«Zaragozando»


Del 13 al 15 de diciembre 2023

La provincia más poblada y extensa de Aragón tenía que formar parte del diario viajero. Vale sí, las fiestas del Pilar en la “capi”, tan vividas y tan queridas,  ó los incontables viajes cruzando la provincia desde Navarra a Castellón y viceversa, nos anticipaban algo, pero para “Zaragozar” a fondo, tenía que llegar el momento de hacer paradas y fondas varias. Así que, este diario viajero, con fondo musical de Labordeta, va dedicado a la provincia que conjuga el verbo “Zaragozar”.

Miércoles 13: Castillo de Peracense – Anento – Daroca – Laguna de Gallocanta – Munébrega
A poco más de 200 kms, desde Castellón, por la autovía Mudéjar, nos esperaba uno de los castillos más impresionantes de los vistos en mi mondo lirondo. No por su tamaño, ni tampoco por el estado de conservación, lo que impresiona es su fisionomía, su simbiosis total con la roca arcillosa que lo sostiene. Todo al rojo, como en la ruleta de un casino, como una salamandra mimetizada con su entorno, el Castillo de Peracense es roca roja, es piedra de rodeno, es colosal.

Para llegar hasta este paraje hay que tomar la salida 160, en dirección a Villafranca del Campo. A medida que nos íbamos acercando, la carretera se hacía más sinuosa, incluso inquietante. Ni un alma nos cruzamos desde que dejamos la autovía hasta llegar a la puerta del Castillo que estaba cerrada. (en invierno sólo abren los fines de semana). La fortaleza construida como defensa del Reino de Aragón, frente a los ataques castellanos, cuenta con un triple sistema defensivo, tres murallas que lo circundan y lo convierten en un castillo prácticamente inexpugnable. Con el matrimonio de los Reyes Católicos la enemistad entre los dos reinos fue perdiendo fuerza y esto llevó consigo un menor protagonismo del Castillo de Peracense. También fue utilizado como cárcel y ocupado en la Primera Guerra Carlista, cuando el ejército liberal lo aprovechó como cuartel para sus tropas. Vestigio de una historia que arranca en la Edad Media. Lo dicho, merece la pena el desvío, aunque echamos en falta alguna zona de descanso para poder disfrutar de las vistas, o pararnos a comer como lo hicimos frente al castillo de Loarre, con unas vistas al castillo y entorno espectaculares.

La siguiente parada nos esperaba en Anento, ya en la provincia de Zaragoza, un pueblo registrado en la lista de los más bonitos de España.  A tan sólo 20 kms de Daroca, nuestro siguiente destino, Anento está ubicado en el fondo de un valle, el valle del río Jiloca.

 La primera impresión al llegar, con un enorme parking público en la entrada es que es un pueblo de “postal”, sin vida, sin gente pero listo para el /la instagramer más activo/a. Tampoco se trata de un pueblo histórico, reconvertido en atracción turística, es más bien un pueblo restaurado de una manera más bien artificial, no sé, no me lo esperaba así, la verdad. Para ser justos, no sobra el castillo ni el trazado medieval de su centro histórico, pero sí que rechinan un poco las casas pintadas de diferentes colores,  demasiado “postureo” rural.

Lo que sí nos gustó es el entorno, la cercanía del río al que se puede acceder dando un pequeño paseo, se respira paz, tranquilidad, mucha calma. Cruzamos delante de la puerta de la Iglesia románica de San Blas, que según parece alberga en su interior un magnífico retablo gótico. Y digo parece, porque como viene siendo habitual desde hace años, las iglesias de los pueblos están cerradas a cal y canto. No lo he soñado, pero cuando era pequeña y viajaba con mis padres siempre estaban abiertas… en fin….

