Pestiños y torrijas en Málaga


Pestiños y torrijas en Málaga
Del 20 al 25 de marzo de 2011

Paraguas y chubasqueros en la maleta. Han anunciado mal tiempo y ya no vale recurrir al consabido: “si siempre se equivocan los del tiempo”. Hace años que aunque nos pese, no sólo no se equivocan sino que dan pleno al quince… Así que bueno, no nos queda más remedio que prevenir para no lamentar. Aunque eso sí, el bañador y la toalla por si acaso se confunden, la esperanza es lo último que se pierde no?

Es miércoles 20 y el país está desierto. Sí, efectivamente, el gran partido entre el Madrid y el Barça nos regala un auténtico viaje de placer, sin aglomeraciones, sin prisas y sin ningún problema para llegar en tren desde Castellón al aeropuerto de Valencia. Parece mentira que estemos en plena Semana Santa. El vuelo dura una hora escasa y a la 11 de la noche ya estábamos en las oficinas de Goldcar para coger nuestro coche de alquiler. Nos toca un fiat panda casi recién estrenado. Aviso a navegantes: yo suelo alquilar siempre con http://www.autoeurope.es

En cada destino esta mayorista subcontrata a proveedores como Goldcar. Yo no conocía esta compañía y casi pagamos la novatada. Pero no voy a adelantar acontecimientos, porque fue en el momento de la devolución cuando nos encontramos con la sorpresita….

Salimos del aeropuerto y por la circunvalación que rodea Málaga, llegamos al municipio de Campanillas, a unos 15 km del centro, al hotel: www.posadasdeespana.com. Es una cadena de hoteles de 3 estrellas, bastante nuevos, sin ningún problema para aparcar, piscina y desayuno de buffet libre muy completo por 66 euros la doble por noche. Cuando llegamos no tardamos en dormir, el día había sido largo y nos esperaban 4 días intensos por delante.

Jueves Santo
: Málaga capital y Nerja
Los pronósticos no fallan. Nubes grises y algún destello de sol nos saludaron al despertar. A media mañana llegamos al centro de Málaga y aparcamos en el parking justo enfrente de la Iglesia de Santo Domingo llena de gente esperando al paso de la procesión. Al acercarnos pudimos ver que había muchos legionarios. Enseguida entendimos el por qué. Cada Jueves Santo, Málaga recibe el desembarco de la Legión en el puerto. Llegan en el buque de la Armada Española para cumplir con una tradición de la Semana Santa Malagueña: el traslado del Cristo de Mena o también conocido como el Cristo de la Buena Muerte al son de sus himnos y cornetines. Lo “del novio de la muerte” y “a mí la legión””, pensaba que era algo del pasado, pero no, existe, y por lo que pudimos ver, con gran arraigo y popularidad.

Seguimos nuestro paseo por la Alameda principal totalmente habilitada para presenciar las procesiones. Un auténtico placer poder transitar por ella, sin coches, a un ritmo pausado y sin demasiada gente. Los cornetines de los legionarios se escuchan de fondo y nosotros llegamos paseando a la plaza de la Catedral, dónde se ubica también el palacio episcopal con una fachada esplendorosa. El conjunto arquitectónico merece la pena, la plaza está totalmente rodeada de arquitectura barroca y es un regalo para la vista.

La Santa Iglesia Catedral Basílica de la Encarnación es la Catedral de Málaga (España), es una de las joyas renacentistas más valiosas de Andalucía. Está dentro de los límites que marcaba la desaparecida muralla árabe, formando un gran conjunto arquitectónico junto con la próxima Alcazaba y Castillo de Gibralfaro. Fue construida entre 1528 y 1782, siguiendo los planos de Diego de Siloé. El interior es de estilo renacentista. La Basílica, de planta rectangular, está compuesta por tres naves, siendo la del centro de mayor anchura que las laterales, siendo todas iguales en altura, 41,79 metros. La sillería del coro, obra de Pedro de Mena, es una verdadera obra de arte.

