin de las lluvias a partir de las cuatro de la tarde, así que, tuvimos que anular de la ruta inicial: Blanes, Palamós y Tossa de mar que ya conocíamos. A Blanes, ciudad costera, se la conoce como la “Puerta de la Costa Brava”. Por falta de tiempo no pudimos sobrepasar esta puerta, ni contemplar sus playas desde su catillo pero dejo aquí el vídeo promocional: Inicio – Turisme Blanes (blanescostabrava.cat).
Palamós, ídem de ídem, las lluvias nos alejaron de esta urbe de casi 20.000 habitantes, también costera, y también sobredimensionada. Sí que nos dio más pena no volver a uno de los pueblos más bonitos que vimos en viajes previos a Gerona: Tossa de Mar. Villa medieval a callejear sin rumbo y sin prisas. Tuvimos que “sacrificar” la parada en Tossa y seguir ruta hacia San Feliu de Guixols, pero, no me quedo sin dejar un video de esta villa fortificada que asoma al mar desde su castillo. Un imprescindible en Gerona, sin lugar a dudas: (243) Tossa de Mar, el paradís blau de la Costa Brava – @TossaTurisme – YouTube
Y llegó la calma, a las cuatro paraba la lluvia y así fue, San Feliu de Guixols nos recibía con cielo azul, muchos charcos y un aire puro yodado. Para llegar al centro de San Feliu, atravesamos varias urbanizaciones con mansiones más o menos escondidas entre bosques de pinares. La Costa Brava, que abarca las comarcas del Alt Empordá, el Plá de L´Estany, el Baix Empordá y la Selva, sigue siendo cobijo de la burguesía catalana y extranjera, sin ostentaciones, sin parafernalias de nuevos ricos, sin alardes, ni brilli-brilli, menos es más, como diría Giorgio Armani. Tesoros escondidos como la mansión de Tita Cervera o el hotel S´Agaró, no apto para todos los bolsillos.
San Feliú es pueblo de pescadores, su puerto natural es un referente de la Costa Brava. Nada más aparcar el coche, junto al paseo marítimo, un edificio modernista que llama la atención. Se trata del Casino, y no parece que sus parroquianos sean los pescadores que salen a faenar en las aguas bravas que aquí se prodigan. La industria del corcho tiene la culpa, San Feliu de Guixols ha sido una ciudad próspera gracias al corcho y la industria textil. No puede compararse con Reus, ciudad modernista emblemática pero sí que en San Feliu vimos en nuestro paseo varias fachadas de este estilo que a mí, personalmente, me fascina. He encontrado este enlace muy ilustrativo de todas las joyas modernistas que se ubican en Sant Feliu de Guíxols – Obres d’Arquitectura Modernista, merece la pena entrar para deleitarse con las imágenes. La fachada del Casino “ la Constància” o también conocido como el Casino “Del Nois” es la que vimos junto al paseo marítimo y es impresionante. En la rambla, paseo arbolado que atraviesa de este a Oeste la localidad, también vimos varios edificios que denotan un pasado de burguesía catalana con poderío.
Seguía oliendo a yodo y a mar, después de la tempestad, cuando dejamos San Feliú para seguir ruta hacia el siguiente pueblo: Calella de Palafrugell. Aquí sí, aquí vimos un pueblo que ha vivido y sigue viviendo de la pesca. Un pueblo de gente de mar, que se resiste a la invasión turística. Se detiene el tiempo en esta pequeña joya de la Costa Brava. Su origen se remonta al s. XVIII cuando empezaron a llegar los piratas. Los pescadores de la zona decidieron instalarse aquí para proteger su costa. Calella de Palafrugell cuenta con algunas de las calas más bonitas del Mediterráneo y de la Costa Brava. Son de postal y conviene conocerlas a pie, recorriendo el Camí de Ronda, un camino histórico de costa que va de Blanes a Portbou: Camí de Ronda: el sueño de la Costa Brava a pie | Traveler. (Tiene que ser increíble recorrer a pié esta ruta de 43 kilómetros bordeando el mar).
Para disfrutar de las vistas sobre la Bahía de Calella y del pueblo en sí, nada mejor que recorrer las calles de su casco antiguo, calles estrechas como la de “Les Voltes” y la “Gravina”, dejarse llevar hasta la Playa del Canadell, dónde aún se conservan los antiguos porches que daban cobijo a las barcas y aperos de los pescadores, y además, cuenta con un paseo marítimo con antiguas casas de pescadores e indianos como la del famoso escritor catalán, Josep Plá.
Y antes de dejar el pueblo, si hay tiempo, no dejar escapar el mirador de Manel Juanola (sí el farmacéutico de Palafrugell que se hizo famoso por ser el creador de las pastillas Juanola). Ya si toca atardecer desde este lugar, las vistas sobre las playas del pueblo y el mar son el no va más.
Así dejamos Calella, con las últimas horas del día. Nos quedaban unos kilómetros para llegar a Begur, nuestro destino para dormir. Situado en corazón del Empordá, Begur es otro pueblo de postal. Al llegar vimos a mucha gente vestida de blanco, en una terraza con unas vistas increíbles sobre el Mediterráneo, escuchamos a un grupo cantando Habaneras, algo estaba pasando… Más tarde, en el hotel vimos un cartel que resolvió nuestras dudas: “Feria de Indianos”con la que se celebra la intensa relación entre Cuba y Begur, de los tiempos en los que muchos habitantes de este pueblo emigraron a la Isla Caribeña, y al volver como “Indianos” construyeron ostentosas casas que hoy lucen en las calles de este pueblo de judería medieval. Su castillo y la Iglesia de San Esteban de Esclanyá son los emblemas de Begur, en torno a estas dos construcciones se expande uno de los pueblos más bellos de la Costa Brava.
