¡Arde Valencia!


Del 15 al 19 de marzo 2007
Suele pasar a menudo, cuando se escriben diarios de los viajes que se realizan, se tiende a olvidar los lugares más cercanos, donde vives y donde también ocurren cosas. Por eso, y por proximidad, ya que resido en Castellón, a 60 kilómetros de Valencia, me apetece contar en qué consisten las fallas, unas fiestas en las que la capital de la Comunidad Valenciana arde en llamas y ensordece con el ruido de tracas y petardos. Valencia ofrece además muchos lugares de interés para el viajero. Pero vamos por partes, como decía Jack el destripador….(este chiste macabro se lo debo a un amigo, y no puedo evitarlo, me hace gracia). Si hay una fiesta que huele a pólvora y suena a traca y petardos, esa fiesta tiene un nombre: las Fallas en honor a San José. Durante 5 días intensos (del 15 al 19 de marzo) los habitantes de Valencia visten sus mejores galas para honrar al Santo carpintero. La ciudad recibe la primavera, en una fiesta dominada por el fuego (que es lo que la palabra falla significa).

Las calles huelen a pólvora y los “Ninots y fallas” pueblan los rincones, despertando el interés de los que visitan esta ciudad mediterránea. Además de vivir las fiestas, se recomienda pasear por Valencia y dejarse sorprender por una de las ciudades más bonitas de España. Ciudad de rico pasado y ciudad que mira al futuro, Valencia bien merece unos días para descubrirla. http://www.ayto-valencia.es

Dicen que el origen de Las Fallas se halla en los artesanos y, muy especialmente, en los carpinteros de Valencia. Durante el invierno, para aprovechar las últimas jornadas de luz, se utilizaban unos candiles que se colgaban de un artefacto denominados “parots”, muy parecido a un candelabro de varios brazos de troncos o tablas de madera. Con la llegada del buen tiempo, la víspera de San José se quemaban estos aparatos colgados en las puertas de las casas. Más tarde, al parot se le añadieron prendas viejas y otros objetos para quemar, tomando la forma de un espantapájaros. Cada vez fue adquiriendo más rasgos humanos, representando a algún personaje popular del barrio. Así surgió el “ninot” o muñeco, que comenzaría a aparecer acompañado de otras figuras.

El tono sátiro y burlesco de las fallas se complementó con la perfección de las mismas a nivel plástico, dando lugar a los artistas falleros. El día 15 de marzo se lleva a cabo la “plantá” , momento en el cual se “plantan” hasta un total de 700 fallas por todos los rincones de la ciudad. Pero antes de instalar oficialmente las fallas en la calle, unas semanas antes, todos los “ninots” son presentados en una exposición y mediante votación popular se premia al ninot que se salvará de la quema y pasará a formar parte del Museo Fallero. Otro acto que precede al inicio de las fallas es la “Cridá”. Este acto inaugural consiste básicamente en la entrega de llaves por parte de la alcaldesa de la ciudad a la Reina de las fiestas, la “fallera mayor”. Una vez plantadas las fallas, y entregadas las llaves de la ciudad, empiezan las fiestas propiamente dichas. Para disfrutar de este arte fallero hay que despertarse y salir a la calle y los valencianos tienen una singular manera de iniciar los días de fiesta. A las 8 de la mañana los “falleros” tiran petardos y al son de las bandas de música despiertan con ruido infernal a todo el que esté dormido. Este modo de levantar de la cama a la gente se llama la “despertá”.

Para seguir con el ritual del ruido, a las 14:00, desde la Plaza del Ayuntamiento, se produce a diario otro acto, la “mascletá”: cientos de kilos de pólvora y fuegos pirotécnicos explotan y hacen vibrar los cimientos de Valencia. Es un acto cargado de decibelios y una experiencia única que no dejará indiferente a todo el que lo viva en directo.

Como la mayoría de las fiestas españolas, las Fallas también tienen un sentido religioso y la mejor manera de ver los preciosos trajes falleros, es presenciar la entrega floral a la Virgen de los desamparados. Entre comisiones, falleras, músicos y participantes, este evento reúne a más de 140000 participantes que depositan unas 40 toneladas de flores sobre la fachada de la Basílica y la plaza de la Virgen, para configurar el manto de la virgen.

Con la “cremá”, la víspera de San José, el 19 de marzo, llega el final de las fiestas, cuando Valencia se convierte en una auténtica bola de fuego. Verdaderas obras de arte en cartón-piedra arden de un extremo a otro de la ciudad. Es el final pero también el inicio, porque los valencianos, aún con el olor a ceniza en al aire, ya piensan en las fallas del año siguiente. Al ser unas fiestas que se viven básicamente en la calle, el viajero puede disfrutarlas y al mismo tiempo recorrer la ciudad del Turia. Yo personalmente recomiendo este itinerario: en primer lugar, la visita de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, con su complejo de edificios de diseño, obra del arquitecto Santiago Calatrava.

