Contra viento y marea, Fuerteventura



Fuerteventura, contra viento y marea
Del 9 al 17 de Noviembre 2024

1600 kilómetros cuadrados de isla, la más árida y antigua del archipiélago canario. La isla más cercana al continente africano, recuerda en todo en momento, a quien la visita, que sus playas infinitas, sus volcanes, sus acantilados, barrancos y piscinas naturales idílicas no tienen dueño, en cualquier momento del viaje iniciático por la Isla del destierro de Miguel Unamuno, acecha  la miseria humana. El hambre, las pateras son una realidad que está ahí, y en Fuerteventura salvan vidas día sí, día no. La Cara B de un turismo europeo que busca en la isla Majorera sus 25 grados de media en cualquier época del año. Naturaleza en estado bruto, Fuerteventura, contra viento y marea…

Sábado 9: víspera en Valencia 
Apenas diez días después de la catástrofe natural más terrible de la Comunidad Valenciana, con más de 220 fallecidos por la terrible Dana que asoló varias poblaciones de L´Horta Sur, desde Utiel hasta la Albufera, no teníamos claro si podíamos arriesgarnos a salir de casa hacia el aeropuerto el mismo día de la salida del vuelo, o ser precavidos y dormir al lado del aeropuerto. Pudo la prudencia y nos alojamos en un hotel de la cadena inglesa Travel lodge que recomiendo: asepsia a buen precio. Un ibis a la inglesa sin lujos pero cómodo. Ya probamos uno en Dublín, y este de Manises está a 5 minutos del aeropuerto.

En la autopista tuvimos una pequeña retención y nos reafirmamos en nuestra decisión. Cuando llegamos a Manises, el único pero de este hotel es la falta de aparcamiento gratis cercano al hotel. Disponen de parking privado, la noche por 9 euros creo recordar tampoco es nada exagerado. Está bien ubicado con muchas opciones para cenar en los alrededores. Seguimos las valoraciones de Google y optamos por un local que se llama Burger Soho. No es un burger al uso, yo probé una con pan tipo croissant y la verdad es que me gustó pero no precisamente por el tipo de pan, sino por la carne, 100% vacuno. Ya estábamos más cercanos a nuestro destino (no lo teníamos tan claro después de los últimos días de pesadilla).

Domingo 10: vuelo a Lanzarote – Arrieta –Mirador del Río – Haría – Puerto del Carmen – Playa Honda
El garaje del hotel era un campamento de 4×4 de todos los tamaños, llenos de barro. Voluntarios venidos de Andalucía, de Castilla, de muchos lugares a ayudar a los damnificados por la DANA. Emociona y mucho ver la solidaridad de la gente. “Sólo el pueblo salva el pueblo” un mantra que se repetía desde la tarde del 29 de octubre de 2024 que ningún valenciano olvidará mientras viva. Riadas de gente a diario cruzando el puente de Paiporta para venir a ayudar a sus vecinos que lo han perdido todo. Nosotros huyendo, saliendo de vacaciones y otros viniendo a ayudar. Con mal sabor de boca y la conciencia intranquila cogimos el coche para ir al aeropuerto. Allí, a las 10, volvimos a contar con el servicio de Lavacolla, y un chico indio muy majo vino puntualmente a llevarse el coche para guardarlo durante nuestras vacaciones en el parking cubierto que tienen cerca del aeropuerto. Desde hace años confiamos en esta empresa, dejo enlace: Parking en aeropuerto de Madrid, Sevilla y Valencia | Lavacolla (además han retomado una costumbre que se agradece, te devuelven el coche lavado por dentro y por fuera).

Embarcamos a la hora anunciada. Habían previsto un vuelo movidito por la niebla pero al final no hubo ni un movimiento extraño. Lo que sí nos estremeció  al despegar, fue  ver desde el cielo como la Albufera se había multiplicado por 10, con kilómetros y kilómetros de tierra anegada por el agua. Un lodazal de medidas colosales.

27 grados de sol y un aire tropical nos dieron la bienvenida cuando tocamos tierra en Lanzarote. Esta isla que me había embrujado para lo bueno y para lo malo en el pasado, volvía a recibirme con los brazos abiertos. ¡Qué luz, qué magia y que buena vibra! Lanzarote tiene como dicen los franceses ese “je ne sais quoi” que te atrapa desde que llegas hasta que te alejas para no volver… a decir que no volverás.

Otra empresa que recomiendo para alquilar un coche, por lo menos en Canarias, (no sé si están en otros lugares), es “Pluscar”. Precios imbatibles, personal súper amable y sin trampas. Dejas el mismo combustible que te encontraste, no te piden que empeñes tus bienes como depósito ni te hacen firmar seguros con letra pequeña. Lo que sí te avisan es que no se hacen cargo de los daños que se hagan al coche en los bajos por ir por pistas de tierra intransitables (en la playa de Cofete, entendimos el por qué). Había solicitado un turismo pequeño y nos alquilaron, por el mismo precio, un Wolkswagen Polo recién salidito del horno.

Hora de comer, y de comer bien. Teníamos varias horas hasta el día siguiente para volver a recorrer la isla, o gran parte de ella, y recordar nuestras maravillosas vacaciones junto a Marian y David que nos alojaron cuando vivían aquí. Recordé por un momento uno de los restaurantes con vistas al mar (aunque fueron varios) que estaba en Arrieta, al noreste de la isla, muy cerca de los Jameos del agua. Ya era un poco tarde y para no aventurarnos, les llamamos y nos confirmaron que había 2 restaurantes a los que solían ir en Arrieta, y no estaban seguros a cuál de ellos nos habían llevado. El Amanecer ó el Charco. Cuando conseguimos aparcar en Arrieta, lleno de gente un domingo a la hora de comer, primero preguntamos en el Amanecer. Había que esperar media hora y así lo hicimos. A mí me sonaba mucho pero el local estaba completamente reformado. Cuando por fin entramos y empezamos a deleitarnos con la comida, entendimos el éxito del restaurante. Croquetas de pulpo y una parrillada de pescados y mariscos variados con papas arrugás y su mojo picón que nos hicieron clamar al cielo. ¡Qué fresco y rico estaba todo! En Lanzarote tienen buenos vinos, la bodega más famosa es la del Grifo, que por cierto es una de las diez bodegas más antiguas de España, fundada en 1775. Pedimos un blanco de esta bodega pero no tenían y nos ofrecieron otro blanco (que no apunté) que también nos supo a gloria. Para rematar pedimos un postre casero para compartir. ¡Ojo al dato! Este postre canario es un imprescindible que hay que probar sí o sí. Se  trata del “bienmesabe” acompañado de helado o flan. Una pasta untuosa de almendras con almíbar, yemas, piel de limón, canela, bizcochos o mantequilla y a veces con un chorrito de malvasía dulce, un vino típico de las islas. Es un pecado venial, que hay que probar aunque sea una vez.