Ver para creer: (261) Begur Costa Brava (Catalonia Spain) – Watch the image compilation Before Travel – YouTube
Ocho playas conforman el Litoral de Begur, que toma su nombre del Cabo en el que está ubicado. Para dormir, elegimos un hotel en una de ellas, en la de Sa Riera. 100% recomendable, no tanto el hotel que está bien pero no pasará al ranking de los elegidos, como el desayuno que nos regalamos al día siguiente en una terraza frente al mar. El hotel de los años 70, reformado, es de una austeridad monacal. Nos costó encontrarlo, pasamos de largo dos veces. Al entrar en la recepción, fue una regresión en el tiempo. Muy limpio eso sí, pero lo dicho, un convento cualquiera tiene más vida que este hotel. https://www.sariera.com/es/
Refrescaba ya por la noche y la humedad la notamos nada más salir en busca de un sitio para cenar. Encontramos un restaurante, muy cerca del paseo marítimo, que estaba a tope de gente y se llama www.elrecerdelamar.com . El Pad Thai que pedí estaba de muerte, increíblemente bueno, para volver y repetir. No nos quedamos mucho tiempo de sobremesa, la humedad empezaba a calar en los huesos. Prontito a la cama, al día siguiente nos esperaba una ruta larga y variada.
Lunes 9: Pals – Púbol – Monells – Ullastret – Peratallada – Palau Sator – Estartit – La Escala – Castelló d´Empuries – Empuria Brava – Roses
Ni en mis mejores sueños podía imaginar un despertar con ese marco incomparable de la Playa de Sa Riera y las Islas Medes en el horizonte. Sencillamente, esos momentos de la vida que merecen quedarse en la memoria fija, la que no se destruye y que sólo puede alterarse por medios mecánicos. A las 9 de la mañana abrían la terraza con las mejores vistas. Nos clavaron casi 30 euros por dos tostadas y 4 cafés pero mereció la pena. Amortizamos la estancia con calma, sin prisa, aunque teníamos una “orden del día” completa no…., lo siguiente.
Como entrante, Pals, pueblo empedrado, fotografiado hasta la extenuación. Ni un turista del “Estado que nos roba”, creo que éramos los únicos que pronunciábamos la ñ, franceses a mansalva, guiris de todos los colores por doquier. Se puede, y se debe aparcar en el parking de la entrada del pueblo. A partir de ahí, recorrer las calles de este pueblo medieval es entrar en un cuento de hadas, cruzar el espejo de Alicia. Pals me recordó mucho a los pueblos que recorrimos en la Provenza francesa. No a un pueblo en concreto pero sí en general, otra Provenza que no huele a lavanda pero sí a mar y a sus arrozales (el arroz de Pals es otra fuente de ingresos importante).
Destaca un edificio sobre los demás, la conocida como la Torre de las Horas, de estilo románico (s.XI-XIII). Su altura de 15 metros se impone sobre el barrio gótico de la villa, de calles empedradas, arcos de medio punto y ventanas ojivales. Hay varias tiendas de souvenirs que supongo en verano harán el agosto porque durante nuestro paseo, mucho mirar y poco comprar. Todo el conjunto está cuidado y protegido, nos gustó especialmente la plaza Mayor con la Casa de la Vila del S.XIII), y la plaza de la Iglesia de San Pere, también románica y con una torre campanario que compite en altura con la Torre de las Horas.
Qué hacer y qué ver en Pals – Catalunya Turisme. Empezamos el día de la mejor manera en Pals. Súper recomendable.
A escasa distancia se encuentra el siguiente pueblo de la ruta: Púbol. Marcado en el mapa, a pesar de su pequeño tamaño, por ser uno de los vértices del triángulo Daliniano, Púbol fue la última morada de Dalí. Todo el pueblo es de piedra y medieval, como Pals, y aunque su reducido tamaño hace que se visite en poco tiempo, merece la pena dejarse llevar y recorrer sus calles sin prisa, en calma.
El castillo-museo lo compró Dalí en el año 1962 y se lo regaló a su musa, Gala (Elena Diakonova). Ambos vivieron en el castillo hasta sus respectivos fallecimientos, ocurridos en 1982 y 1989. El deseo de Dalí de descansar eternamente junto a su mujer no se cumplió, está enterrado en Figueres y no aquí, en Púbol junto a ella. Parece ser que todo responde a motivos económicos, en fin…. https://www.youtube.com/watch?v=lfJjj7pHvQc (dejo un video que no es mío pero me ha gustado, visitas el castillo-museo sin moverte del sofá).
Antes de planear este viaje por la provincia de Girona, me informé de que en esta comarca del Baix Empordá había pueblos muy bonitos pero lo que no podía imaginarme es que competían los unos con los otros en belleza. El siguiente pueblo, Monells , nos dejó boquiabiertos. Es impresionante. Aparcamos en el exterior del centro histórico, nada más cruzar un puente medieval, y orillando la rambla del río, fuimos poco a poco dando la vuelta, hasta una calle que se adentraba en una plaza porticada que enseguida se me hizo familiar. La plaza donde se rodaron escenas de la película 8 apellidos catalanes. Esta misma plaza fue escenario de uno de los mercados más importantes de Cataluña en el s. XVII. De hecho, se conserva y se puede ver una antigua unidad de medida “La Mitgera” para que se usara como patrón de medida de los cereales. Pasear por debajo de los arcos de la plaza, perderse por calles sinuosas de paredes de piedra y cubiertas de hiedra, curiosear y meter la nariz en las entradas de hoteles “boutique” que parecen museos, Monells es sencillamente un lugar mágico. Nos resistimos a dejarlo atrás, pero teníamos que seguir, Girona da para mucho.