Ni un alma, ni un bar para tomarnos un aperitivo. No nos quedó más remedio que seguir ruta hacia Daroca. Podríamos haber parado en “Aguallueve”, un reclamo del pueblo de Anento, que consiste en un manantial cuya agua cae en forma de lluvia y continuamente. Desde el pueblo, siguiendo una ruta en plena naturaleza se llega hasta este manantial inagotable. https://www.youtube.com/watch?v=TxpXUcvg-C0

Antes de entrar en Daroca, paramos a comer en un merendero, con mesitas de madera y con los muros de un castillo abandonado como telón de fondo. Las vistas no eran tan impresionantes pero sí que era un buen lugar para comer al aire libre. Viajando con Tuca y Lola, siempre viene bien poder comer o cenar al aire libre aunque sea puro invierno. Todo por la causa perruna…

Daroca, es otro de esos pueblos por los que hemos pasado mil veces en nuestras idas y venidas a Pamplona desde Castellón. Hoy tocaba parar y por lo menos, darnos un paseo por su calle principal. La llaman la ciudad de los siete sietes, y teníamos que descubrir el por qué. Va de sietes, y así se explica: 7 iglesias, 7 conventos, 7 ermitas, 7 fuentes, 7 plazas, 7 puertas y 7 molinos. ¿Alguien da más? Antes de conquistar la ciudad de los 7, paramos a tomarnos un café en una terraza regentada por un chico marroquí. No es lo habitual, en bares donde se despacha alcohol, pocos marroquíes o ninguno pero en Daroca todo es posible.

La muralla que rodea el centro, de más de 3 kilómetros de longitud ya da una idea de la envergadura de la riqueza histórica y arquitectónica que ofrece Daroca. Lo que seduce sobre todo es, como habíamos visto en el Castillo de Peracense previamente, es la simbiosis de la tierra rojiza de las rocas montañosas de piedra de rodeno con las construcciones civiles. Es un todo al rojo, una vez más. La sombra de Albarracín es alargada.

Accedimos a la calle Mayor por la Puerta Baja, monumental y emblemática A esa primera hora de la tarde, hora de siesta, la calle estaba desierta, los negocios cerrados y sólo vimos a algún turista despistado como nosotros. Para los amantes de la arquitectura Mudéjar como yo, Daroca, al igual que Teruel capital, es un paraíso a no perderse…

Dejo aquí un enlace de un video muy interesante, sobre Daroca y su historia.
https://www.youtube.com/watch?v=qURzhwr6NZ0

A media tarde, y en diciembre, la luz solar empieza a apagarse más temprano. Tuvimos que cambiar sobre la marcha el plan de ruta inicial. El Monasterio de Piedra lo dejamos para el día siguiente, aún nos quedaba pendiente la Laguna de Gallocanta. A pocos kilómetros de Daroca se encuentra esta reserva natural con un enorme y variado patrimonio ornitológico. Llegamos a tiempo, al atardecer, al extenso humedal de 7,5 kms de longitud por 2,5 de anchura. El pueblo que da nombre a la laguna estaba desierto. Las pinturas murales de aves, al menos, minimizan el ambiente  tétrico del pueblo. No sabíamos muy bien dónde ir para ver las famosas grullas de Gallocanta, por inercia llegamos hasta las puertas del Centro de Interpretación que estaban cerradas a cal y canto. Un poco desolador el ambiente. Con el coche fuimos rodeando la laguna en busca de más puntos de observación y encontramos otro mirador desde el que pudimos ver alguna grulla más, pero la verdad es que no vimos muchas. Ojalá hubiésemos tenido la suerte de ver esto, tendremos que volver y tener más baraka: https://www.youtube.com/watch?v=rFmA0U1rqBs

Frío helador por estos páramos zaragozanos. Llegamos al pueblo de Munébrega, dónde había reservado alojamiento con el termómetro marcando en negativo. Otro pueblo fantasma en el que por no haber, no había nadie para recibirnos y entregarnos la llave de nuestra habitación. El Alojamiento se define como complejo hotelero, con 7 habitaciones con baño privado y zonas comunes a las que entramos para fisgonear únicamente, no daban ganas de quedarse…. Calor de hogar no había precisamente. Pero bueno, habitación amplia, limpia e instalaciones renovadas. Un buen alojamiento para visitar el Monasterio de Piedra que se encuentra a menos de 10 minutos en coche. https://www.reymundo.eu/

Para cenar teníamos dos opciones, el bar de la gasolinera del pueblo (dónde desayunamos al día siguiente) o un bar al lado del alojamiento que tenía buenas reseñas aunque luego resultó ser un chasco categoría sindiós. Dejo sin más la reseña que les dejé en google…sobran las palabras: “Mejor no pedir los huevos rotos, las patatas incomibles, viejas, aceitosas como sacadas de un asado hecho hace meses. Nunca había visto unas patatas fritas tan malas”.