Después de verla por fuera quisimos entrar en su interior pero no nos dejaron. Nos quedamos con las ganas literalmente. Seguimos por la calle Cister y llegamos a los pies de la Alcazaba de Málaga. Antes de emprender el paseo en sentido vertical, Daniel tuvo la genial idea de cargar energías como no podía ser de otra manera en estas fechas: una torrija bien azucarada como mandan los cánones de Semana Santa. Buenísima!!!! El mejor carburante para subir hasta el castillo de Gibralfaro desde dónde las vistas sobre Málaga son espectaculares. Merece la pena llegar a la cima, aunque los pulmones se salgan por la boca… El ayuntamiento, las playas, la monumental plaza de toros, el puerto… No hay palabras, hay que verlo.

Por contra, cuando llegas al mirador más alto con el último suspiro y con las piernas ya insensibles, lo peor que te puede pasar es que una dulce vocecita te diga, “disculpe, me puede sacar una fotografía?”- Sí querida, si no te importa deja que llegue, que respire y que tome aire. La puñetera foto, te la haré cuando vuelva a ser persona….Y pienso yo mismamente para mí misma, que obsesión tiene la gente en sacarse fotos de su persona tapando las maravillosas vistas que realmente merecen la fotografía. No lo entiendo, ni lo entenderé nunca. Ese afán por demostrar el “yo estuve allí”. En fin, disquisiciones privadas que nunca tendrán respuesta.

La bajada fue otra cosa, las piernas respondían de mejor forma. Por el lado izquierdo bajamos en dirección a las playas de Málaga, a una de las más conocidas, la playa de la Malagueta. El tiempo seguía gris pero por lo menos no llovía. En uno de los chiringuitos de la playa, mientras nos tomamos unas cañitas pudimos ver el famoso espeto Malagueño. Se trata de una forma de asar las sardinas principalmente, aunque también se asan otros pescados azules, al calor de las brasas, pero ensartadas en cañas de 20 cm de largo. No las probamos porque aún teníamos la torrija en el cuerpo, pero sí que nos pareció que tenían que estar de muerte.

Con el olor a sardinas a la brasa en la nariz, decidimos volver al centro de Málaga por uno de los paseos más bonitos que he visto yo en mi vida. Se llama el Paseo del Parque y es un auténtico vergel de plantas, árboles, palmeras y jardines increíble. Dicen de éste parque que es uno de los mejores jardines tropicales de Europa. Como digo, no sólo es vegetación, también hay rincones de estilo romántico y detalles de tipo regionalista como bancos de obra revestidos con azulejería sevillana; o distintos bustos y obeliscos en memoria de ilustres malagueños y personajes culturales importantes como Rubén Darío, Salvador Rueda o el pintor Antonio Muñoz Degrai. Un remanso de paz, tranquilidad y frescura.

Sin darnos cuenta y disfrutando del parque llegamos al centro histórico de nuevo. Pasando otra vez por la Plaza de la Catedral, llegamos a la calle de las calles Malagueñas: la famosísima Calle Larios. A las horas que llegamos, casi las 3 de la tarde, las calles aledañas estaban a rebosar de gente comiendo tapas y bebiendo. Antes de meternos de lleno en el tapeo, recorrimos la famosa calle, dedicada al Marqués de Larios, promotor de la industria textil de Málaga en el siglo XIX. Peatonal y engalanada de tapices color sangre en sus balcones, la calle es un entorno privilegiado para las procesiones de Semana Santa. La gente pasea y luce sus mejores vestimentas. Un desfile de niños vestidos como pequeños lores ingleses, uniformados, con sus lacitos a juego con los leotardos para las niñas, y sus calcetines largos de perlé a juego con sus jerseys para los niños. ¿Chelsey, Mayfar o la calle Larios? Por un momento dudé. Aunque el olor a fritura y a cañita fresca nos devolvió enseguida a la realidad. Primero optamos por una bodega atestada de gente. Los platos volaban y los camareros con mucha gracia, nos sirvieron a la cabo de un buen rato, una ración de pulpo frito, otra de adobo malagueño (cazón) y dos tortillas de camarones.