Cuando llegamos al siguiente pueblo: Ullastret, nos encontramos con otra sorpresa. Por el pueblo no vimos un alma, sólo una chica que limpiaba las mesas de una cafetería con unas vistas bastante singulares. El centro más antiguo está fortificado y las murallas rodean un centro, dentro de otro centro histórico. ¿Curioso no? Aunque, este municipio es conocido por el gran poblado ibérico del Puig de San Andreu. Después de callejear por el pueblo, nos acercamos hasta la entrada del yacimiento arqueológico pero estaba cerrado, obviamente siendo lunes. Aprovechamos el parque que rodea el recinto para improvisar un pic-nic. No había nadie, sólo un par de holandeses que antes de volver a coger el coche e irse por dónde habían venido, nos preguntaron si estaba realmente cerrado. Bocata de sardinas en mano, le contesté a la buena señora que sí, que en España los museos cierran los lunes, y replicó, “sí, en todo el mundo”. Entonces… ¿para qué pregunta Señora? Ah vale, para comprobar su excelso conocimiento de la lengua cervantina. Vale, señora el museo está realmente cerrado.
Una lástima, porque este yacimiento es uno de los 5 yacimientos más importantes de Europa de la edad del Hierro y en su máximo esplendor podía albergar más de 5.000 habitantes. En Cataluña, no hay otro asentamiento íbero de tal envergadura. No hace muchos años, en 2012, concretamente se produjo un hallazgo importante. Se descubrieron 15 fragmentos craneales humanos, entre los que había 2 cabezas enclavadas. Una práctica habitual de origen celta, que consistía en exhibir la cabeza del enemigo vencido como un trofeo de guerra. ¡Angelitos! https://www.youtube.com/watch?v=yY0cSIO0PLE
Otra perla medieval nos esperaba a pocos kilómetros: Peratallada (no confundir con Perelada). Una vez más, volví a recordar los pueblos medievales de la Provenza. Se puede, y se debe aparcar en un estacionamiento público que hay justo a la entrada del pueblo. Hay que pagar pero los 30 primeros minutos son gratis. A continuación, se accede al centro por el Portal de la Virgen. Y a partir de ahí, empieza la magia.
El nombre de Peratallada se explica porque este pueblo, por supuesto, también medieval, se edificó, o talló sobre roca natural arenosa. Como vimos en Pals, aquí también cuentan en su patrimonio con un Castillo, murallas del s.XII, una Torre Homenaje de planta cuadrada y 8 metros de altura y una Torre de las horas con su reloj. Es otro pueblo “instagrameable” con restaurantes y tiendas para las hordas de turistas que lo visitan durante todo el año. De “postal”, de los que empiezas a disparar fotos y no paras. La Iglesia en honor a San Esteve, nos gustó especialmente. Todo el conjunto, una joya de piedra y hiedras. Como decía antes, compiten entre sí en belleza, es muy difícil establecer un ranking.
Conforme nos íbamos acercando a la Costa Brava, el encanto medieval daba paso a otros paisajes, a otros estilos arquitectónicos. Paramos en el último pueblo medieval, antes de rozar la brisa marina, que se llama Palau Sator. Sin duda, lo que más destaca en este pueblo es su gran Torre de las horas de 20 metros de altura. En su base, uno de los accesos a través de un arco, a la calle Portal. Aquí, el núcleo urbano también está amurallado. No es tan espectacular el conjunto como en Pals, Monells o Peratallada pero tiene sus puntos de interés para el viajero, como la Iglesia Parroquial de San Pedro, construida en el exterior de la muralla o una fuente de pozo artesiano (un tipo de pozo en el que emerge el agua sin ningún tipo de ayuda).
EL sol seguía calentando el ambiente, y cuando finalmente llegamos a la Costa, concretamente a Estartit, agradecimos el viento que venía del Este, un Levante que nos refrescó en cero coma. Este pueblo costero y turístico tiene un gran privilegio, tiene como telón de fondo las islas Medes. Impresiona llegar a la playa infinita, de 5 kms de largo, y ver de frente estas 7 islas, a una distancia de 1,6 kms. El pueblo en sí, ha perdido el aire marinero, es otra urbe de vacaciones, como Roses, pero bueno, sólo por ver la playa y las islas, merece la pena llegar hasta aquí. L’Estartit
L´escala, igualmente es un pueblo costero, con playa kilométrica. Por y para los turistas de “sol y playa”. Hicimos una parada técnica para comernos un helado, en una terraza frente al mar, pero soplaba un aire bastante fuerte. El mismo aire de Levante que habíamos agradecido al llegar a Estartit, en ese momento sacó su peor cara, los toldos volaban y nos tuvimos que retirar. Volvimos a coger el coche hacia el interior para parar en otro pueblo: Castelló d´Empuries. La visita más breve del día. Si en muchos pueblos muestran un cartel oficial contra las agresiones machistas, en varios pueblos de Girona, como éste, vimos un cartel que decía, más o menos: “Castelló d´Empuries pertenece a la lista de municipios independentistas de Cataluña”. La visita fue breve no por esto, obviamente, pero el tiempo se nos estaba echando encima y optamos por priorizar y visitar el yacimiento arqueológico greco-romano de Empuries. (Prometo volver a Castelló d´Empuries y visitar su Catedral, aunque me pidan pasaporte al entrar).
Este yacimiento se ubica muy cerca de l´Escala y es 100% recomendable. Por su ubicación frente al mar y por su extensión y riqueza arqueológica, no creo que haya otro museo tan interesante en Europa, o por lo menos en España. Territorio romano y antes griego, su nombre deriva del término griego “Emporion”, que significa mercado o centro comercial. La ciudad se formó en el antiguo delta del río Fluviá, siendo cruce de varias rutas comerciales con puerto natural. El primer asentamiento griego, en Sant Martí d’Empúries, data del siglo VI a.C., exactamente del año 575 a.C., pero un siglo más tarde sus fundadores, comerciantes procedentes de Turquía, trasladaron Emporion hasta la localización actual de las excavaciones, convirtiéndose en uno de los puertos más importantes del Mediterráneo.