Un buen paseo nocturno por las calles del pueblo, antes de dormir, nos ayudó a digerir la “suculenta” cena. Caímos rendidos los cuatro, Zaragozando hasta el día siguiente.

Jueves 14: Monasterio de Piedra – Santuario de Járaba – Moros – Monasterio de Veruela –Grisel –  Tarazona –  Ejea de los Caballeros

Tempranito nos levantamos con una bruma invernal que nos perseguiría hasta el mediodía. El Monasterio de Piedra abre sus puertas al público a las 10 de la mañana y allí llegamos, los “primericos” a comprar la entrada. No era la primera vez, ya habíamos estado de niños y no tan niños, con nuestros queridos Marian y David, cuando estuvo de profe en Calatayud. (En este viaje no volvimos a Calatayud, porque aparte de preguntar por la Dolores si vas a Calatayud, como dice la canción, poco más para ver digno de mención).

Desde el minuto cero, este Parque-jardín, que rodea al Monasterio cisterciense del s. XIII, con ochocientos años de historia, engulle al visitante y lo sumerge en sus fauces de agua. Naturaleza en estado puro, cascadas, manantiales, arroyos, grutas…. el agua es protagonista. El Río Piedra que da nombre al Monasterio, fluye por este paraje natural de gran riqueza biológica. La cascada más conocida por su grandiosidad es la llamada “cola de caballo”. En su interior se encuentra una gran cueva natural con formaciones de estalactitas. Se puede seguir el itinerario marcado a lo largo de todo el Parque y dejarse sorprender a cada paso. Para disfrutarlo se requiere un mínimo de dos horas. No sé cuántos vídeos grabé de Tuca y Lola descubriendo cada rincón del Parque, entre chapoteos y movimiento de cola. La verdad es que sólo por estos momentos vividos en el Monasterio, mereció la pena el viaje, aunque no fuese la mejor época del año, el frío zaragozano hay que vivirlo. https://www.youtube.com/watch?v=D536zaWla8k

Antes de salir del Parque, a mano izquierda, se ubica el Monasterio cisterciense, frente a una placita donde hay un bar-restaurante con terraza. La parte del claustro se conserva muy bien, con varias estancias como el refectorio, el lavatorio o la cocina dónde se elaboró el primer chocolate de Europa, rodeándolo. La zona de la Iglesia ya es otro cantar. Su estado es totalmente ruinoso, fruto del abandono provocado por la Desamortización de Mendizábal. En realidad, el Monasterio, atravesó tres períodos desamortizadores. Durante la Guerra de la Independencia, José Bonaparte expulsó a los monjes en el año 1808, y el ejército francés saqueó la Abadía. Después, en el año 1820, durante el trienio liberal, el Monasterio volvió a ser suprimido y finalmente, con la reina regente Mª Cristina, el decreto de Mendizábal en 1835 supuso el fin eclesiástico definitivo. La Iglesia está en ruinas pero la parte del Monasterio dónde residían los monjes, se restauró y actualmente es un Hotel-Spa que invita al “carpe diem”. Dejo aquí un enlace donde se explica con detalle los 800 años de historia del Monasterio desamortizado. 800 Años de Historia (monasteriopiedra.com)

Los primeros en llegar y también en salir, justo a tiempo de evitar los turistas que iban llegando al Monasterio a mediodía. A quién madruga….