Este restaurante no es económico, pero merece la pena gastarse unos 50 euros por comensal.
Dejo el enlace para los que quieran comer sobre todo buen pescado: Restaurante Amanecer (Arrieta) | Ocio Lanzarote. No admiten reservas, mejor ir pronto, si no, hay que esperar mínimo media hora, sin excepciones, ni aunque se presente el mismísimo Felipe González que tuvo que hacer cola como un paisano más. Ah! Y lo mejor, el servicio, rápido, profesional y súper amables. Al salir del restaurante, fuimos paseando hasta una especie de malecón dónde se ubica el otro restaurante, el Charco. Al ver la terraza acristalada frente al mar, dudé otra vez. Ya no estaba tan segura de si habíamos comido allí con Marian y David, o en el otro. Fuera donde fuera, comimos muy bien y agradecimos el paseo, respirando el agua yodada del mar.

Y allí estaba, nos la encontramos de nuevo, la Casa China, ó la Juanita. Una casa con tejado de pagoda oriental que parece sacada de un comic de Tintin. Fue propiedad de un Indiano de Haría, Juan de León Perdomo, que la mandó construir en 1916 como balneario de reposo para su hija enferma. La verdad es que contrasta mucho por sus colores pero no pudo elegir mejor ubicación.

Nos quedaban aún unas horas de luz otoñal y nos dirigimos hasta el Mirador del río. Mala suerte tuvimos, a la entrada nos echaron para atrás, horario de cierre: 16:45. Un horario de lo más irracional ¿no?. Luego entendí que en realidad el horario es de 10 a 5 pero la última entrada es hasta las 16:40 y nosotros llegamos a las 16:50. Falta de previsión..

En fin que no nos quedó otra que echar para atrás y quedarnos sin las maravillosas vistas sobre la isla de la Graciosa que está en frente. Teníamos buen recuerdo de este mirador pero no pudo ser…Mirador del Río – CACT Lanzarote.

Desde ahí seguimos avanzando por el interior y cruzamos el “Palmeral” de Lanzarote., el pueblo de Haría, la capital del norte Lanzaroteño. Un valle de palmeras, un pueblo extenso de casas encaladas y cactus de todos los tamaños y tipologías. Es un auténtico oasis en la isla lunar. Lo que no sabía es que conservan la última residencia de Carlos Manrique, yo pensaba que había vivido siempre hasta su fatídico accidente en su casa-fundación de Teguise.

Atardecer, cruzando las carreteras de una isla que en su día nos hechizó y seguía haciéndolo con su ejército y coro de cantos de sirenas. La isla del genio Manrique nos volvió a embaucar. Acabamos el día atravesando El Puerto del Carmen y ya de noche en Playa Honda, donde teníamos reserva en un B&B llamado Magma Rooms. Cuando llegamos no contestaba nadie y sin embargo, veíamos luces en las ventanas. Pregunté a un vecino y me dijo que era raro, porque los dueños siempre estaban. Al final después de un par de llamadas, la dueña nos explicó cómo podíamos acceder al cajetín de las llaves (me había enviado un wasap pero yo tenía el móvil muerto, sin batería). Desde aquí recomiendo este B&B para dormir en un sitio cerca del aeropuerto, con habitaciones amplias, cómodas y limpias. La dueña un encanto y las zonas comunes muy bien decoradas, con gusto: MAGMA Rooms | Alojamiento en Playa Honda. PD: los guiris que estaban alojados en otras habitaciones podrían haber por lo menos contestado cuando llamamos a la puerta, en fin….

Lunes 11: En Ferry a Fuerteventura – Puerto del Rosario (barrio del Charco) –Caleta de Fuste – Salinas del Carmen – Pozo Negro
Para coger el ferry que nos llevaría a Fuerteventura, teníamos que conducir más o menos media hora hasta la punta suroeste de la isla, hasta Playa Blanca. Desayunamos en la terraza del B&B, rodeados de cactus tamaño XXL, una pequeña piscina y sin ruido de aviones que en ese momento no pasaban por encima de Playa Honda. Hay que vivir cerca de un aeropuerto con mucho tránsito, me imagino que la gente acaba acostumbrándose pero tela….

Cruzamos la cara Oeste de la isla (en mis 2 viajes previos a la isla nunca llegué hasta Playa Blanca). Una vez más la magia de la isla volcánica nos acompañó durante todo el trayecto, a diestra y siniestra, lava, cactus y mar azul de fondo.

Si Canarias es reducto alemán, en Playa blanca los británicos tienen sus locales de English breakfast y sus pintas de Guiness y de cerveza Ale a precios de risa, con sol incluido. Mientras nos tomamos un café, antes de embarcar y después de haber dado un paso por el puerto, una pareja y su hijo autista se zampaban impávidos unos huevos, con salchichas y beans que nada tenían que envidiar a los desayunos de Charing Cross o de Notting hill. Y encima, por 6 euros cada uno, a 25 grados y el solete en la face. ¿Pero cómo no van a venir por cientos y a millares?

En poco más de media hora llegamos a Corralejo. Nada que ver con las travesías tempestuosas que me tocó vivir entre Ibiza y Formentera, aquí ni nos enteramos. Lo primero que acordamos es que en Fuerteventura no habían tenido la suerte de tener un César Manrique que regulara y cuidara el patrimonio arquitectónico. Fuerteventura es otra dimensión estética. Pero tampoco había que anticiparse viendo sólo las primeras edificaciones de Corralejo, cada una de su madre y de su padre, sin orden ni concierto, un quítate tú pà ponerme yo. Al menos mantenían 2 o 3 alturas como máximo, pero de cualquier color, sin ninguna armonía.

Pasamos por Corralejo sin parar (nos tocaba otro día) y fuimos directamente a la capital de la isla: Puerto del Rosario. Tenía referencias sobre un barrio popular llamado el Charco. Allí que nos plantamos en un laberinto de calles que desembocaban en el mar, un barrio con personalidad. (qué bonito y eufemístico es el vocabulario). Nos recordó al Grao de Castellón, una mezcla de barrio pesquero con personajes peculiares como los que nos encontramos en nuestro paseo. Pusimos el oído como verdaderas alcahuetas: “Tío, que mi madre me llamó gritando, que dónde estás, que tu primo está en el calabozo” , primer contacto con la gente del charco. Miento, el primer contacto fue con un vecino que nos recomendó un restaurante para comer buen pescado: “EL cangrejo colorao”. Lo encontramos, reservamos mesa y nos fuimos de nuevo a perdernos por las calles del barrio. Han renovado un paseo marítimo que desemboca en el gran puerto de la ciudad. Hasta allí llegamos siguiendo la estela de varias esculturas que nos llamaron la atención. Hay más de 100, puro arte al aire libre. Estas obras son el resultado de varios simposios internacionales de escultura que se han celebrado desde el 2001 y han dejado esta herencia en calles, parques y rotondas de la ciudad. Me gustaron varias, pero sobre todo la del Pescador de Viejas, la del Homenaje a la Luna, que recrea el esqueleto de una ballena y la de las Caracolas. Parque Escultórico Puerto del Rosario | Fuerteventura

Hicimos hambre con nuestro paseo y el sentarnos en una mesa frente al mar y empezar a ver y probar cosas ricas en los platos, nos hizo reconciliarnos de nuevo con la humanidad. El cangrejo colorau es un restaurante especializado en cocina de pescado fresco. Volvimos a pedir una parrillada de pescados con papas arrugás y sus salsas de mojo picón y cilantro. Exquisito todo!.  Chicharros, samas, bocinegros, brecas, sargos… la lista de pescados desconocidos para nosotros era larga. No sé si en la parrillada degustamos alguno sin saberlo, lo que sé es que nos chupamos los dedos enteritos.