Merecía la pena esperar. Seguimos paseando y el sol ya lucía en el cielo, invitándonos a sentarnos otra vez en una terraza para ejercer una de nuestras actividades favoritas cuando viajamos: observar al personal. Esa afición de mirar sin que te miren. Un regalo para los ojos… Volvimos a pedir un par de tapas, y cuando ya creíamos que lo habíamos visto todo, empezaron a oírse gritos y aplausos. ¡¡Antonio, Antonio!!! Sí, el mismo, el mismísimo Antonio Banderas acompañado por su Melanie y un grupo de gente que le rodeaba, pasaron delante de nosotros en procesión. Como el Cristo de la Buena muerte pero en versión hollywoodiense.. ¡Misión cumplida! Fue todo muy rápido pero sí, los vimos en vivo y en directo.

Nos tuvimos que retirar de la terraza. Un equipo de limpieza municipal iba retirando a la gente de las terrazas para echar un líquido en el suelo. Según me comenta Daniel, es para evitar que la cera de las procesiones se quede pegada al suelo. ¡Qué cosas! Y yo sin saberlo…

Seguimos paseando y por detrás de la plaza de la Constitución, de casualidad llegamos a una placita donde se ubica el nuevo Museo de Carmen Thyssen. Ya era tarde para entrar, pero sí dimos una vuelta por la tienda y viendo los libros de las obras que se exponen, nos quedamos con las ganas de visitar el museo. Tendremos que volver a éste y al de Picasso. Asignatura pendiente.

El sol que nos había lucido hasta entonces dio paso a unos nubarrones negros que presagiaban lo peor. Recorrimos más calles, más iglesias, hasta que no nos quedó más remedio que refugiarnos en una cafetería cuando empezó a caer el diluvio universal. Justo en la hora en la que mucha gente esperaba en las puertas de las cofradías a la salida de las procesiones de la tarde. Los capirotes mojados, las túnicas encharcadas y muchos rostros desencajados y tristes. Pero bueno, aún quedaba mucha Semana Santa por delante. Esperamos a que descampara un poco y cogimos el coche del parking para irnos de Málaga. Nos fuimos a Nerja.

Todo el camino a Nerja lloviendo. Cuando llegamos en poco menos de una 1 hora por la autovía, paró la lluvia y nos dejó disfrutar de un sitio que habíamos visto mil veces en la tele por la famosa serie de Verano Azul. Nos costó aparcar el coche pero así, dando vueltas, pudimos ver el barco de chanquete a modo de reclamo publicitario y un parking con los mojones identificados con los títulos de los capítulos de la serie. ¡Puro Marketing!
Tantas vueltas con el coche para encontrar una maldita plaza… lo que hubiese dado por tener la bici de Piraña o de Desi para poder recorrer Nerja como en la serie. Al final, casi a punto de rendirnos encontramos un sitio y andando llegamos al centro del pueblo con unas vistas al mar increíbles. El conocido balcón de Europa es uno de los lugares más bellos que he visto hasta ahora. A primera vista, según ves el balcón de lejos, recuerda mucho al cuadro de Dalí de Gala mirando por la ventana al mar. Una ventana al mar, con sus geranios rojos, abierta a la inmensidad de un mar azul y a un cielo calmado después de la tempestad. Sólo por estas vistas merece la pena desplazarse hasta Nerja.

Después de un buen rato disfrutando de las vistas, recorrimos el centro del pueblo, por sus calles de casitas blancas y verjas adornadas con geranios de distintas tonalidades. Al caer la noche, decidimos volver a Málaga por la costa. Es un recorrido al borde del mar que no está mal, pero cuando ya no pudimos ver nada porque era de noche ya, optamos por recuperar la autovía hasta Campanillas, nuestro hotel. Al día siguiente nos esperaba el interior de la provincia.