El conjunto de por sí es digno de verse, y si además interesan las ciencias, el museo interactivo sobre la materia y el “Oceanografic”, del que dicen es el mayor acuario de Europa, merecen la visita. Desde allí, el paseo hacia el centro de Valencia, se puede hacer siguiendo el antiguo cauce del río que antaño atravesaba la ciudad, convertido en parques, paseos y lugares de recreo. Pasaremos por delante del majestuoso auditorio, con forma de gran ojo, recientemente inaugurado, y también obra de Calatrava. http://www.cac.es/palau/home Más adelante, hacia el centro siempre, se encuentra el Palau de la música de Valencia. Montserrat Caballé ya dijo en su día que su acústica es única. Para los pobres humanos como yo, que no hemos tenido la gran suerte de escuchar un concierto en la sala, nos queda por lo menos la imagen de su fachada acristalada que cae literalmente sobre el estanque diseñado por Ricardo Boffil y la sensación de frescura, gracias a los espacios verdes que se dibujan en su interior, como un gran invernadero.

Cuesta un poco dejar este “oasis”, en el que casi se te olvida que te encuentras en una gran ciudad, pero hay que seguir ruta, Valencia bien vale unos cuantos kilómetros a pié. Llegamos a la gran vía, flanqueada por edificios hermosísimos del siglo XIX, con sus balcones modernistas, después de haber atravesado uno de los puentes que atraviesan el antiguo cauce del río Turia. Es un paseo muy agradable, especialmente cuando el calor aprieta y la sombra de sus árboles amortigua un poco la temperatura que en verano supera los 40 grados. Desde cualquiera de las calles que dan a la Gran vía se puede acceder a la calle más comercial de Valencia: la calle Colón. En esta calle que va a parar a la plaza de toros y a la estación de trenes (una de las más bonitas que conozco), se encuentran las grandes marcas y los grandes almacenes. Aunque las tiendas más exclusivas, hay que buscarlas en calles aledañas como son la de Marqués de dos Aguas, o la calle Sorni. Antes de seguir ruta hacia la plaza de toros, por la calle Colón, yo recomiendo hacer un alto en el camino y visitar el antiguo y rehabilitado mercado de Colón. De estilo modernista, y construido entre 1914 y 1916, fue rehabilitado en el año 2003, y hoy ha perdido su función de mercado pero se ha recuperado un edificio muy impactante y muy hermoso, que da cobertura a bares y terrazas. A estas alturas de la película, es un lugar agradable para hacer una pausa y renovar fuerzas para seguir la ruta.

Así, llegamos a la Plaza de toros de Valencia, que según tengo entendido es de las más grandes del país. Su construcción en ladrillo rojo no me impresiona mucho, sobre todo si la comparo con la estación de trenes de Valencia, que como decía antes, creo que es uno de los edificios más bellos de la ciudad.Fue diseñada por Demetrio Rives a comienzos del siglo XX y se inauguró en 1917. Su estilo modernista, me recuerda mucho al Secesionismo vienés de Otto Wagner, con la diferencia de que este edificio cuenta con elementos decorativos típicos de la cerámica valenciana. Su entrada con el techado en madera y el suelo de mármol también merece la pena visitarse y al igual que ocurre con otras estaciones-museo, como la de Amberes o la de Orsay en París, las sensaciones son ambiguas, porque por un lado, algunos se detienen a verlas y admirarlas pero, la mayoría de la gente que viaja con prisas, no suele o puede prestarles la atención que se merecen. Yo tengo que decir que siempre que viajo a Valencia en tren, le dedico unos minutos a esta estación que me fascina.

La estación se encuentra en el mismo centro de la ciudad, y por eso, al salir, por su entrada principal, hay dos opciones: la primera es girar a la izquierda y seguir por la calle Guillén Castro hasta alcanzar la zona de museos, con el conocido IVAM de arte contemporáneo y el MUVIM Museo valenciano de la ilustración y la modernidad, o bien, seguir por la avenida que se encuentra justo enfrente de la estación y que conduce a la plaza del Ayuntamiento.