El agua nos seguía acompañando. Al salir del Monasterio de Piedra nos dirigimos hacia otro tesoro escondido en el Cañón del río Mesa, el santuario de Nuestra Señora de Jaraba. “Enrocado” en las paredes de un acantilado, este lugar de peregrinación, ubicado entre balnearios de aguas termales, recuerda a otro monasterio aragonés, el de San Juan de la Peña, cerca de Jaca, en la provincia de Huesca. El entorno natural también es espectacular, echar la vista al cielo y contemplar el vuelo pausado de los buitres sobrevolando nuestras cabezas fue un momento inolvidable. https://www.youtube.com/watch?v=8pORc4W74eE

Al siguiente punto de nuestra ruta, nos costó casi una hora llegar y, la verdad, es que nos decepcionó un poco. Tenía marcado el pueblo de Moros como una parada recomendable y sinceramente, el pueblo en sí no merece la pena visitarlo, no tiene nada de especial, lo único remarcable son sus vistas panorámicas, al estar ubicado en un cerro. El estado calamitoso de sus casas, sin apenas rastro de rehabilitación, hace que la visita a este pueblo provoque desasosiego. Perderse por el núcleo urbano medieval, entre calles estrechas y tortuosas, subiendo y bajando cuestas es el único aliciente. Después de una hora en coche, qué menos ¿no? Aún se ven restos del terrible incendio que asoló la zona en el verano del 2022. Viendo ahora el antes y el después en imágenes, se comprende mejor el estado actual del pueblo. Una pena, la verdad, la “negrura” del ambiente tardará tiempo en esfumarse. Ojalá vuelva a cobrar vida este pueblo, lo necesita.

Ya era la hora de comer cuando volvimos sobre nuestros pasos hacia otro Monasterio, el de Veruela. La cosa “Crística” era el leitmotif (comprobada la ortografía en la RAE) del día. De nuevo, nos encontramos con un Monasterio para nosotros solos. Bajo la sombra del Moncayo, se edificó el primer monasterio cisterciense de Aragón en el s.XII. Lo primero que percibe el viajero es un recinto amurallado de un kilómetro que alberga en su interior, un paseo arbolado que llega hasta una Iglesia sobria pero de tamaño catedralicio, un claustro gótico levantino muy bonito, con un lavabo cubierto por un templete, donde se lavaban los monjes antes de comer, una sala capitular donde tomaban las grandes decisiones, un refectorio, el salón donde comían en silencio hasta el año 1835, cuando la desamortización de Mendizábal también llegó hasta aquí. Unos años más tarde, en 1863 llegó, entre otros, Gustavo Adolfo Bécquer con su hermano. El Monasterio se había convertido en lugar de curación y retiro. Allí las musas le visitaron, y escribió “Cartas desde mi celda” mientras, el hermano Valeriano pintaba cuadros. Actualmente han habilitado el “Espacio Bécquer”, para rememorar la estancia de los dos hermanos artistas en el Monasterio de Veruela. Hacía frío, incluso nos cayó aguanieve, pero mereció la pena disfrutar del silencio y de todo el Monasterio con el único sonido ambiental de nuestros pasos caminando. https://www.youtube.com/watch?v=OSsay9KXVMM

Ya empezaba a atardecer cuando llegamos al siguiente pueblo, Grisel. La particularidad de este pueblo, de apenas 80 habitantes, y a pocos kilómetros de Tarazona, es que cuenta con un castillo medieval, del s.XIV, restaurado y convertido en hotel, que ocupa prácticamente todo el  núcleo urbano.  No vimos un alma tampoco en este pueblo, todo desierto, ya empezaba a ser algo inquietante… Nos acercamos a la entrada principal del Castillo para echar un vistazo pero estaba cerrado a cal y canto. En su web se indica que es un hotel boutique con 6 habitaciones, que se puede alquilar entero o por habitaciones. Lo que estaba claro es que no había overbooking en aquel momento. https://castillodegrisel.com/.