Nos dejaron entrar al yacimiento exterior con Tuca y Lola, y disfrutamos un buen rato del entorno, viendo varios mosaicos, templos, la ciudad griega con los restos de la muralla, del ágora, del mercado y de otros edificios públicos, como la fábrica de salazón donde se hacían las conservas del pescado. El anfiteatro romano es fascinante, tiene una capacidad de más de 3000 espectadores y con el telón de fondo del mar….. el no va más.
Al museo entró mi Santo, yo no tuve más remedio que quedarme fuera (seguimos sin darnos cuenta que se comportan mejor que muchos niños). Son los gajes de los padres perrunos.
Nos quedaba por ver otro sitio particular. Nunca había oído hablar del “Miami catalán”. Resulta que en los años 70, en una zona pantanosa, un grupo de empresarios visionarios proyectó un complejo residencial diferente a todo lo existente hasta la fecha. Con más de 30 kms canales navegables, Empuria Brava se convirtió en la Marina residencial más grande del mundo. También conocida como la “Venecia española”, a mí, viendo los yates y embarcaciones más modernas, me imaginé más bien a Sonny Crockett surcando los canales, con sus rayban negras y sus americanas de colores, persiguiendo a los cacos en Miami Vice.
Sólo nos faltaba rematar el día, durmiendo en un alojamiento entre canales y así lo hicimos. En Roses, a poca distancia, el apartamento que reservé, también está ubicado en una marina, mucho más pequeña, pero lo suficientemente al borde del agua como para dormir escuchando el tintineo de los mástiles de los veleros aparcados bajo la terraza. Comparto el enlace del alojamiento que nos dejó buen sabor de boca. Apartamento Nido 550 Garbi Rosas, España – reserva ahora, 2024 precios. El baño en la piscina y la cena en la terraza con las vistas sobre los veleros en los canales nos supieron a gloria. Para repetir.
Martes 10: Cadaqués – Portlligat – Cabo de Creus – Llançá – San Pere de Rodes – Figueres – Peralada.
Sol radiante para empezar un nuevo día abordando otro de los vértices del triángulo daliniano. Después de desayunar fuimos a la playa de Roses para recordarla. 26 años ha, de cuando hicimos nuestro primer viaje en pareja por Girona, allá por 1998. Mare meua!
Roses sigue siendo una ciudad costera de vacaciones, poco que ver con el encanto de Cadaqués o de Calella de Palafrugell, pero bueno, como destino de sol y playa, chapeau! Se lo trabajan bien. Apenas 16 kms pero la carretera se las trae. Llegar a Cadaqués tiene su aquél, aunque el destino merece y mucho la pena. Yo creo que será el pueblo más visitado de Girona, o por lo menos el que recibe más turistas durante todo el año. No suelo repetir lugares pero Cadaqués me enamoró la primera vez y me sigue tocando el cuore. Aparcamos nada más llegar, después de sufrir la carretera de curvas y ciclistas suicidas durante media hora. El parking es pequeño y encontramos sitio de casualidad. No quiero imaginar lo que tiene que ser aparcar allí en temporada alta. Hay otra opción que es la de venir en barco desde Roses.
Su mayor prescriptor, Salvador Dalí, nos saluda nada más llegar a la Bahía, en forma de Figura de bronce con su pose de Dandy a la catalana. Desde ese mismo punto, recorrer todo el paseo marítimo, bordeando la Bahía es una buena opción para disfrutar de las mejores vistas sobre Cadaqués. A un lado el mar y al otro, las terrazas, las barquitas de pescadores, las fachadas modernistas, como la de la Casa Seryana, la más famosa de Cadaqués. El aire fresco del mar nos acompañó durante todo el trayecto de ida y vuelta, lo disfrutamos los cuatro.
Al regresar al punto de partida, frente a la figura de Dalí (quien no fue el único, otros artistas universales como Picasso, Paul Eluard, Federico García Lorca, Luís Buñuel, Marcel Duchamp, y René Magritte, entre otros, también disfrutaron de este paraíso), nos adentramos por el laberinto de calles blancas que rodean la Iglesia de Santa María. Este templo, construido por pescadores y navegantes de la población, custodia un altar único por su barroquismo y “horror vacui”. Desde la Iglesia en la parte alta, las vistas sobre los tejados y el mar son inmejorables. A partir de ese punto, lo que hicimos fue perdernos por sus calles de paredes encaladas y pisar el antiguo pavimento del pueblo, el rastell. (Un tipo de pavimento está hecho con piedras extraídas de la orilla del mar que han sido moldeadas por el vaivén de las olas). Buganvillas de diferentes tonos, galerías y pequeñas tiendas de arte, Cadaqués inspira, Cadaqués es pura magia. Paramos también a tomar un café en una de las terrazas, por el placer de ver a la gente pasar y retomar fuerzas para seguir con nuestra ruta del día.
A Portlligat, refugio de Dalí y Gala durante muchos años, se puede ir caminando, una media hora, o en barco también desde Cadaqués o Rosas. Si hubiésemos tenido más tiempo no me hubiese importado hacer el trayecto en barco pero no era el caso, una pena. Antes de llegar a Portlligat quise acercarme en coche hasta el cabo de Creus pero está prohibido, del 1 de junio al 30 de septiembre, y los fines de semana de octubre. Así que sólo lo he podido ver en video como este: Parc Natural del Cap de Creus – YouTube. (en este video del Parque natural, salen imágenes del Monasterio de San Pere de Rodes que visitamos por la tarde).
No escogieron mal el nidito de amor. A orillas del mar, en una pequeña cala que la hicieron prácticamente suya, Dalí y su musa construyeron su morada, a partir de una barraca de pescadores, que fue creciendo a medida de las necesidades de Dalí. Dejo un video de visita de la casa: (296) COSTA BRAVA – Casa de DALÍ en Portlligat , Cadaqués – YouTube. Un lugar idílico, dónde Dalí decía que el sol amanecía sobre su cama, al encontrarse en el punto más oriental de la península. De hecho, ideó un sistema de espejos para que los primeros rayos de sol entraran directa y primeramente en su casa. A mí personalmente me fascina el personaje, su obra también pero creo que hay pocos artistas tan carismáticos como él. Conforme íbamos siguiendo la ruta Daliniana, me acordé mucho de cuando por mis 40 vueltas al sol , mi Santo me regaló un finde en París para ver una exposición sobre su obra y su vida en el centro Pompidou. Me río aún recordando el anuncio de chocolate que hizo, un polifacético del S.XX.