Si tomamos esta segunda opción, llegamos a la plaza principal de Valencia, centro neurálgico de la ciudad. Aquí es donde se celebran las “mascletás” y en donde se encuentran los edificios más impactantes. Además de la fachada del ayuntamiento en sí, destaca el edificio de correos y las mansiones de la calle Barcas. Remontando hacia el norte, seguimos por la calle San Vicente Mártir hacia otra parte importante de Valencia, la Plaza de la Reina, donde se concentran varios lugares de interés. Pero antes y a mitad de camino, imprescindible la parada en uno de mis lugares favoritos: el mercado de la plaza redonda (se llama así, aunque parezca un chiste). Se trata de una plaza muy pequeña, casi inapreciable con un mercado formado por puestos y tiendas de mercería, principalmente. Es un sitio muy entrañable y curioso que merece la pena visitar. A mí siempre me trae recuerdos de mi infancia, cuando pasaba horas y horas en la mercería de mis tías, rodeada de botones y muestrarios de telas.

Cuando por fin se llega a la plaza de la Reina, no hay escapatoria, los mejores buñuelos y la mejor horchata se sirve en la horchatería Santa Catalina, justo debajo de la Torre de la Iglesia del mismo nombre. Los buñuelos son de pecado, pero después de una buena caminata, el pecado de comerlos pasa a ser “venial”. Al otro lado de la plaza, se encuentra el complejo catedralicio, y lo digo así porque en un espacio más o menos amplio, entre la plaza de la Reina y la plaza de la Virgen, tenemos varios lugares de interés religioso y artístico. Si hay una fachada que destaca entre todas, es la puerta Gótica, conocida como la “Puerta de los Apóstoles” del siglo XIV.

La Catedral empezó a construirse en el año 1262 y se edificó sobre una antigua mezquita árabe. Además de la Puerta de los Apóstoles citada previamente, y ante la cual todos los jueves del años a las 12.00 del mediodía, excepto los festivos, se celebra el “Tribunal de las Aguas de Valencia”. También destaca la puerta románica, llamada “Porta del Palau o de la Seo” y la Puerta Barroca o de los hierros del siglo XVIII. Este Tribunal de las Aguas se encarga de dirimir los conflictos por el agua de riego entre los agricultores de la Comunidades de regantes de las acequias que forman parte de él. Yo pensaba que actualmente el acto era más simbólico que otra cosa, pero según parece tiene todo el valor y la autenticidad del mundo.
http://es.wikipedia.org/wiki/Tribunal_de_las_Aguas_de_Valencia.

Otro símbolo valenciano es la torre-campanario de la Catedral, conocida como “Micalet” o Torre del Miguelete. A la izquierda de la entrada de la catedral, esta torre, construida entre los siglos XIV y XV, alberga una escalera tortuosa cuya escalada tiene recompensa: unas vistas espectaculares sobre el centro histórico de la ciudad y sobre el barrio que más me gusta, el barrio del Carmen. Dentro de la catedral, se puede visitar su Museo, en el que se guardan algunas reliquias como el brazo incorrupto de San Vicente Mártir, y el que dicen es el auténtico Cáliz que utilizó Jesús en la última Cena. Pero esto ya son palabras mayores y una cuestión de fe.

Eso sí, si de algo no dudan los valencianos es de su devoción a la Virgen de los Desamparados, cuya Basílica en su honor se encuentra justo detrás de la catedral. Allí, en la plaza de la Basílica es donde transcurre la ofrenda floral que se le hace a la Virgen durante las fiestas de las Fallas. Hay que ver a las falleras emocionadísimas, con la lágrima cayendo mientras ofrecen sus ramos de flores a la Virgen. Un espectáculo único. La Basílica en honor a la Patrona de la ciudad, es original de por sí, tiene planta circular y está unida a la Catedral por un arco superior. Según cuenta la historia, la zona donde está ubicada la Basílica se corresponde con el foro romano de la ciudad, y de hecho, varios sillares de la fachada principal son lápidas e inscripciones de la época romana.

Esa misma entrada principal da a la plaza de la Virgen, donde destaca la fuente de Neptuno con sus 7 fuentes. A simple vista, parece más bien la representación de Gulliver, siempre acompañada de palomas y niños jugando a su alrededor. En este punto ya entramos de lleno al barrio más popular de Valencia, el Barrio del Carmen, por la calle Caballeros, donde a la derecha nos encontramos con otro edificio importante: el Palacio de la Generalitat de la Comunidad Valenciana. Su estilo es una mezcla que va desde el gótico mediterráneo al Herreriano, pasando por elementos renacentistas de varias épocas.

A mí me gusta sobre todo el jardín de naranjos que se encuentra en un lateral, dando a la plaza de la Virgen. Seguimos ruta y nos adentramos en las calles del Barrio del Carmen, que es el barrio de la “marcha”. Quizás por eso mismo se ha hecho famoso, debido a las continuas protestas de los vecinos que se quejan del ruido y de la gente que lo frecuenta. Pero su historia es mucho más amplia y más interesante que las noticias que hablan sobre las quejas de los vecinos. Es un barrio milenario que creció entre dos murallas, la musulmana del siglo XI y la cristiana, del siglo XIV. Entre sus calles y a lo largo de sus más de mil años de historia, El Carmen ha sido tierra de huertas, barrio de gremios, zona de prostitución, sede de conventos e Iglesias y residencia de obreros durante la Revolución Industrial. Lo más recomendable es perderse por sus rincones, tomarse una caña en una de las terrazas, comer en alguno de sus restaurantes castizo o “modelno” y por la noche dejarse llevar por la marea humana que invade los garitos y bebe “agua de Valencia”.