Curioso el pueblo y curiosa la cantidad de gatos que lo habitan. Los únicos seres vivientes que nos cruzamos en Grisel durante la escasa media hora que tardamos en recorrer sus calles. Tarazona nos quedaba por ver, y como era previsible en un mes de diciembre, el ocaso del día se nos echó encima. No sé cuántas veces hemos pasado de largo sin entrar en la cuna de Paco Martínez Soria. No podíamos dejar de ver su centro a tan sólo 3 kms de Grisel.

Lo primero que destaca en Tarazona es su inmensa Catedral y su fisionomía que nos recordó mucho a los pueblos medievales de la Toscana italiana. A orillas del río Queiles, Tarazona sorprende al viajero, por su ubicación y su estética.

La entrada a la Seo, que se eleva al otro lado del río, cuesta 5 euros. Merece la pena pasar por caja, no tanto por su belleza como por su convulsa historia. Gótica, mudéjar y renacentista… “rien ne va plus..” Cuando accedes al interior hay una mezcla de estilos que por un lado chirría y por otro lado intriga. De las bóvedas en altura que recuerdan a las catedrales francesas a las columnas con decorado mudéjar. Un popurrí , un cajón de sastre extraño, que tiene su explicación en su larga e intensa historia. El Claustro está un poco abandonado, no destaca por su belleza pero sí que me gustó esa mezcla de estilos arquitectónicos.

Al finalizar el recorrido hay una salita donde proyectan un video que lo explica todo. Historia de la Catedral de Tarazona

Al llegar desde el coche me pareció ver en una placita un monumento al personaje más famoso de Tarazona. Conseguí  localizar la plaza en nuestro paseo a pié. Frente a este monumento en honor al actor Paco Martínez Soria arranca la Ruta turística que discurre por los lugares emblemáticos dónde nació, dónde jugaba a las cartas con sus amigos ó dónde se rodó la película de “Vaya par de gemelos”. El Teatro de Tarazona también alberga una exposición permanente sobre su figura. Ruta turística dedicada a Paco Martínez Soria (tarazonayelmoncayo.es)

Vale lo confieso, no son películas de Renoir , pero tengo tantos recuerdos de mi infancia riéndome con sus películas y sus personajes (para mí y mis risas, sólo tenía un rival, Louis de Founes) que le tengo cariño a este señor y me gustó ver el reconocimiento que le hacen en su pueblo natal. Antes de culminar nuestro paseo por Tarazona con un vino en frente del Ayuntamiento , construido en el año 1571 como lonja, granero y mirador, pasamos por delante de otro edificio singular de Tarazona: la antigua plaza de toros octogonal, una de las más antiguas de España, reconvertida en viviendas y espacio de conciertos, actividades, etc. Es muy curioso el edificio, me recordó al coso de Peñafiel, no por su formato ni por su estética pero sí por estar tan integrada en el núcleo urbano. Plaza de Toros Vieja – Patrimonio Cultural de Aragón (patrimonioculturaldearagon.es)

Muy recomendable la visita de Tarazona, me esperaba otro pueblo más de Aragón pero tiene miga, lugares interesantes y el conjunto merece el desplazamiento.

El encandilamiento duró poco….Llegó el momento de la verdad. No sé en qué momento elegí  Ejea de los Caballeros para dormir. Bueno, pensándolo bien lo de viajar con mascotas en este país sigue siendo una aventura y seguramente en la zona no había muchas opciones, por eso me decanté por este pueblo de aire frío polar y sin ningún atractivo. Lo pateamos de arriba abajo, a pesar del aire del Cierzo que nos castigó durante todo el paseo. Teníamos dos prioridades, no pasar ni un minuto más de lo necesario en el hostal Aragón (aceptan mascotas sí, pero a qué precio…..podría definirlo como el alojamiento que no recomendarías ni a tu peor enemigo, a no ser que quiera rodar una peli serie B) y la otra prioridad, ejercer de perripadres responsables y pasear con lluvia, monzones o frío polar. La rica cena nos reconcilió con Ejea, pero creo que no volveré a ese pueblo manque pierda la cabeza.