Viernes Santo: Antequera – Ronda

Lluvia, y más lluvia….La piscina del hotel, nuestros bañadores en la maleta tendrían que esperar. La costa del Sol era la costa de la lluvia. Carretera y manta hacia Antequera. Menos mal que a unos 15 km de la costa hacia el interior, carretera de Córdoba, los cielos iban clareando conforme íbamos hacia el interior. Espectacular el paisaje de los campos de trigo verdes como una alfombra sólo interrumpida por la figura de los cortijos blancos. Sin tráfico apenas, los 45 km que separan la costa de este pueblo son un regalo continuo para la vista. Cuando llegamos a la rotonda que giraba hacia Antequera vimos que Córdoba quedaba a unos 160 km y por un momento dudamos en irnos hasta allí para comer. Pero no, fuimos prudentes y giramos hacia Antequera, siguiendo nuestros planes iniciales.

Más grande de lo que yo pensaba. Siguiendo la calle mayor, subimos hasta la alcazaba en la cima, donde nos esperaban unas vistas sobre la localidad impresionantes. Las nubes volvieron a enturbiar el cielo, y justo cuando empezó a llover, nos metimos en una iglesia que estaba a rebosar de gente. Gente vestida con sus mejores galas, rodeando las tallas religiosas rebosantes de flores. Al entrar nos impusieron unos lacitos negros y rojos de la cofradía y nos dejamos llevar por el fervor religioso que allí se respiraba. Hombres, mujeres y niños no dejaban de mirar al cielo, implorando con la mirada que dejara de llover para poder sacar más tarde a sus imágenes en procesión. Media hora más tarde, el cielo se apiadó y pudimos seguir nuestra vista por la Alcazaba y la Colegiata de Santa María. El interior de la colegiata es muy sencillo y muy interesante de ver. Un contraste con el barroquismo de la iglesia que acabábamos de visitar. Desde las torres de la Alcazaba, en el punto más alto de Antequera disfrutamos de unas vistas inmejorables y del perfil del llamado Monte del Indio. Realmente se llama Peña de los enamorados, pero todo el mundo lo conoce como el monte del indio, ya que el dibujo que forma la montaña parece el rostro de un indio recostado.

No puedo contar las fotografías que tomé de Antequera desde las torres de la Alcazaba, muchas, muchísimas- Volvimos al coche y bajamos al centro del pueblo para seguir nuestra visita. Aparcamos en la calle mayor y desde allí fuimos recorriendo el centro histórico que nos descubrió una ciudad de gran riqueza con sus casas-palacio, sus edificios oficiales con fachadas barrocas y neo-clásicas y sus iglesias repletas de gente. Era viernes Santo, y en ese día los creyentes visitan todas las iglesias de la localidad donde viven. Sin querer, y después de comprar unos pestiños para probarlos (ya habíamos comido torrijas y ahora tocaban pestiños), nos encontramos con otra Iglesia, la Iglesia del Carmen, de la que no paraba de entrar y salir gente. Antes de entrar vimos un cartel que ponía “Andalucía barroca” y nada más cruzar el umbral, nos quedamos extasiados. No quedaba un hueco vacío, los muros laterales cubiertos de frescos florales daban paso a un altar magníficamente tallado en madera en el que todo era grandioso, equilibrado y barroquísimo. Es difícil que tal nivel de abigarramiento resulte hermoso y en este caso lo era con creces. Un descubrimiento inolvidable. A la belleza de la iglesia se unía el valor de las imágenes que allí esperaban su salida en procesión y el olor a flores que inundaba el ambiente. Sin querer, como comentaba antes, acabábamos de vivir uno de los mejores momentos del viaje.