Me ha costado, pero lo he recuperado: (299) Salvador Dali – Lanvin Chocolate – YouTube
Al salir de Portlligat y no poder ir al Faro del Cabo de Creus, regresamos hacia el interior, atravesando parte del Parque natural que lo rodea hasta Llancá. Ya en el Alto Ampurdá, muy cerca de la frontera con Francia, llegamos a este pueblo costero a la hora de comer. Buscamos un restaurante apto para mascotas, y encontramos uno con terraza frente al mar, lleno de gabachos comiendo ya los postres. El sitio, la verdad, dejaba bastante que desear en cuanto a higiene, no por sucio pero sí un decadente. No comimos mal pero tampoco lo recomiendo: Llançà Port se llama. (Aviso a navegantes). El paseo de sobremesa lo hicimos por el puerto de esta localidad que no nos dejó mucha huella.
El plato fuerte de la tarde nos esperaba en la cima de una montaña. Merece la pena tragarse unas cuantas curvas y subir y subir hasta la cima de la Sierra de Verdera, para disfrutar de las mejores vistas sobre el Cabo de Creus. El Monasterio de San Pere de Rodes es un coloso, un conjunto de románico catalán que por sus dimensiones y su ubicación, es único, no hay otro igual. Construido en terrazas para adaptarse al medio, toda la edificación gira en torno al claustro y la Iglesia. Para ir hasta allí, hay que dejar el coche a un kilómetro y recorrer un paseo con unas vistas increíbles sobre el mar. En el exterior, la portalada, a cargo del Maestro de Cabestany, mostraba diferentes escenas de la vida de Cristo esculpidas en mármol blanco. Quedan escasos fragmentos de esta portada; el que fuera epicentro espiritual del Condado de Empuries, fue fundado por monjes que desembarcaron en la zona con los restos de San Pedro y otros santos para custodiarlos y no ser profanados por las hordas de Bárbaros que invadían Roma. (Leyenda creíble o no). Sólo por la ubicación, lo dicho, merece la pena llegar hasta aquí.
(299) Sant Pere de Rodes . Spain – YouTube
Al volver al parking, empezamos a sentir el cansancio del día. Teníamos que encontrar una gasolinera sí o sí, y en bajada libre, llegamos al límite a una gasolinera cerca de Figueres, dónde íbamos a dormir esa noche. En realidad, teníamos reservado el alojamiento en un hotel de la cadena B&B a las afueras de Figueres. La intención era visitar la ciudad y por supuesto, cerrar el triángulo daliniano visitando el famosísimo Teatro Museo de Dalí. Después de dejar las maletas y descansar un rato, decidimos cambiar de planes. No era cuestión de ir a Figueres con prisa, antes de que anocheciera. Dalí se merece un día entero, así que creo que tomamos una decisión acertada: el próximo viaje a Girona estaría totalmente dedicado a su obra y figura.
A muy pocos kilómetros de Figueres, unos doce, se encuentra Perelada y su famoso castillo, convertido en Casino. Nada más entrar en el pueblo sus dos torres almenadas y su fachada cubierta de reciben al viajero. Tenía el recuerdo de haber entrado en coche hasta la misma puerta del castillo y, allí que entramos, por la avenida arbolada que se abre paso hacia el castillo. Blindada la entrada por cuatro guardias de seguridad, no nos dejaron pasar al recinto que rodea el castillo. Yo pregunté por el restaurante como una Diva, acostumbrada a cenar en un castillo día sí y otro también. Mi Santo me miraba ojoplático y mis peludas con las orejas en alerta. Acepté la negativa sin aspavientos, los martes no había servicio de restauración y dimos media vuelta. Acabábamos de vivir el momento frikie del día…
Rodeando el castillo encontramos un parking público y allí que fuimos sin perder un ápice de dignidad. El pueblo medieval de Perelada es una joya. A pesar de la oscuridad, pudimos recorrer sus calles mientras buscábamos un sitio para cenar. El convento del Carmen y su iglesia de techo de madera policromada, el Museo del Cristal y la Cerámica, la Biblioteca, el Museo del Vino, el Call judío (calle situada entre la muralla y el convento), el Portal del Conde (principal puerta de acceso al núcleo urbano), la Iglesia de San Martí, el Claustro de San Domenec (el único espacio que queda de un antiguo convento del S.XII), las murallas, la Plaza Grande porticada con el Ayuntamiento del S. XIV…. ¿Alguien da más?
Encontramos un sitio para cenar muy ambientado, con mucha gente cenando y celebrando la víspera de la Diada, el gran día de Cataluña. Se llama Croak´s Peralada Grill y bueno, es un local bonito pero la comida no supera el aprobado justito. Dimos cuenta de unos tacos, unas patatas bravas con queso, bastante infumables y un burrito que salvó la cena. Eché de menos el pad Thai de la primera noche en Sa Riera. Al menos, no nos fuimos a la cama con el estómago vacío.
Miércoles 11: Besalú – Banyoles – Santa Pau – Castelfollit de la Roca – Camprodon – San Joan de los Abadeses – Ripoll – Ribes de Freser.
El gran día de Catalunya se hizo notar al llegar a nuestro primer punto de una ruta que nos iba alejando de la costa hacia el interior, hacia la comarca volcánica de la Garrotxa. En Besalú colgaba del puente medieval una bandera independentista de tamaño colosal. ¡Impresionante!. A las diez de la mañana ya empezaba a notarse el ajetreo de visitantes. Besalú, que fue sede de un condado independiente, es sencillamente espectacular. Cruzar su puente de piedra sobre el río Fluviá que da acceso al centro urbano, es iniciar un viaje a una época de doncellas y caballeros de armaduras, regreso a una época medieval dónde reinaba por estos lares, Guifré El Pelós, a finales del s.XI. Con él, Besalú se convirtió en un condado independiente, con un territorio que alcanzaba los términos de Figueres y Banyoles.