Hay otras opciones para acceder al barrio: entrar por las Torres de Quart o por las de Serrano. Las Torres de Quart, son un par de torres gemelas que formaban parte de la muralla medieval y cuya función era defender la ciudad. Se encuentran en el cruce de la Calle Guillén de Castro y la calle Quart, muy cerca de otro lugar a no perderse en Valencia: el Jardín botánico. Dicen de él que es uno de los mejores jardines botánicos de Europa y es un “remanso de paz y tranquilidad”. Nosotros lo descubrimos un día, después de andar horas y horas por Valencia y su tranquilidad nos supo a gloria bendita! Imprescindible, en la calle Quart, nº 80. Las otras torres, por las que también se accede al centro histórico son las conocidas como Puertas de Serrano. No se sabe a ciencia cierta si el nombre deriva del apellido de una familia importante de Valencia o bien por ser la entrada natural que comunicaba con los caminos que iban a los Serranos (los caminos reales hacia Zaragoza y Barcelona).

Fuese como fuese, su uso, además de defensivo, fue básicamente como entrada principal de la ciudad para la recepción de reyes y embajadores. Ya pasaron los tiempos en los que se recibía o se despedía a los invitados de honor con oropeles, ahora la cosa ha cambiado…. Con menos boato, lo que no es posible es irse de Valencia sin visitar La lonja de los Mercaderes, el mercado central y el palacio del Marqués de dos Aguas. Hay varios Palacios en Valencia, pero éste último destaca por su arquitectura barroca abigarrada. Está situado en la calle Rinconada Federico García Sánchez y fue construido sobre la antigua casa de los Rabassa de Perellós, marqueses de Dos Aguas. Es de planta cuadrada irregular, con torres en las esquinas y su fachada destaca por su impresionante “horror al vacío”… Es sencillamente una pura antítesis al “menos es más” . Tampoco conviene irse sin visitar la lonja de Mercaderes, uno de los edificios góticos civiles más importantes de Europa. Fue construido en el siglo XV, en pleno barrio del Mercat y es una obra maestra del gótico tardío. Aunque parezca más bien un edificio religioso por su magnitud, la lonja, era la sede donde se celebraban las transacciones comerciales y bancarias entre los ricos burgueses de la ciudad. No hay que perderse su patio interior con los naranjos y las gárgolas que asoman en lo alto de las torres. Son espectaculares y muy impactantes.

La siguiente parada no tiene pérdida, el mercado central de valencia se encuentra justo en frente de la Lonja. El edificio es de estilo modernista, se empezó a construir en 1914 y hasta el año 1928 no se inauguró. Tiene una superficie de 8160 m2 y alberga unos 959 puestos, siendo uno de los más grandes de Europa. En su arquitectura se combinan el metal, el vidrio y algunos elementos góticos, como si formara un conjunto con la lonja que realmente sí que es gótica. En el interior se puede comprar todo tipo de alimentos de la huerta valenciana, e incluso adquirir las “típicas” paellas, de todos los tamaños que se venden en los puestos que se encuentran en la entrada del mercado. (Para los no iniciados en el mundo de la paella, los recipientes de metal donde se cocina el arroz, son las paellas y no los paelleros como yo creía cuando llegué a estas tierras).

Se puede decir que el “plato rey de la cocina made in Spain” deriva del recipiente donde se cocina. http://www.lapaella.net/principal.aspx  Y hablando de paellas, hay mil posibilidades de probar el arroz en Valencia, guisado con todo tipo de ingredientes. Pero yo desde aquí recomiendo coger el coche y salir en dirección a la zona de la Albufera, para “coronar” la visita de Valencia. Se trata de un parque natural a unos 15 kilómetros de la capital, un lugar muy agradable para descubrir los arrozales donde se cultiva “la joya blanca” y unos pueblos muy pintorescos, como el Palmar, donde después de comer una paella, o un plato de “all y pebre” (anguilas con salsa de pimentón), se puede dar un paseo en barca por las aguas del parque natural. http://www.albufera.com/portal/. Naturaleza, buena comida, arte, cultura, buen clima y unas fiestas únicas, ¿alguien da más?. Como dijo aquél: CARPE DIEM!!!! Y… AMUNT VALENCIA!

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