Viernes 15: Biel –  Uncastillo – Sos del Rey Católico – Pamplona
Amaneció con el mismo frío polar (lo único bueno del hostal, su calefacción más que potente) y la “dueña del hotel dulce hotel” nos sirvió el desayuno en un salón-cocina-trastero-no sé bien qué, un café con leche con croissant chamuscado a la plancha, mantequilla y mermelada. Yo miraba de un lado a otro ese lugar siniestro para ver dónde se escondía la cámara oculta. No la encontré. Existen lugares así en este bendito país con su licencia de actividad, su registro en turismo….En fin… algún día Tuca y Lola se darán cuenta de los sacrificios que tenemos que hacer por ellas. Me temo que no, bendita inocencia canina…

Nos reconciliamos una vez más con este mundo, al llegar a Biel, en la Comarca de las Cinco Villas. ¡Qué bonito, el entorno y qué bonito el pueblo!.Visitar Biel es un viaje al siglo XV, una época en la que la mayoría de sus habitantes eran judíos. Al llegar a este pueblo idílico, rodeado de pastos y montañas, destaca la gran torre del castillo que domina el horizonte, un “skyline” medieval impresionante. Su origen se remonta al reinado de Sancho III el Mayor, aunque se cree que la torre, que casi alcanza los 30 metros de altura, es obra de constructores normandos en tiempos de Sancho Ramírez hacia 1060. Ya sólo quedan los muros exteriores, pero aún así, es un edificio impactante. Contaba, en su interior, con cinco plantas de 105 m2 cada una. Lo están restaurando y el Gobierno de Aragón declaró el castillo como BIC (Bien de Interés Cultural), menos mal, un edificio de tal calibre y tanto valor arquitectónico no puede quedar abandonado a su suerte. Biel-Fortificaciones Romanicas del Altoaragon – A. Garcia Omedes (romanicoaragones.com)

El pueblo es pequeño, recorrimos sus calles e intentamos acceder a la Iglesia pero una vez más, nos encontramos con el templo cerrado a cal y canto. Olía a pan recién hecho, y como sabuesos buscamos el horno de leña del que salía un canto de sirenas con olor a pan recién hecho. Son esos momentos de los viajes que merecen la pena. Con el pan caliente, sacamos un poco de jamón y queso que teníamos en el coche y nos brindamos un aperitivo al sol, en un pequeño parque a la entrada del pueblo que nos supo a gloria celestial. Biel quedó registrado en el ranking de la provincia de Zaragoza en el número 1, junto al parque del Monasterio de Piedra.

La comarca de las cinco villas da para mucho. Otro pueblo que merece y mucho la visita, es Uncastillo, pueblo declarado como conjunto histórico-artístico en 1966. Después del buen sabor de boca que nos dejó Biel, este pueblo cercano ya a la frontera con Navarra, nos gustó tanto o más. También coronado por la fortaleza que le dio origen, Uncastillo cuenta con una judería, varias iglesias románicas (San Martín, Santa María, San Juan, San Lorenzo y San Felices) y un Museo en la Torre Homenaje del Castillo.
Museo de la Torre – Fundación Uncastillo (fundacionuncastillo.com)

Calles empedradas, palacios renacentistas, casonas señoriales, portadas con blasones heráldicos, una judería con Sinagoga, una lonja medieval, ¿Merece o no la pena?
Nos llamó la atención la Iglesia románica en honor a San Martín de Tours, ya que Navarra también cuenta con varias iglesias románicas en su honor, como por ejemplo la del pueblo de mi suegra, Orísoain, en la Valdorba. Entramos en el Museo de Arte sacro que alberga esta Igesia y un señor muy peculiar, que vendía las entradas, nos dejó entrar con Tuca y Lola y pudimos ver un video muy interesante sobre los canteros del Camino de Santiago. Fue una bonita manera de despedirnos de Uncastillo, un pueblo que deja huella.

Para coronar el viaje, recorriendo la provincia de Zaragoza, nos quedaba por ver la “joya de la Corona”: Sos del Rey Católico. Llegamos a la hora de comer con un viento cierzo peleón. Lo primero que hicimos fue buscar sitio para comer y acertamos de lleno. Estaba a tope de soldados en prácticas, el restaurante se llama Vinacua. Buen menú, buen precio y un sorbete de cuajada memorable. Tuvimos que dejar a las “niñas” en el coche, imposible comer en terraza con el biruji que hacía.