Puerto del Rosario es una amalgama de casas de diferentes alturas y colores volcadas al mar. No tiene nada de especial, (la antigua capital que veríamos más adelante, Betancuría, es mucho más bonita e interesante), pero bueno, un paseo por el centro donde está la Iglesia y la Casa museo del escritor proscrito en la isla, Miguel de Unamuno, merece la pena, aunque sea un paseo breve. La casa donde se refugió el autor cuando fue desterrado por Primo de Rivera, es de entrada gratuita, pero ojo al dato, cierra los sábados, domingos y festivos. (un poco raro para un museo no?). Vivienda típica majorera, con su patio interior y con objetos que no todo el mundo se podía permitir, como un fonógrafo o una máquina de escribir. Me gustó mucho la figura de Unamuno que destaca en la entrada, me acordé al verle, de la película que protagoniza Karra Errejalde, “Mientras dure la guerra”, en la que da vida a Unamuno y una de sus míticas frases: «Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis.

Más hacia el sur, bordeando el litoral Este, salimos de Puerto del Rosario en dirección a Caleta de Fuste donde teníamos reservado el apartamento para nuestra estancia en la isla. Antes de buscarlo, recorrimos en coche esta mega urbanización de casas y hoteles buscando el Castillo. Vueltas y más vueltas sin encontrarlo. Es difícil no encontrar un castillo pero cuando días después encontramos el puñetero Castillo, entendimos el eufemismo. Era nuestro primer día en la isla y tampoco era cuestión de desanimarnos con la búsqueda del castillo perdido.

Seguimos hacia el sur más aún, hasta las Salinas del Carmen. Son las únicas salinas que siguen en funcionamiento. El espacio que ocupan los diez cocederos  y los casi mil tajos (pocetas dónde se obtiene la sal por evaporación del agua del mar) es inmenso. En el Museo de la Sal que también forma parte del recinto, se explica detalladamente cómo el desarrollo de las Islas Canarias no se puede entender sin la sal. Estas salinas tienen un valor añadido. Mientras en otras salinas el agua se bombea o se deja pasar por canales, aquí se hace a través del Saltadero. El viento lanza las olas contra las rocas y a causa del impacto se forma la espuma que es donde más sal se acumula. Ésta es la razón de la altísima calidad de esta sal.
Es un espectáculo visual. No encontramos el dichoso castillo de Fuste pero sí un paisaje salino alucinante.

Hasta Pozo Negro quería llegar antes de que oscureciera. Una playa solitaria, volcánica y salvaje. Para llegar hasta este rincón perdido del mundo, se atraviesa un valle inhóspito, con corrales de piedra diseminados (llamados gambuesas), aljibes y pozos de agua. Apenas se ven turistas, cuatro parroquianos y dos bares a pie de mar, con dos cisnes gigantes de plástico en el exterior que le dan un toque exótico a este lugar. No sé si el nombre de Pozo negro le viene por la negrura de la arena de su playa pero es un rincón de la isla para perderse y alejarse de las masas. Nos tomamos una tónica en una terraza viendo la espuma blanca de las olas que contrastaba con la superficie de arena negra. Me recordó a las Negras en Cabo de Gata.
Relax total…

Ya era la hora de recoger las llaves de nuestro apartamento. Volvimos por la misma carretera hasta Cala de Fuste, a dónde volveríamos a buscar el Castillo invisible. A escasos 5 minutos, siguiendo la carretera hacia el aeropuerto, giramos a la derecha y entramos en Costa de Antigua, otra zona de urbanizaciones a orilla del mar. (Esta cercanía al mar no garantiza en Fuerteventura el acceso a playas de arena fina, gran parte del litoral es rocoso y sin acceso a zona de baño). Habíamos quedado con una chica inglesa que se encarga de limpiar y recibir a los huéspedes del apartamento que alquilamos por AIRBNB: Perfil del anfitrión – Airbnb.

¿Recomendable? Para 2 personas sí, suficiente. La urbanización es tranquila, cuenta con piscina (sólo me bañé yo, a pesar de la media de 25 grados en noviembre). Un poco chivatas las terrazas que dan a un pasillo ajardinado central y si sales a cenar o a desayunar  fuera, puedes invitar directamente al vecino de enfrente o al de al lado. No quiero imaginar en temporada alta, en verano, lo que será ese corral de la Pacheca.

Martes 12: Valle de Santa Inés – Mirador de Guise y Ayose – Betancuria – Vega de Río Palmas – Pájara – Ajuy – Mirador de Playa de la Pared – Costa Calma – Gran Tarajal – Faro de Entellada
No hay nada como dormir bien para levantarse con el motor a 100. La Ruta del día tenía dos partes, primero por la zona central y más antigua de la isla y después de costa oeste a costa este sin llegar al sur completamente. Empezamos por el  Valle de Santa Inés, que en realidad es el nombre de un pueblo que está ubicado en terrazas escalonadas dentro de un valle. Sorprende la orografía del lugar y la aridez y sordidez del entorno. Tampoco acompañaba el cielo gris plomizo que nos tocó vivir durante la visita de este pueblo. Sabor agridulce.

Seguimos ascendiendo por una carretera sinuosa que nos llevó a un lugar emblemático de la isla: el Mirador de Guise y Ayose. En este punto se explica la historia ancestral de Fuerteventura. Desde el mirador las vistas son espectaculares. Lástima que el cielo gris seguía empañando el espectáculo visual sobre los Valles de Betancuría y de Santa Inés.
Antes de la conquista de la isla en el año 1402, Guise y Ayose eran los reyes de la isla. Gobernaban los reinos de Jandía y Maxorata, separados por un muro de defensa, que según parece estaba en el mismo lugar en el que se encuentra ahora mismo el mirador. Las figuras de 4 metros de altura imponen. Cuenta la leyenda que la envergadura de estos personajes era proporcional a la fuerza que tenían, capaces de matar a un perro con una mano, sin dejar de beber con la otra. Ante Jean de Béthencourt no les valió su fuerza prodigiosa, no les quedó más remedio que acatarlo como su rey y ser bautizados como Luis y Alfonso.