Eran casi las 3 de la tarde y teníamos que seguir nuestra ruta hacia Ronda. Antes de dejar Antequera tomamos unas tapas, y probamos una especie de salmorejo que en Antequera se llama “porra antequerana”. Con más tiempo nos hubiese gustado ver las famosas “Vegas” de Semana Santa pero no podíamos teníamos que seguir nuestra ruta. Los desfiles procesionales de Antequera cuentan con una serie de peculiaridades que los hacen únicos en el conjunto de la Semana Santa andaluza. Por una parte, son muchos los antequeranos que acompañan a las imágenes vistiendo el hábito de nazareno portando cirios, cruces o detrás de los tronos a modo de promesa. Por otra parte los pasos son portados al hombro – a diferencia de los costaleros- por los hermanacos, caracterizados por su indumentaria y por el uso de “horquillas” para sostener el trono cuando está parado. “Correr la vega”, consiste en subir corriendo los tronos de algunas cofradías por las empinadas cuestas que, al final del recorrido procesional, llevan a los templos-sede. Al parecer, el sentido tradicional de esta costumbre era el de bendecir, desde los cerros de la ciudad, las fértiles vegas que en su día fueron la primera fuente de riqueza de la población.

De nuevo el camino hacia Ronda, en dirección a Sevilla, fue un regalo para la vista. Campos inmensos de trigales verdes y sin apenas tráfico. El sol empezaba a brillar y a ganar espacio, entre unas nubes que se resistían a desaparecer. Cuando finalmente llegamos a Ronda, lo hicimos por la parte posterior, sin poder ver las casas blancas encaramadas en los peñascos, tantas veces fotografiadas. Ya tendríamos tiempo de sobra de ver la ciudad desde todos los ángulos. Fuimos primero al Hotel Sierra Hidalga: www.hotelsierrahidalga.com que se encuentra a las afueras de Ronda, en la carretera de San Pedro de Alcántara. Es un hotel recomendable, con habitaciones muy amplias y a un precio no muy alto (75 euros la doble). El único pero que tiene es que el desayuno no está incluido, y además es bastante escaso. Dejamos las maletas, echamos una siesta y nos fuimos a “patear” uno de los pueblos más bonitos de España.

Merece la pena aparcar en el parking municipal que está junto al Ayuntamiento. Aparcar en el centro, se puede convertir en una pesadilla. Desde el primer momento Ronda embauca al viajero. Perderse por sus calles empedradas, por sus parques, por su centro histórico y contemplar las vistas desde el puente nuevo no tiene desperdicio. La ciudad se asienta sobre una meseta cortada por un profundo tajo excavado por el río Guadalevín, al que asoman los edificios de su centro histórico. Siempre hay turistas, es uno de los puntos de interés turístico más importantes de Andalucía.

Otro de los puntos a no perderse es la plaza de toros de Ronda, propiedad de la real Maestranza, que por su historia y su arquitectura, y por su carácter y belleza está reconocida como una de las más antiguas y una de las más monumentales que existen. No es por casualidad. Ronda se considera una de las cunas de la tauromaquia moderna surgida en el siglo XVIII. En el siglo XX, una segunda dinastía de toreros rondeños, los Ordóñez, constituye otra aportación de Ronda a la historia de la Tauromaquia. Sus dos figuras fundamentales fueron Cayetano Ordóñez (1904-1961) y su hijo Antonio Ordóñez (1932-1998), que despertaron, por su manera de concebir el toreo, el interés de personalidades como el cineasta Orson Welles y del escritor norteamericano Ernest Hemingway, a los que dedicó obras como Fiesta y Muerte en la tarde. Fueron los Ordóñez los que inauguraron en 1954 la corrida goyesca de Ronda, con motivo de la celebración del II Centenario del nacimiento de Pedro Romero. Desde entonces se han convertido en una de las citas más llamativas del calendario taurino, además de constituir un acontecimiento social. Se trata de un festejo con el exorno, vestimenta y el aparato de los tiempos de Francisco de Goya. La corrida tiene lugar a principios de septiembre, coincidiendo con la más popular de las tres ferias que celebra Ronda, junto a una exhibición de carruajes y enganches y una corrida de rejoneo. (Información: Wikipedia).