El Portal de Rocafort era la antigua entrada de Besalú, y allí se iniciaba la muralla que rodea el pueblo, bordeando el río. Las calles estrechas empedradas compiten entre sí, lo mejor es perderse sin rumbo fijo, todas las vías llevan a la plaza mayor, la Plaza de la Libertad. Casi en su totalidad está flanqueada por arcadas semicirculares. Con una de las juderías mejor conservadas del país, también alberga varias joyas de arte románico, como la Iglesia de Sant Viçent, el Monasterio de San Pere y la Casa de Cornellá. La plaza Mayor resulta que es mucho más pequeña que la gran plaza cercana dónde destaca el símbolo religioso de la ciudad, el Monasterio de San Pere, en un estilo sobrio, puro románico sin ornamentos. El segundo café de la mañana llegó en ese momento, en una terraza con vistas privilegiadas a la fachada románica del Monasterio. ¿Podíamos haber elegido mejor lugar para empezar a celebrar la Diada?, yo creo que no, Besalú es un símbolo del independentismo catalán, lo fue y lo sigue siendo…
Bordeamos el pueblo para salir, por el cinturón verde que discurre al otro lado del río. No me cansaré de volver a este pueblo, es sencillamente único, no hay otro igual. A la hora de partir, empezaban a llegar los buses de turistas, nos libramos por los pelos. El siguiente punto en el camino, se hizo tristemente famoso por una tragedia en la que murieron 21 jubilados franceses de los 141 que subieron al catamarán L´Oca para dar una vuelta por el famoso lago de Banyoles (Se hundió por sobrepeso, llegaron a subirse 61 pasajeros más de los permitidos). Recorremos el lago en coche, a 30 kms por hora, bordeando la orilla y viendo a decenas de familias con niños en bici, caminando o en patinete. Es la Diada y es un día de celebración mayor en toda Cataluña. La ruta en torno al Estany es circular y de 7 kms. La ciudad de Banyoles gira en torno a este espacio de agua y de ocio en contacto con la naturaleza. Paramos junto a la Iglesia de Santa María de Porqueres del s.XIII, a orillas del lago pero fue casi imposible aparcar. Mucha gente, demasiada…
Teníamos que recuperar la tranquilidad de los días previos y después de ver el famoso lago de Banyoles, no nos quedaron ganas de meternos en el centro de la ciudad, seguimos ruta hacia la Garrotxa, hacia la montaña, alejándonos ya definitivamente de la Costa Brava. Tranquilidad soñada, y recuperada en el siguiente pueblo: Santa Pau. Otro pueblo medieval, ubicado al sureste del Llano de Olot, en pleno Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa.
A Besalú entramos por un puente, aquí en Santa Pau, bajamos paseando hasta un barranco para subir por unos escalones hasta la parte alta del pueblo. Tierra negra, volcánica, de hecho Santa Pau cuenta con 13 volcanes, ni más ni menos. La escalada merece la pena, aparecer en la plaza Mayor de trazo irregular y porticada es de otra galaxia. Esta plaza emblemática e inolvidable se dispone alrededor de un castillo enorme, compacto y robusto que se eleva en el punto más alto del pueblo, es el Castillo de la Baronía, del s. XIII. También ondean las banderas independentistas, faltaría plus…
A diferencia de Besalú y Banyoles, apenas hay gente aquí, disfrutamos de nuestro paseo tranquilamente. Para ver el pueblo desde la mejor perspectiva, hay que salir de la plaza, cruzar el puente y llegar al mirador, de la plaza del mirador (no se han comido mucho la cabeza). Tomar un vermut con estas vistas, significa congratularte con la vida, con esos momentos únicos e irrepetibles que suceden de vez en cuando y cuando menos te lo esperas. Santa Pau nos sorprendió gratamente, como diría mi amiga Pura.
A poca distancia, otra maravilla nos esperaba en lo alto de un espectacular risco basáltico de 50 metros : Castellfollit de la Roca. Hay que verlo para creerlo. Aunque también es cierto que la mejor perspectiva para contemplar esta maravilla es desde el exterior, porque si accedes al pueblo por su entrada natural, no deja de de ser un pueblo más con su calle Mayor, sin castillos ni grandes edificaciones. La calle principal, que se extiende casi 1 km, desemboca en la antigua Iglesia de San Salvador con un mirador con vistas privilegiadas. Lo que impacta es su ubicación, algunas de las viviendas parece que flotan literalmente en el aire: Castellfollit de la Roca, el pueblo de Girona construido sobre los restos de un volcán.
Conforme íbamos subiendo en altura, bajaba la temperatura. A la hora de comer llegamos a Camprodon. Un pueblo que nos habían recomendado por varias vías. Antes de llegar vimos la fábrica de las famosas galletas Birba. Digo famosas porque un cliente de Masía Aitona nos trajo una caja y las probamos. Nos dijo que era una marca centenaria y con mucha fama en Cataluña. Montaña, Pirineos, lejos, muy lejos quedaban las calas de Begur.
Antes de adentrarnos en el pueblo, paramos en un parque con lago a la entrada, a mano derecha. Estaba lleno de gente celebrando un día de campo, con sus mantelitos de cuadros y tapers de comida. Elegimos banco frente al lago, rodeados de césped y fondo sonoro de patos poniéndose las botas con todo lo que les echaba el personal. El momento pic- nic campestre nos gusta especialmente y a Tuca y Lola más aún. Hierba o arena de playa, los lugares donde mejor se lo pasan jugando a pelearse, como buenas hermanas.