Pero…¿Quién era el tal Béthencourt, que dio nombre a la antigua capital de la Isla, Betancuria?. Fue nada más y nada menos que el primer conquistador de las Islas Canarias. Normando y a las órdenes de Enrique III de Castilla. Cerca de un siglo duró la conquista de las Afortunadas. Un poco largo ¿no?. Parece ser que hubo una fuerte resistencia por parte de los nativos, falta de medios económicos por parte de los conquistadores y escasa riqueza en los territorios conquistados, por lo que el afán conquistador disminuyó paulatinamente. Hubo dos fases, en la primera, Béthencourt se hizo con Lanzarote, Fuerteventura y el Hierro, y en la segunda fase, fueron los Reyes Católicos los que conquistaron Gran Canaria, La Palma y Tenerife.

Si tengo que elegir, yo diría que Betancuria es la localidad más bonita de la isla. Es el municipio menos poblado de la isla, ubicado en el Valle del Macizo de Betancuria, e incluido en la lista de los municipios más bonitos de España. Una joyita de casas blancas, balcones de madera, y bancales de piedra. De estilo colonial, todo el centro está muy cuidado. Cuando llegamos a media mañana, no había mucha gente. En la plaza de la Iglesia de Santa María había varios puestos de artesanía y un puesto que nos llamó la atención, con dulces y frutos secos canarios. El señor que lo atendía lucía el típico sombrero canario de ala corta. “Chachorro” lo llaman, porque los canarios prehispánicos se cubrían la cabeza con la piel de un animal pequeño, dejando la piel de los animales adultos para cubrirse el resto del cuerpo.

Betancuria está divido en dos partes por un pequeño barranco que pasa por en medio del pueblo. En la parte derecha está la Iglesia, la plaza y el pequeño centro histórico, en la otra parte en pendiente están las viviendas de los vecinos y un edificio importante que alberga el Museo Arqueológico de Fuerteventura. Totalmente mimetizado con el entorno, la estructura minimalista del edificio muestra los vestigios de los poblados aborígenes majoreros, los mahos. Cómo sobrevivieron durante más de dos mil años en una tierra árida y difícil. Interesante.

Otro punto de interés se encuentra a las afueras del pueblo. Se trata del Monasterio de San Buenaventura, o mejor dicho las ruinas del que fue el primer convento de la isla y del archipiélago. Convento Franciscano de Betancuria. No nos detuvimos mucho tiempo, pero sí el suficiente como para hacernos una idea de la importancia que debió tener en su día este recinto monacal.

Al siguiente pueblo, en dirección hacia la costa Oeste de la isla, llegamos sin saber muy bien a dónde dirigirnos. El pueblo de se llama Vega de Río Palmas, y parece ser que antiguamente los conquistadores normandos le dieron el nombre por la cantidad de Palmeras que presentaba el valle y los manantiales de agua que había. Al igual que en Betancuria el pueblo se divide por el barranco en dos zonas. La importancia de este municipio viene dada por la aparición y devoción a la Virgen de la Peña, patrona de la Isla. En su honor se construyó una ermita y cada tercer sábado de septiembre vienen en peregrinación los majoreros desde hace siglos.

Hay una zona curiosa en este pueblo llena de esculturas, al lado de un restaurante que parece un oasis, lleno de vegetación. Se llama Casa de la Naturaleza y aunque sólo sea por curiosear y pasear por su patio, merece la pena la parada. Un respiro verde en un paisaje árido, mires dónde mires. Muy cerca se encuentra otro pueblo bonito, se llama Pájara. A reventar de gente, no pudimos aparcar después de dar un par de vueltas por el centro. Imposible! . Nos dio pena porque el municipio de mayor extensión de la isla, vive del turismo y nos tuvimos que contentar viendo su centro desde el coche.

Seguimos hasta Ajuy, famoso por sus cuevas en las paredes rocosas que dan al mar. Azul intenso del mar, rompiendo olas blancas y espumosas sobre arena negra. Es un pueblo pequeño, marinero con unas decenas de casas que pelean por las mejores vistas al Atlántico. Llegamos a tiempo de comer en la terraza del Restaurante “La Jaula de Oro” en primera línea. Glamuroso no, pero comimos de 10. Probamos el queso majorero, cazón y una vez más, parrillada de pescado fresco que estaba riquísimo. Los camareros canarios, de cierta edad me recordaron a los camareros de Madrid, de esos que tienen una ocurrencia para cada comensal. A la pareja de franceses que estaba al lado, les preguntó si hablaban inglés o alemán y al reclamar su menú en francés, con toda su coña les trajo la pizarra gigante en perfecto francés del distrito XIV parisino. ¡Qué vistas y qué gustazo! No podíamos acabar sin probar el gofio canario en forma de mousse. ¡Buenísimo!. (no sabía que una harina tostada a partir del trigo o el millo (maíz), se podía usar también en postres). Allí nos hubiésemos quedado un buen rato ensimismados con las vistas pero tocaba pasear y digerir el banquete.

Las Cuevas de Ajuy son famosas, aparecen en todas las guías de Fuerteventura. Son las formaciones rocosas más antiguas de las islas Canarias. Su ubicación frente al mar les añade aún más belleza. Hay un camino marcado para pasear y viajar al mismo centro de la tierra. 1 km de distancia que dependiendo de la gente que haya, se tarda más o menos en recorrer. Merece la pena, disfrutar de las vistas, del mar, del antiguo horno de cal que se puede ver también desde un mirador y poder por fin llegar a unas escaleras de bajada a las cuevas. Ventanas naturales a un mar que se arremolina y no esconde su lado más salvaje. Dejo vídeo:
Cuevas de Ajuy , Pájara – Fuerteventura – 1080 HD – YouTube

Después del paseo, volvimos al coche y seguimos unos 20 kms hasta alcanzar el Mirador de playa de la Pared. Otro lugar de naturaleza brutal, entre dos playas, un mirador al océano. El mirador, como tal, es una explanada al abismo. No hay protección, es todo salvaje. Según nos cuenta un socorrista chileno, los atardeceres aquí son únicos, de los mejores de Fuerteventura. Vemos a muchos surferos, no son playas muy recomendables para el baño. Aún no hemos tenido la ocasión de ver esas playas de aguas color turquesa y en calma. De momento mar abierto, olas, rocas y aire marino. Nos despedimos del socorrista que seguía obnubilado con sus vistas. Como para recolocarle en una oficina…

Pasando al otro lado de la isla sí que nos encontramos como su nombre indica, con la Costa Calma. Es otra historia, urbanizaciones, hoteles, y playas de aguas tranquilas llenas de turistas nórdicos. Paramos en una clínica privada para que nos recetaran gotas para la otitis de mi Santo y la recepcionista nos dijo que el Doctor Hans estaba comiendo, que volviésemos en media hora (En Betancuria no nos quisieron dar la receta por no estar empadronados). A la pregunta de qué podíamos ver en Costa Calma, la respuesta fue categórica: NADA!. Hoteles y urbanizaciones, la zona no daba para más. No íbamos a perder el tiempo esperando al Doctor teutón y seguimos hacia otro pueblo: Gran Tarajal, bordeando la costa y remontando hacia el norte.