Nos hubiese gustado entrar en el interior de la plaza pero estaba cerrada a cal y canto. Seguimos nuestro paseo por la calle comercial de Ronda, la calle Espinel, también conocida como la calle de la bola, porque al estar ligeramente inclinada, dicen que los niños hacían rodar bolas de nieve desde arriba. Nosotros bolas no vimos, pero sí mucha gente paseando y muchas tiendas.

Andando, andando y “rodeando Ronda”, llegamos a la Iglesia de la Merced, donde nos colamos impunemente, mezclándonos entre los cofrades de la Soledad que estaban ensayando la salida de la procesión. Capirotes, cirios y madres histéricas que no dejaban de retocar las medallas y las túnicas de sus niños nazarenos. Por un momento pensé que nos iban a expulsar pero no, pasamos un buen rato de “extranjis” hasta que nosotros mismos optamos por salir al exterior y esperar a la salida de la procesión como todo el mundo. ¡¡Qué frío hacía!!. El sol que nos había respetado toda la tarde durante nuestro paseo por Ronda, se había escondido y dado paso a un aire congelador. Aguantamos unos minutos, pero viendo el panorama, decidimos irnos. Y no nos equivocamos. La procesión finalmente se suspendió por el mal tiempo. Qué pobres! Me dieron lástima- Los niños que habíamos visto en el interior, se temían lo peor, después de 1 año de preparativos y se cumplieron sus malos pronósticos. La Virgen de la Soledad no salía en procesión. Qué pena….
Ya era de noche y el frío arreciaba- Volvimos al hotel y nos “regalamos” una cena rondeña en el asador la Parrilla. A la salud de un buen Crianza de Protos , nos deleitamos con una sopa caliente de picadillo con picatostes y unos riñones encebollados que para sí hubiesen querido los dos rondeños de adopción: Orson Wells y Hemingway.

Sábado Santo: Cartajima – Marbella
Ronda en la memoria, seguíamos rumbo a la costa de nuevo. Pero antes pudimos disfrutar de la Serranía de Ronda y de algunos pueblos perdidos como Cartajima, conocido también como el “Cádiz chico”. Me habían hablado de la ruta de pueblos blancos desde Ronda hasta Marbella pero en la recepción del hotel no supieron decirnos cuál era la ruta exacta así que decidimos adentrarnos por las carreteras comarcales en busca de algún tesoro. Y sí, por lo menos encontramos uno llamado Cartajima.

Se levanta como una atalaya a 846 m. de altitud, en los riscos de su mismo nombre, sobre el Alto Genal en la Serranía de Ronda. Está situado en la Sierra del Oreganal rodeado encinas, castaños y olivares. A lo largo del siglo XIX el pueblo vivió un fuerte desarrollo económico gracias al cultivo de la vid y a la explotación de los yacimientos de hierro existentes en el municipio, lo que propició la creación de una fábrica de cañones y que la población llegase a conocerse como el “Cádiz Chico”. Por sus empinadas y blancas calles nos perdimos y disfrutamos de uno de esos lugares en los que siempre piensas: “el día que me retire, aquí me encontraréis”. El paisaje es agreste, montañoso y casi inhabitado. Uno puede perder la noción del tiempo en pocos minutos. Pero teníamos que seguir ruta y así lo hicimos.

Retomamos la carretera general y en menos de media hora llegamos a la Costa más populosa y visitada del país, la Costa del Sol. Primero accedimos a San Pedro de Alcántara y desde allí por la nacional 340 a Puerto Banús en Marbella. Tan lejos y tan cerca del paraíso Rondeño, habíamos llegado a la Meca del turismo español: la ciudad dónde los “bandoleros urbanos” aún siguen ocupando portadas de periódicos, día sí y día no, por sus escándalos de corrupción.