Y después del banquete campero y a falta de termo de café (eso lo dejamos para los campistas profesionales), nos sumergimos en este pueblo de tejados de pizarra negra, muros de piedra gris y muchos detalles modernistas en las fachadas. Seguro que Isaac Albéniz, pianista y compositor lo tuvo fácil para inspirarse en esta villa que lo vio nacer. La arteria de Camprodon es el río que cruza bajo el Pont Nou, emblema de la ciudad. Construido a finales del s.XII, es un puente medieval espectacular, con una puerta de entrada a la comarca vecina de la Cerdanya.
Si gusta el arte románico, Camprodon ofrece varios ejemplares: el Monasterio de Sant Pere, de mediados del s.XII, la Iglesia de Santa María, de estilo gótico del s XIV, la capilla del Roure, ubicada a la salida del pueblo, y el convento del Carme, situado en la Vila de Baix.
Para coronar la visita y despedirse con un sabor dulce, que no agridulce, recomendable la pastelería de “Toda la vida”, llamada Pastisseria Pujol. Los astros no se conjuraron, y mi querido laminero se quedó sin catar las delicias de un escaparate que decía “cómeme”. Cerrada a cal y canto la passtisseria, habían vendido todo el género de la Diada por la mañana….
El siguiente pueblo de nuestra ruta, Sant Joan de les Abadesses, también cuenta con un puente de estilo románico y un solo arco. No paramos mucho tiempo pero sí el suficiente para contemplar un templo románico excepcional. El primer monasterio femenino de Cataluña, fundado en el año 887, por Wifredo el Velloso. La primera abadesa fue su hija, Emma de Barcelona, quien junto a una comunidad de monjas benedictinas, lograron mantenerse hasta el año 1017, cuando las expulsaron por llevar una vida poco ejemplar. (¿qué harían las pobres monjas?). En el interior de la Iglesia monacal destaca el Santísimo Misterio, el único descendimiento románico conservado “in situ” en Cataluña.
Monasterio de Sant Joan de les Abadesses | Patrimonio Cultural. Generalitat de Cataluña.
En la penúltima escala de nuestra ruta, sí paramos más tiempo en Ripoll, la cuna de Cataluña y capital de la comarca de El Ripollès. Aquí también aparece como su fundador, el mismo rey Wilfredo el Velloso, fundador de la nación catalana, que a su vez, fundó la primera Iglesia en el año 879. Antes de llegar a Ripoll, el entorno nos recordó al valle de Ermua en el País Vasco. Y sí, no es casualidad, esta comarca también se ha forjado y ha vivido gracias a la industria metalúrgica (forja, clavos, armas y fundiciones de arena), pasando después a la industria textil, en el s.XIX, aprovechando las aguas del río Ter. Este pasado industrial tan pródigo quizás explica por qué el anarquismo arraigó con mucha fuerza aquí, consolidándose un potentísimo sindicato de la CNT en las primeras décadas del s.XX.
Aparcamos justo al lado de la plaza principal de RIpoll dónde destaca la fachada del Monasterio de Santa María de Ripoll. Sólo por ver la portada románica del Monasterio, merece la pena venir hasta esta localidad. ¡Es increíble! No pudimos verla en todo su esplendor ya que estaba cerrado el acceso y la tuvimos que ver detrás de un cristal pero, aún y todo, muy recomendable. Se observan pasajes de la Biblia pero también un calendario “agrícola” en el que se pueden ver las distintas labores del campo, según la época del año. No tuvimos la suerte de ver el claustro del Monasterio, pero dejo video para verlo aunque sea de forma virtual: El monasterio de Santa Maria de Ripoll – YouTube
Lo dicho, Ripoll bien vale un Monasterio románico. Paseamos por el centro que gira en torno al Monasterio, hasta alcanzar la Plaza del Ayuntamiento, la calle Sant Pere, eje comercial de la ciudad, y acabar en la Plaza de la Libertad y en la de Sant Eudald, donde parece que está enterrado el patrono de Ripoll. Otro edificio que destaca es la antigua Fragua “Palau”, fundada como fragua de hierro en el s.XVII, y con actividad durante cinco siglos, hasta que cerró en el año 1978. (Única en su especie en la que se seguía elaborando piezas de cobre hasta bien entado el siglo XX). Hoy en día es la sede del museo de la Ciencia y la Técnica de Cataluña.
Y así, poco a poco, fuimos cerrando el día intenso de turisteo. Nos quedaba llegar a la última etapa, un pueblo de montaña, llamado Ribes de Freser, por el río que lo atraviesa. A 912 metros de altitud, en un valle rodeado de las cumbres Pirenaicas. Si por algo es famoso este pueblo es por el tren cremallera que arranca aquí y atraviesa el Valle de Nuria. No teníamos tiempo de cogerlo, una pena… Sí que después de dejar las maletas en el hotel “Los cazadores”, dimos un buen paseo flanqueando las dos orillas del río que cruza el pueblo de cabo a rabo. Este hotel de montaña tiene un secreto en la última planta, un jacuzzi climatizado al aire libre, con vistas a las montañas que rodean el pueblo. Tampoco vivimos la experiencia, nos dio pereza, pero bueno es saberlo para otra ocasión. No había muchas opciones para cenar, se nota que por estos lares están más afrancesados y lo de cenar tarde como que no… Poca, mejor dicho, casi nula vida nocturna. Acabamos cenando en la terraza de otro hotel, donde pudimos acomodarnos con Tuca y Lola. Cena caliente, tranquilidad y paseo de sobremesa, no pudimos elegir mejor fórmula antes de irnos a dormir.