Pueblo grande sin guiris. Playa urbana enorme, de arena oscura. En el ambulatorio, en urgencias sí que nos atendieron y nos dieron por fin la receta. En la espera me dio mucha pena una chica que se quejaba mucho del dolor de estómago, como si tuviese apendicitis. Con las gotas por fin compradas en la farmacia, nos dimos una vuelta por el paseo marítimo. Nos llamó la atención la figura de una payasa, la Payasa Chanita. Parece ser que esta payasa simboliza el Festival  Internacional de Payasos que se celebra aquí, en Fuerteventura. No hay mucho más para ver, recorremos el paseo de cabo a rabo y salimos del pueblo rumbo a nuestro último destino del día: el Faro de la Entellada. El camino se las trae…. Está asfaltado pero es estrecho y sinuoso. Para más inri, estaba oscureciendo y llegamos al faro in extremis, cuando el ocaso del sol nos pisaba literalmente los talones. ¡¡¡Pero qué vistas y qué entorno!!! El miedo pasado en la carretera superado con creces ante el espectáculo del atardecer al abrigo del gran Faro de la Entellada. No hay palabras…. Mejor una imagen: Faro de la Entallada (Fuerteventura): carretera de acceso. Al volver vimos unas lucecitas y conforme nos fuimos acercando, vimos que eran dos mujeres senderistas con cascos luminosos. Les pregunté a ver si querían que les acercara pero me dieron las gracias y me dijeron que no hacía falta. Lo que no les faltaba era coraje, ¡Madonna Santa!. No pudimos acabar el día de mejor manera, el Faro de la Entallada y sus atardeceres se convierten en un “must” de Fuerteventura, por lo menos para mí.

Miércoles 13: Centro – Ruta de los molinos y molinas: Antigua –Tiscamanita – Tuineje – Valles de Ortega – Tindaya – Oliva

Molinos y molinas, allá donde vayas en Fuerteventura, y especialmente en el centro de la isla, estos monumentos rústicos son un símbolo majorero. Vimos varios, la versión femenina se distingue por tener más  aspas y por tener una sola base cuadrada, no dos o tres pisos como los molinos “machos”, muy similares a los manchegos. Se multiplican por la isla, y a mí me gusta fotografiarlos. No sé cuántas veces paré el coche para inmortalizarlos…

La primera parada del día la hicimos en Antigua, un pueblo que cuenta con el Museo del queso Majorero. A primera hora del día no nos apetecía entrar ya en un museo, optamos por dar una vuelta por el pueblo y tomarnos un café. El chico que no atendió tenía todo el antebrazo tatuado con la siguiente leyenda: “por los que amo me sacrificaré”. Mientras é se sacrificaba, una italiana iba dando voces a su móvil, de un lado a otro de la cafetería. Yo sí la hubiese sacrificado ahí mismo, sin piedad. ¡Qué tía más petarda!. Cuando acabamos, cruzamos la calle principal e hicimos unas compras en el súper Dino, la marca de supermercados emblemática de las islas Canarias. El museo lo dejamos para más tarde.

De Antigua, seguimos ruta hasta Tiscamanita (el nombrecito). Hay un centro de Interpretación de los molinos. La chica que nos recibió en la entrada del Museo, nos explicó que estaba en obras pero que si queríamos ver el interior de un molino, merecía la pena que fuésemos al Museo del queso (no había escapatoria, antes de que acabase el día iríamos, sí ó sí). También nos explicó lo que es el bofio y la importancia que ha tenido este trigo tostado en la isla, y en todo el archipiélago durante siglos. Nos recomienda ir a Tuineje, al siguiente pueblo y así lo hicimos. La plaza de Tuineje con su iglesia parroquial en honor a San Marcos, ocupan el centro histórico de este pueblo famoso por sus fiestas de San Miguel Arcángel y por el museo ubicado en la Casa de las Simonas. Merece la pena visitarlo y a poder ser que te atienda un chico majísimo que nos explicó todos los puntos de interés de la isla. En una casa típica majorera y a través de varias estancias de la casa, se muestra la historia de dos hechos que marcaron la vida de los habitantes de Fuerteventura: Las Batallas de El Cuchillete y Tamasite. Cuando los corsarios ingleses asaltaron al pueblo de Tuineje, y fueron derrotados con orgullo por las milicias de la isla y los vecinos de los pueblos de la zona. Trajes de época de los soldados británicos, maquetas de los barcos de los corsarios, etc… en siete salas y un patio muy bien restaurado. Una experiencia muy recomendable.
Centro de interpretación batallas de el Cuchillete y Tamasite – Museos Fuerteventura

Con el buen sabor de boca, volvimos a la carretera y volví a parar el coche para fotografiar los molinos de Valles de Ortega (molino y molina) y de Almácigo (molina). Según me informo el único molino de la isla aún activo es la Molina de la Asomada, en el término de Puerto del Rosario. Así como en la Mancha, en Consuegra o en Campo de Criptana vimos que los molinos están  agrupados, aquí en Formentera no, están aislados.

Hacia el Norte pasamos por otro pueblo llamado Alcogida, dónde hay un ecomuseo y antes de llegar a nuestro siguiente  destino: La Oliva, pasamos por delante de monte sagrado de Tindaya. Los antiguos aborígenes de Fuerteventura consideraban a Tindaya una montaña sagrada a la que se le atribuían propiedades mágicas. De hecho, se han encontrado más de 300 grabados con forma de pie, de gran valor arqueológico. 400 metros de altura que destacan sobre el paisaje llano y árido de Fuerteventura.

La Oliva es otro pueblo emblemático y bonito de la isla. Entre el monte sagrado y las dunas de Corralejo, este municipio fue capital de la isla entre 1836 y 1860. La Iglesia de la Candelaria, con su Torre-campanario de piedra se impone en el centro de una gran explanada. Casas señoriales que denotan un pasado de riqueza, basada en la agricultura y la ganadería especializada en la cría de cabras. Queríamos ver la Casa de los Coroneles, ubicada a las afueras de la Oliva. Una Casona del s. XVII, con majestuosos balcones de madera, torres almenadas y un precioso patio interior. Su nombre hace referencia al poder que tenían los coroneles en la isla de Fuerteventura, los cuales ostentaban el poder civil y militar de la isla, y llegaron incluso a nombrar o destituir cargos del cabildo insular, actuando por tanto como verdaderos terratenientes.

