Y el hombre pisó la luna…. en Lanzarote


Del 12 al 20 de Octubre de 2003

Si algún día el hombre habita la luna, podrá sentirse como en esta fascinante isla canaria. La verdad es que era la segunda vez que visitaba la isla pero, la primera vez me quedé con las ganas; Esta vez sí que disfrutamos de la isla, sobre todo, por culpa de los maravillosos anfitriones que tuvimos. Gracias a Marian y David, no quedó ni un cactus isleño sin visitar y disfrutamos tanto, que ya hemos hecho reserva anual en la isla.

Lo primero que impresiona al llegar a la isla es la panorámica desde el avión; Conforme el avión se acerca, el paisaje es un contraste entre el azul del mar y el marrón grisáceo de la tierra (o de la luna) porque a estas alturas de la película, parece como si el avión fuese a alunizar. Ni la sombra de un arbusto, ni el verde de una prado: roca y agua, este es el secreto de la isla.

A lo largo de toda la estancia, vimos cómo la naturaleza, más que el hombre, ha conformado toda la isla, desde la agricultura hasta la arquitectura y el arte en general. Sus casas blancas, (ni una torre al estilo Torremolinos 73) en toda la isla; bueno, salvo una excepción: el hotel que quisieron hacer en la playa de la capital, Arrecife y que nunca llegó a construirse pero, ahí queda el esqueleto de lo que un día será , porque ironías de la vida, ahora resulta que se ha convertido en un símbolo de Arrecife y no quieren tirarlo. En fin, nunca entenderé muy bien a estos locos humanos.

A lo que iba, casitas de cal blanca, en una mar de lava y roca gris, ¿os lo podéis imaginar? (con las fotos podréis haceros una idea). Esta rara avis de la arquitectura española y Reserva de la Biosfera, proclamada por la UNESCO en 1993, tiene un culpable: César Manrique. (no os podéis perder la visita a la Fundación César Manrique): http://www.fcmanrique.org;

La que un día fue la casa de Manrique, hoy es la fundación en la que tendréis oportunidad de ver parte de su obra pictórica, escultórica y arquitectónica. Este hombre polifacético, vivió por el arte y por Lanzarote. En la página web de la fundación encontraréis información completa sobre su vida y su obra. (muy interesante, por cierto).

Vayas dónde vayas, Lanzarote, con sus 60 km de norte a sur y 35 km de este a oeste, te envuelve en su magia. (más de uno, y yo la primera, dejaría todo y me iría a vivir a una de esas casitas blancas con patio de lava). Los alemanes sí que saben y han formado colonia en la isla.

En una semana hay tiempo suficiente para visitar la isla desde la punta norte del Mirador del Río hasta el sur de Playa Blanca y desde el Parque de Timanfaya hasta el lado opuesto en Costa Teguise.

Las visitas obligadas serían: el Mirador del Río, en el extremo norte, desde el que se puede ver la isla La Graciosa que está en frente y de paso, si no hay gente, echar cuatro gritos al viento (yo lo hice y me sentó muy bien, la descarga de adrenalina es bestial!). Un consejo: no hace falta pagar entrada (6 euros) porque si rodeáis el mirador por la izquierda, las vistas son exactamente las mismas.

Haría y su valle de las 1000 palmeras es otro lugar altamente recomendable. De repente, y tras kilómetros de lava y paisaje lunático, llegamos a este oasis de palmeras, que rodean al pueblo blanco de Haría. (el sábado hay mercado y es una buena ocasión para visitar este rincón de la isla).

Siguiendo la estela de Manrique, hay varios lugares im-prescindibles, en dos palabras. Los Jameos del Agua, La cueva de los verdes (7 km de galerías volcánicas que unen el volcán Corona con el mar) y la casa que un día fue de Omar Shariff y que hoy tiene dueños alemanes, en San Bartolomé. Si habéis soñado algún día con el paraíso terrenal, daros una vuelta por la casa que un día perdió el actor en una apuesta (sí, aunque parezca increíble, la perdió en una apuesta). Prefiero no daros más pistas y que la visitéis sin condiciones.

El turismo es el recurso número 1 de la isla, así que no penséis encontrar entradas-chollo a los sitios ó presentar el carné joven, que caducó el siglo pasado, ¡no cuela!las entradas a los sitios no bajan de los 6 euros pero, sinceramente merece la pena. Os recomiendo culminar la visita por el lado Este de la isla, visitando los municipios de Teguise (antigua capital de la isla) y Costa Teguise.

Al otro lado de la isla, desde el sur hasta el norte, no os podéis perder: Puerto del Carmen con sus playas kilométricas. Si queréis cenar e ir de copas, Puerto del Carmen es el lugar. Eso sí, no os asustéis si veis gambones coloraos por todas partes, son los guiris que se han torrado al sol durante horas y cuando salen de marcha a la noche, los litros de leche hidratante que se han echado a modo de colonia y amortiguador de las quemaduras dan fe del estado en el que se encuentran. Hay que amortizar el viaje, y se llevan los rayos de Lorenzo por kilos , que el invierno es muy crudo en esa Europa del Norte y no volverán a ver el sol hasta el año que viene; La marcha nocturna nacional está más bien en Arrecife, la capital. Pero, merece la pena, de verdad, darse una vuelta y analizar guirilandia en su estado puro: en las terrazas de Puerto del Carmen, con sus copas tropicales coronadas con bengalas, y sus carnes humanas a la brasa bailando el chiringuito, en fin, un primor!!!!

Antes de dejar la isla, a la que volveréis segurísimo, hay otros lugares Inevitables: Playa Blanca, y Yaiza; El Parque natural de Timanfaya, la playa de Famara (paraíso surfero), Puerto Calero, los acantilados de los Hervideros y El Golfo, donde se rodaron escenas de la versión original del Planeta de los Simios y que consiste en una laguna de agua esmeralda, dentro de un cráter erosionado por las aguas del mar y separado del mismo, por arena negra.

Los viñedos de la Geria también merecen una parada: cientos de cráteres en miniatura, utilizados por los agricultores para plantar cepas de vino en tierra negra volcánica que se utiliza, precisamente, para retener la humedad. Con estas cepas los isleños, llamados conejeros, hacen un vino blanco buenísimo, (podéis visitar las bodegas de El Grifo). Con cualquier pescado fresco y unas papas arrugás con mojo picón que probéis, si elegís un vino blanco lanzaroteño acertaréis de lleno. En fin, qué más se puede pedir: sol, playa, paisajes alucinantes y buen vino.

Sólo tiene un peligro esta isla: en cualquier momento te puede dar la chaladura, llamar a tu jefe y decirle que lo sientes pero que has encontrado el edén. A mí personalmente, no me faltaron las ganas de cometer una locura y tampoco descarto la posibilidad de imitar al sabio Saramago que ha elegido la isla para vivir.

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