Jueves 12: Puigcerdá – Genat (Francia)
El periplo Gerundense llegaba a su fin. Casi una hora nos costó llegar a Puigcerdá, en la frontera con Francia. La ruta de montaña nos gustó, atravesando pueblos de la Cerdanya diseminados por ambos lados de la carretera. Nunca habíamos llegado a Francia por los Pirineos orientales y nos sorprendió la capital de la comarca por su tamaño, ambiente y una mezcla de ciudad romántica del s.XIX y ciudad nórdica, con ese lago artificial con cisnes y patos que recibe al viajero en la parte alta de la ciudad. Antes de perdernos por las calles de
Puigcerdá, nos tomamos un café caliente en la Plaza de Santa María, inconfundible por la famosa Torre del Campanario de la antigua Iglesia, destruida durante la Guerra Civil.
Desde allí parten, en paralelo, las dos calles principales, la calle Mayor, y la calle España, con muchas tiendas (hasta 250 establecimientos comerciales tiene Puigcerdá). Nos paseamos tranquilamente sin caer en la tentación que amenazaba a cada paso. Uno de los lugares a no perderse, además del lago, es el Mirador de Puigcerdá . Las vistas sobre el entorno y las cumbres pirenaicas son increíbles. Este mirador se encuentra en la Plaza del Ayuntamiento y es un imprescindible sin duda.
Dejamos el lago para el final de la visita. De ensueño, de cuento de hadas, Mary Poppins puede aparecer en cualquier momento. Rodeado por el Parque Schierbeck y de mansiones de finales del s XIX, el “Lago de los cisnes” catalán es una joyita que cuenta con un embarcadero y un palomar. En invierno se congela y en verano es navegable con barcas de remos. Patos, cisnes y peces habitan este “Estany” tan idílico. Dimos toda la vuelta paseando tranquilamente, mientras Tuca y Lola desafiaban y ladraban de vez en cuando a los patos que no hacían ni caso, su objetivo prioritario era otro, comer las migas de pan que les echaban desde la orilla unos abuelos. Bucólica estampa que nos mantuvo embelesados un buen rato.
Teníamos que cruzar al otro lado de la frontera, era la hora de comer y había quedado con mi madre a las cinco de la tarde, en la estación de trenes de Foix, a pocos kilómetros de Genat, un pueblo perdido de la mano de Dios, donde un buen día decidió retirarse de los tórridos veranos que asolan Europa con el cambio climático. A 1000 metros de altitud, en una aldea de medio centenar de habitantes, llegar hasta la cumbre ya es una Odisea, la carretera se las trae… pero bueno….. ¿Qué le vamos a hacer?. En el camino hacia Foix, paramos en una ciudad balneario que se llama Ax-les-termes. Nada menos que 63 fuentes termales tiene este pueblo del departamento de Ariège. Paseando por el centro, nos paramos en uno de los pediluvios, y probamos en los pies la temperatura de las aguas que emanan desde tiempos de los romanos. Termalismo low cost en la misma calle…
Para tratamientos del reúma y otros problemas respiratorios, Ax-Les-Termes cuenta con 3 balnearios. Los Baños más famosos son los de Couloubret, en un ambiente que recuerda a la Antigua Roma. A escalar montañas no, pero una semanita aquí no le haría ascos, la verdad.
Llegamos finalmente a recoger a mi madre con una hora de antelación. Foix es otra bonita ciudad con un castillo imponente. Antes de aparcar en el centro, paramos a hacer unas compras en una zona comercial de las afueras y al salir tuvimos espectáculo en vivo y en directo. De repente, en el coche que estaba aparcado junto al nuestro, se empotró un coche de la policía y del coche salieron corriendo dos tipos. Fue un visto y no visto. La poli no pudo hacer nada, iban a capturarles pero se escaparon. ¡Cómo está la France!!!
No dábamos crédito a lo sucedido delante de nuestras narices. La mujer policía registró el coche y puso cara de circunstancias, no era su mejor día. Con el susto en el cuerpo, fuimos al centro de Foix a pasear por su centro medieval, dominado por la presencia de las 3 Torres del castillo de los Condes de Foix. Inexpugnable, colosal, es una fortaleza de película en cinemascope. Foix (video-resumen) – YouTube
Y así acababa nuestro viaje por Girona, tomando una cerveza viendo el Castillo de Foix y recordando todos los rincones vistos con ojos humanos y perrunos.
PD: La capital, merece capítulo aparte, no un post data. Tantas veces visitada pero nunca contada. Girona capital es una de mis capitales de provincia preferida. En mi ranking personal no baja de la tercera posición. De pequeño tamaño, habitable, verde y con muchos rincones que no salen en las postales. Girona se deja descubrir poco a poco.
Cruzar el río Oñar por el Puente de las Pescaderías Viejas, también conocido como Puente Eiffel y deleitarse la vista con las casas con fachadas de colores sobre el río, es lo primero que apetece hacer. Después, si seguimos el paseo por la Rambla de la Libertad y volvemos a cruzar el río, lo hacemos, pero por el Puente de Piedra. Ya entramos en el centro histórico y seguimos caminando hacia el Ayuntamiento y las escalinatas de la calle Pujada de Sant Domènec, rodeada por el Palacio Renacentista de Calemany, el Palacio de los Agullana y al fondo la Iglesia barroco-neoclásica de Sant Marti Sacosta. En estas escalinatas se rodaron varias escenas de la película “El Perfume”.
Se abre ante nosotros la antigua judería de Girona, una de las mejor conservadas del mundo (con permiso de Toledo). Se la conoce como Call. Para conocer la historia de esta comunidad, se puede visitar el Museo de Historia de los Judíos, ubicado en la antigua sinagoga.
La fachada de la Catedral de Santa María ¿te suena? Si eres un seguidor de la Madre de Dragones, estás delante de uno de los escenarios elegidos en la serie Juego de Tronos. Subir los 90 escalones de estilo barroco para acceder a la Catedral con la nave gótica más ancha del mundo, merece la pena, aún perdiendo casi, casi la respiración. Otro de los templos a visitar, es la Iglesia de Sant Feliu, la primera Catedral de Girona, hasta el s.X. Destaca por su alto campanario, su fachada barroca y los 8 sarcófagos paganos y paleocristianos de su interior.