No teníamos muy claro dónde comer, por instinto seguimos hacia el norte, pasando por un pueblo llamado Villaverde con 3 molinos saludando al viajero desde lo alto de una colina. Al final nos decidimos por el “gastro-restaurante” (así se auto-denominan) San Marcos. Sitio agradable, tranquilo, muy de post de instagram, con comida rica pero dónde esté un buen pescado que se quiten las florituras, salsas y fideos de patata frita. Las croquetas “caseras” tenían código de barras, y así todo… Mucho ruido y pocas nueces. 4,8 con más de 1200 opiniones en Google, no es moco de pavo…. A ver si los raritos somos nosotros…

La Cueva del llano, era nuestra última parada del día pero parece ser que está cerrada temporalmente. Hay un centro de interpretación allí pero debido a desprendimientos y por seguridad está cerrado al público. Se trata de un tubo de lava de 650 metros que se formó en la prehistoria, hace más de 1 millón de años, a raíz de la erupción del volcán de la montaña de Escanfraga, el cono volcánico más alto de la isla.

A falta de cueva, volvimos sobre nuestros pasos para entrar en el Museo del queso que nos habían recomendado por la mañana, en Antigua. ¡Espectacular!, sólo por ver el jardín de cactus que tienen, merece la pena el desplazamiento. Divido en varias salas, en este Museo del queso majorero se explica el modo de su elaboración pero también el origen volcánico de la isla, su flora y fauna, la cabra majorera y los usos y costumbres de los pobladores de la isla. La joya de la corona está en el exterior, junto a un molino que sí se puede visitar por dentro. Un jardín de cactus con especies endémicas, exclusivas de la isla y cactus procedentes de otros lugares del mundo. A mí me fascinó este jardín, yo creo que hasta la fecha no había visto otro igual de cactus. (con permiso del que hay en Lanzarote): LA EXPERIENCIA – Museo del queso majorero

Salimos de allí tan obnubilados que nos fuimos directamente a un vivero cerca de Puerto del Rosario, a ver si encontraba semillas de suculentas y cactus para llevarnos un trocito de la isla a casa. El Garden Center, enorme, resultó ser un paraíso de las plantas pero sin semillas de cactus. Mi gozo en un pozo..

Y para coronar el día, el chico tan majo del museo de la Casa de las Simonas me resolvió el gran misterio del Castillo de Caleta de Fuste que fuimos incapaces de localizar el primer día en la isla. En realidad lo que queda del Castillo es una torre de vigilancia circular, “engullida” literalmente por el complejo hotelero del Barceló. Más que un hotel es un resort con hoteles, apartamentos, jardines, puerto deportivo, spa, restaurantes…. Dimos un paseo por la zona, y nos dejamos llevar, descubriendo una ciudad vacacional con Torre de vigilancia histórica incluida. Caso resuelto, ya podíamos dormir tranquilos.

Jueves 14: Playas del Sur
Tocaba madrugar un poco, teníamos una hora de coche hasta la estación de guaguas de Morro Jable, en la punta más al sur de la isla. Salimos a las 8:30 y llegamos justo a tiempo a las 9:45 para subir en una guagua especial con ruedas de camión, un 4×4 gigante para poder hacer el trayecto más salvaje de Fuerteventura. 20 plazas, entramos en las plazas 17 y 18, más justo imposible. Sólo hay dos servicios al día para atravesar el parque natural que lleva a la Playa de Cofete. El chófer avisa que el cambio de moneda es importante, pero suena a chiste vender un billete a 8,70 euros (sólo de ida, no te venden de ida y vuelta) a un precio en el que tienes que pagar céntimos de euro, redondea el precio y no tendrás problema de cambio… a no ser que directamente esperes la propina. Pero bueno, cosas del directo… Recorrer 12 kms cuesta una hora, al principio no está mal la pista de tierra pero a medida que empiezan las curvas y el ascenso, la pista se convierte en un camino abrupto no apto para cardiacos y enfermos de vértigo. ¿Merece la pena? Sí, la respuesta es contundente. Playa salvaje, no apta para el baño, kilométrica, bella, salvaje, una joya de la naturaleza. Tiene fama de ser una de las más peligrosas del país. Al llegar, la parada de la guagua en la playa se encuentra junto a un cementerio peculiar. Es un camposanto a pié de playa, con arena, piedras y sencillas cruces de madera. Allí descansan los restos de los colonos que vivieron en esta parte de la isla hasta el siglo XIX.

Teníamos dos horas largas para pasear por la playa y mojarnos los pies con la espuma blanca de las olas que rompían con fuerza. El paisaje impacta. Por un lado la muerte, sequía, volcán y abandono y por otro, un mar bravío, vital, pura energía. A lo lejos, en la ladera de la pared volcánica, vimos la famosa Casa del Alemán, “Villa Winter”, con una historia que haría las delicias de un guionista de Netflix. En una zona inhóspita, con túneles, búnkers y torre de vigilancia, la apacible casa de vacaciones de un ingeniero alemán, esconde un pasado cuanto menos misterioso. Cuenta la leyenda que el tal Winter tenía relación con jefes nazis de la época y que algunos de ellos utilizaron Villa Winter como refugio en su huida hacia Sudamérica. En todo caso, ahora la habita un tal Pedro cuya familia siempre tuvo una relación directa con el ingeniero alemán. La casa Winter – HipotesisHipotesis

Menos mal que el cielo estaba parcialmente cubierto, sin sombrilla ni chiringuito, la cosa se podía haber puesto fea. A la 1 salía la guagua de vuelta y en la cola nos pusimos un cuarto de hora antes. Todos los que habíamos venido, ahí estábamos para volver menos 2 personas. Muy osados, quedarse para volver en el último servicio de las 5 de la tarde sin plaza asegurada no? Allá películas!. Durante todo el trayecto de vuelta me quedé mirando al conductor, pensando en los trabajos tan chungos que hay por el mundo. A mitad de camino tuvo que parar porque a una conductora que venía por el lado contrario de la pista entró en pánico y no avanzaba. El chófer le decía que siguiera, otros le pitaban, ¡pobre mujer!. Con coche de alquiler, si no es un 4×4 yo me lo pensaría, los bajos acaban destrozados. Me acordé del chico que nos alquiló el coche y nos dijo que no se hacían cargo de los daños ocasionados (qué no habrán visto). Antes de llegar a la civilización, vimos a unas cabritillas que buscaban comida en vano, ni una brizna de hierba en las faldas de los montes áridos del Parque natural. Recomiendo la excursión, aunque el viaje sea un poco pesado. (140) PLAYA DE COFETE | FUERTEVENTURA | Islas Canarias 🏝️🏝️🏝️ – YouTube