Después de la opípara comida, recogimos a Tuca y Lola y desafiando el viento que seguía atizando, nos dimos un buen paseo por el centro histórico. Vimos varias casas rurales en Sos del Rey Católico, se nota que este pueblo tiene su público durante todo el año. Atalaya clave como frontera entre los Reinos de Aragón y Navarra, en un principio se llamaba Sos (sobre un alto), hasta que el rey Alfonso XIII le añadió “del Rey Católico” para recordar a la humanidad que fue el lugar donde nació el rey Fernando el Católico en el año 1452.

Del antiguo castillo, en la cima del pueblo, sólo se mantiene la Torre Homenaje y una bella Iglesia románica del s. XII en horno a San Esteban. Descendiendo se accede al trazado de una de las juderías más bellas de Aragón, con una Sinagoga reconvertida en casa rural. La Plaza de la Villa con la casa del pueblo de arquitectura Renacentista es otra obra de arte. La Lonja y el Palacio de Sada, dónde se ubica la oficina de Turismo, son dos edificios que coronan la visita del centro histórico de Sos. Para contemplar  las vistas panorámicas sobre la comarca, hay varios miradores y siete puertas defensivas a lo largo de la muralla que serpentea todo el pueblo.

Otra forma de descubrir esta localidad es la ruta de los lugares donde se rodó la película “el vaquilla” de Berlanga.  Cerca de 300 millones de las antiguas pesetas costo el rodaje, uno de los más caros del cine español. Al director valenciano, Sos le dedica una escultura, ubicada en las inmediaciones de la Iglesia de San Esteban. Pero no sólo esto, también hay repartidas por el centro 12 esculturas de sillas de director de cine con claquetas en donde se reproducen las mejores frases que forman parte de los diálogos de la película. Berlanga unido a Sos, y Sos rendido a su arte. www.youtube.com/watch?v=lND7B7RnVIk

Y así, poco a poco, fuimos volviendo sobre nuestros pasos y dimos por finalizado nuestro paseo por la cuna de Fernando el Católico. Otro rey de reyes nos esperaba en Pamplona para ponerle el broche de oro al viaje. Conciertazo de Sting en el Arena de Pamplona. Yo creo que no dejé de corear ni una sola canción de mi adorado aguijón. Tantos años esperando a verle en directo ….mi sueño se hizo realidad el 15 de diciembre del 2023. ¡INOLVIDABLE!!!

El verbo Zaragozar no se conjuga completamente sin mencionar a la Capi. Tantos años celebrando las fiestas del Pilar en Octubre, dieron para conocer una ciudad abierta, que acoge al viajero desde el minuto uno. Merece capítulo aparte. Prometido. Continuará….

2 comentarios en “«Zaragozando»

  1. No sé si habrá muchas páginas que se detengan en el encanto de pequeños pueblos casi desconocidos como lo hace el mondo lirondo. No me refiero tanto a a Tarazona o el Monasterio de Piedra, que ya tienes sus legiones de turistas sino a otro lugares que se mencionan y que a simple vista de google ya ponen la miel en los labios. Es de agradecer el buen gusto por elegirlos con tan buen tino. Leyendo estos diarios se admira el patrimonio de castillos, murallas y santuarios que resisten en lugares apenas remarcados en los mapas. Un acierto de su autora y un regalo para sus lectores.

  2. Neniiii, no te van a contratar en la Zaragoza vacía jajaja. Yo no conozco nada mas que SOS, Uncastillo y el Monasteiro y creo que, salvo Biel, seguiré sin conocerlo.que tal va todo? Preparada par ala temporada turística? Yo aqui en Casti, el próximo curso sigo en Lisboa y voy a estar en verano con mi madre, haciendo guardia para compensar a mis hermanos. Ya hablamos un día,mándame whatsapp de cuando te va mejor. Un beso grande!!!

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