Como las cabritillas fuimos a buscar un lugar dónde comer, ya eran pasadas las dos de la tarde y el hambre apretaba. Morro Jable es 100% turístico, hoteles, restaurantes petados y tiendas de “souvenirs” (palabro setentero en peligro de extinción). Nos costó un poco encontrar mesa libre pero al final lo logramos. Tiene buenas reseñas este restaurante llamado “Casa Menso” pero, más que por la comida que no es para echar cohetes, creo que el trato de los camareros es lo que le salva. Pedimos, por recomendación de uno de los camareros, el pescado fresco del día que tocaba: “Gallo moruno”. Nada que ver con el gallo de la península, mucha espina, poca sustancia y un sabor un poco basto. Las gambas y el calamar a la plancha, comestibles pero sin más. Los camareros que chapurrean todos los idiomas, me recordaron a los niños de Chaouen que hablaban en todos los idiomas, incluido el euskera cuando nos vieron bajar del bus de ese memorable viaje de estudios, allá por 1990. Instinto de supervivencia. El mismo instinto que nos salvó la vida, después de probar el limoncello de garrafón que nos ofrecieron antes de pagar la clavada, digo la cuenta. En fin, así como recomendaría cualquiera de los restaurantes probados hasta ese día en la isla, este de Morro Jable, casi como que no…

Salimos por patas de Morro Jable, dejando atrás las hordas de turismo barato de pieles blancas encarnecidas por el sol. Yo quería ver otra de las playas renombradas de la Península de Jandía, la Playa de Sotavento. El Gps nos metió por calles sin salida, en urbanizaciones fantasma con decenas de casas a medio hacer. A punto de rendirnos, por fin llegamos a una playa infinita, referente del windsurf y del kitesurf. En realidad Sotavento abarca 5 playas: La Barca, Risco del Paso, Mirador, Malnombre y los Canarios. Cuando llegas aquí, entiendes por qué Fuerteventura significa “Playa”. Con marea baja, la arena gana tanto terreno que podría ser la playa más grande de todo el archipiélago canario. 9kms de litoral salvaje, se dice pronto…La peculiaridad de este paraíso de arena blanca y aguas turquesas es que cuenta con una barrera de arena a 100 metros de la orilla, formándose una pequeña laguna de tres kilómetros dónde la gente se inicia en esto de volar sobre las olas. Naturaleza en estado bruto.. nos hubiésemos quedado más tiempo paseando pero es lo que tiene viajar en noviembre, la noche se echa encima a media tarde. ¡Increíble esta inmensa playa!.
Cofete impacta pero esta ya es de otro mundo.

“Radio Calma” volvía otra vez a nuestros oídos. Extasiados, sin palabras, nos dejamos llevar por la música de esta emisora de radio italiana que emite en la isla. Si en Cabo de Gata escuchábamos emisoras inglesas, aquí en Fuerteventura los italianos nos acompañaron durante toda la estancia en la isla.

Viernes 15: Playas del Norte: Valdivia – Jablito – Dunas de Corralejo – Lajares
Se acercaba el final, y teníamos por delante 2 días para descubrir la zona norte de la isla y las famosas Dunas de Corralejo. Empezamos el día por el lado Este, subiendo de nuevo desde nuestro alojamiento hacia el Puerto del Rosario y siguiendo por la costa hacia el Parque Natural de la Dunas de Corralejo. La primera parada la quisimos hacer en la playa de Valdivia pero fue literalmente imposible llegar. Una pista de tierra intransitable y poco recomendable para un coche de alquiler sin altura. La segunda playa programada sí que tenía mejor acceso y allá que fuimos, al poblado de Jablito, un lugar con mucha historia detrás. Ya en el s. XVIII, se conoce el Jablito como un puerto natural dónde faenaban pescadores nómadas. Empezaron a construirse pequeñas chozas de piedra que se convirtieron en viviendas. Hasta que a finales de los 80 llegó el boom turístico y una empresa dijo que los terrenos eran suyos y que iban a construir varias urbanizaciones y un ambicioso puerto deportivo. Los vecinos hicieron frente y consiguieron parar el proyecto, con una vecina llamada Lola a la cabeza de la insumisión. Tiene un busto en su honor, en el que se explica su hazaña y la de todo el pueblo, en una lucha contra los poderes fácticos de la isla. Es un sitio muy peculiar. La pequeña cala con su embarcadero parece de cuento. Un grupo de italianos se bañaba en las aguas cristalinas y escuchamos sus gritos al tomar contacto con las aguas frías del mar, ¡l´Acqua é gelatta! gritaban. En el poblado no vimos a nadie, pero sí que nos llamó la atención una antigua barca de madera de pesca artesanal, pintada con los colores de la bandera canaria (es la foto que he elegido para el diario), rehabilitada como pequeño santuario en honor a la Virgen de nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Supuestamente la talla la trajo un canario que había emigrado a Cuba. La patrona y Virgen más venerada de la isla caribeña en la playa del Jablito, ni más ni menos..Este rincón de la isla, es uno de los que más nos gustó, tiene mucho encanto y es muy especial.

A pocos kilómetros, llegamos por fin a las ansiadas Dunas de Corralejo. Tenía muchas ganas de ver este parque natural. Nada más aparcar en la carretera, subí como pude a una de las dunas para ver desde arriba las playas de arena blanca y de aguas turquesas. No podía esperar más tiempo, tenía que subir a una de las dunas y extasiarme con el entorno. Daniel no quiso subir pero yo no me lo pensé dos veces. Se dice pronto… este parque lunar de arena y agua ocupa 2.600 hectáreas y tiene 2,5 kms de ancho por 10 de largo. Corre paralelo a la costa noreste de la isla y su gran atractivo son sus playas como las de El Pozo, El Viejo o Bajo negro.

Nosotros teníamos un objetivo principal en este viaje, y era el de ver el concurso internacional de cometas que se celebra en una de las playas de Corralejo, al lado del polémico Hotel de la cadena Riu, construido en parque natural. Un Festival de cometas que nos hizo disfrutar como nanos. Decenas de cometas de todos los tamaños y colores surcando el cielo, subiendo y bajando a golpe de viento. Nos quedamos un buen rato en un chiringuito disfrutando de un espectáculo único. El cielo amenazaba lluvia por momentos pero no llegó a aguarnos la fiesta. Muy recomendable, la verdad. Nos hubiésemos bañado allí también pero había demasiada gente. Grupos escolares con niños de tez morena y ojos claros, guapísimos, se reían y se mezclaban con los turistas que también volvían a su niñez. Nos costó alejarnos, los bailes de cometas embaucan, hechizan…

Volvimos a coger el coche y a seguir por el litoral hacia Corralejo para ver si encontrábamos una playa con menos gente para bañarnos. Paramos al azar y anduvimos un buen trecho hasta llegar a la orilla de una playa con vistas espectaculares sobre la Isla de Lobos y Lanzarote. Resultó ser una playa nudista pero no al 100%, había de todo. Para refugiarse del viento algunos turistas alemanes se cobijaban en una especie de muretes de piedra volcánica, en forma de medio arco, que se llaman “corralitos”. Todo muy cool.. No había mucha gente, mucho más tranquila la playa, aunque pronto descubrimos el por qué. Bandera roja permanente por corrientes marinas muy peligrosas. Alguna valiente se bañaba sin alejarse mucho de la orilla pero no nos atrevimos.  Desde la misma orilla se veía perfectamente como tiraba el agua hacia dentro. Y no, no nos iba a pasar lo que nos pasó en Gambia que por poco no lo contamos. Nos metimos al agua y casi no salimos de las corrientes que había sin señalizar, mientras los holandeses tirados en sus tumbonas disfrutaban del espectáculo. ¡Cabrones! Dejo aquí un enlace interesante que describe bastante bien todo lo que incluye este parque natural: Dunas de Corralejo, un desierto a escala reducida en Fuerteventura

La visita de Corralejo la dejamos para el día siguiente, ya que teníamos que coger el ferry hacia Lanzarote desde su puerto. Nos alejamos un poco y llegamos a un pueblo muy pijipi llamado Lajares. Casas impresionantes, de diseño, de una planta con muros de cal y piedra volcánica. Huele a pasta de surfers y bo-hos en retiro al sol, nada que ver con el turismo de masas teutonas del sur, en la península de Jandía. Aquí se respira otro aire, pastelerías, restaurantes y terrazas muy hipsters, entre escuelas de surf. No sabíamos muy bien dónde comer y acabamos en un restaurante thai, con muy buenas reseñas, regido por italianos. El interior del restaurante con piscina interior y un jardín tropical era como de película de Indochina años 50. Se llama ”Secret garden”,  allí puedes hospedarte, comer, hacer yoga y teletrabajar. Comimos bien, pero es todo muy “veggie”, carnívoros  y amantes de las bravas, abstenerse….

Rematamos el día con unas compras en el centro comercial de Puerto del Rosario. Descubrí una marca de moda canaria que me gustó, se llama Encuentro y tienen venta on line. Caí con un par de cosas y en el supermercado compramos queso majorero y mojo picón y de cilantro en seco para poder volar al día siguiente sin líquidos. Un día inolvidable, a esas playas del norte teníamos que volver sí o sí.

Sábado 16: Playas del Norte II: Playa de las palomitas – Majanicho – El Cotillo – Corralejo
Último día, últimas horas en Fuerteventura. Nos  quedaba por ver la parte Noroeste con el epicentro en Corralejo como el día anterior. Volvimos a ver muchas construcciones inacabadas y abandonadas. No sé si fruto de la crisis del 2008 pero en toda la isla vimos mucha obra inacabada. A la famosa playa de las palomitas se accede por pista de tierra. Se hace un poco largo pero merece la pena. En realidad, se llama “Bajo de la burra” y el fenómeno que atrae a muchos curiosos es la arena de la playa solidificada en forma de palomitas blancas. Hay un cartel que advierte que está prohibido llevarse las “palomitas” de recuerdo, so pena de multa cuantiosa. No es una playa de baño, hay mucha roca, nada que ver con las playas de las dunas. Eso sí, los vientos zarandean a los surferos y las vistas sobre Lanzarote y de nuevo la isla de Lobos son increíbles, una vez más.

Majanicho es otro pueblo que merece la pena el desvío. Pequeña bahía de aguas tranquilas, habitada por un centenar de personas, la mayoría pescadores. Casitas blancas con puertas y ventanas en color azul o verde, reciben al visitante sin perder la calma. También en la orilla de su playa vemos las famosas “palomitas”. ¿Qué se puede ver aquí?, pues en realidad nada especial. Es un lugar donde habita la calma y ese es su mayor interés turístico.

A continuación, otro pueblo que aparece en todas las guías y recomendaciones: El Cotillo.
Me recordó un poco a Essaouira, como bastión de tierra frente al mar, el mismo océano atlántico que ese día rugía con olas de 2 metros salpicando el pequeño puerto antiguo que se adentra hacia el interior. EL Cotillo tiene mucho encanto, hay varios restaurantes dónde sirven pescado fresco, tiendas de recuerdos con regalos originales, gente paseando y buscando sitio para comer como nosotros. Al final, nos guiamos otra vez por las reseñas y acertamos de pleno. El restaurante se llama la Vaca azul y si tienes la suerte de que te ubiquen en la última planta, las vistas sobre el puerto y el mar abierto ya merecen la estrella Michelín. Elegimos siguiendo las recomendaciones, queso frito majorero con mermelada de tomate, ensalada con tartar de pulpo y fritura de pescado y marisco. Todo rico, rico, rico… La imagen de la Virgen del Buen Viaje nos bendecía desde el otro lado del puerto.

Nada mejor que digerir la comida con un buen paseo hasta el otro lado del pueblo, donde nos esperaban unas vistas increíbles sobre un litoral de acantilados sobre el mar salvaje. Las mejores vistas para ver los acantilados y las decenas de kitesurfistas que bailaban a ritmo de los vientos se encuentra en el Castillo de el Cotillo, una torre de planta circular de dos alturas, construida en piedra en el año 1700 para proteger la costa y el puerto de El Cotillo de los piratas, bereberes, ingleses y franceses.  Se la conoce como la Torre del Tostón y por su ubicación estratégica ofrece las mejores vistas sobre el litoral. De fondo sonoro, tuvimos la suerte de escuchar un grupo que cantaba Isas Canarias en la terraza de un restaurante. No pudimos tener mejor despedida de Fuerteventura antes de coger el Ferry de regreso a Lanzarote a las seis de la tarde. Se nos acababa el tiempo, y nos despedimos de EL Cotillo con pena. Nos gustó mucho este rincón de la isla.

Aparcar enl Corralejo no es fácil, la arteria principal, dónde están todas las tiendas y restaurantes es peatonal. Después de perdernos por un laberinto de calles, aparcamos muy cerca del puerto donde un par de horas más tarde tendríamos que coger el Ferry hacia Lanzarote. Corralejo tiene mucha vida, yo creo que es la zona con más turismo de la isla pero sin haber perdido la esencia de pueblo marinero, no como Morro Jable. Dimos un paseo desde el puerto hasta las playas del centro y calculé que habría medio centenar de terrazas de bares y restaurantes con vistas a la bahía de Corralejo. También vimos una caseta que anunciaba excursiones  para hacer snorkel en la Isla de Lobos (me hubiese encantado, pero esta vez no podía ser). Me tuve que consolar con un viaje en Ferry inolvidable. Por el lado sur, el atardecer sobre Fuerteventura y por el Norte, con sólo un giro de cabeza en la cubierta del barco, una luna llena enorme iba asomando poco a poco en el horizonte de la isla Conejera. Y sí, la despedida no pudo ser mejor. Fuerteventura se deja querer poco a poco, a pesar de su abandono en ciertas zonas, a pesar de su paisaje árido, seco, a pesar de la falta de un urbanismo cuidado en sus pueblos y capital, Fuerteventura es también playas paradisíacas, dunas y naturaleza en estado puro. Contra viento y marea…. Fuerteventura.

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