¿Qué queda de los buenos tiempos en los que el Aga Khan o Grace Kelly fueron algunos de los invitados a la inauguración del Puerto? Pues más bien poco. Siempre se han paseado por sus muelles, en sus Ferrari, Bentley o Aston martin la “crème de la crème” de la alta sociedad. El “Gotha” como dice el Vanity Fair. Y ahora? Pues lo que pudimos ver son todas las tiendas de las mejores marcas vacías, 4 ricos perdidos paseando con sus bugas y mucho curioso de clase media-baja merodeando por allí, con la esperanza de que esto de la opulencia se contagie. Algún que otro yate de enormes dimensiones sigue “varado” en los muelles, pero no sé hasta qué punto están parados por imperativo económico o esperando a que los príncipes saudíes los saquen a pasear de vez en cuando. La crisis también ha llegado a Puerto Banús definitivamente.

Escasos 45 minutos estuvimos allí y el parking nos salió por 3,90 euros… Sin comentarios.
¡¡Bienvenidos a Marbella!!!! Qué bien estábamos en Cartajima, perdidos en la Serranía…
Menos mal, que por lo menos teníamos reservado el hotel en el centro histórico del pueblo de Marbella, lo único que merece la pena visitar. Después de dar varias vueltas sin resultado, decidimos dejar el coche en el parking municipal y buscar el hostal el Gallo a pié. En el camino repostamos con unas cañitas en un bar, muy cercano a la famosa plaza de los Naranjos, donde se ubica el Ayuntamiento más televisado del país, por sus escándalos y desgraciados alcaldes.

El Hostal el Gallo me lo habían recomendado, y a pesar de ser un hostal, es una de esas “perlas” que se encuentran de vez en cuando en nuestro machacado y degradado sector hotelero. Sencillo, céntrico, tranquilo, limpio y al mejor precio, con un trato personal de 5 estrellas. http://www.tripadvisor.es/Hotel_Review-g187439-d667028-Reviews-Hostal_El_Gallo-Marbella_Costa_del_Sol_Andalusia.html. Restaurante inmejorable, comida casera de calidad, y dónde por cierto se cumple aquello de “vete a comer donde vayan los locales” y allí estaban, los marbellíes de pura cepa comiendo en el Gallo, cuando entramos a su comedor. Exquisito el salpicón de marisco y el gazpacho. De ración pedimos calamar a la plancha y el susto que nos dimos cuando vimos el animalito en el plato fue de órdago. No exagero si digo que se salía del plato el bicho. Buenísimo, aunque no pudimos acabarlo. ¡¡¡Inconmensurable el calamar marbellí!!!!

Nos vimos obligados a echar la siesta después del “asalto del calamar gigante”. Cuando volvimos a salir, paseamos por las calles del pueblo de Marbella y llegamos hasta las playas. La playa urbana de Marbella no tiene nada de especial, pero sí merece la pena echar a andar y pasear por los kilómetros de playas hacia el sur, hacia Puerto Banús. Todo está urbanizado y a medida que sigue el paseo marítimo, llega un momento en el que el suelo es de tierra batida y donde los muros laterales, esconden jardines inmensos y casas espectaculares. Parece como si los habitantes de esas mansiones hubiesen cortado el paseo para que no pase tanta gente.

Nosotros seguimos igualmente hasta una especie de dique, que recuerda mucho al famoso dique de Brighton en Reino Unido. Justo allí se encuentran los jardines que dan a la playa del Marbella Club, el famosísimo hotel fundado por uno de los personajes míticos de Marbella, Alfonso de Hohenlohe. En un principio era su residencia habitual y en los 80 fue renovado como hotel de lujo en plena milla de oro. Por sus habitaciones han pasado Ava Gadner, Laurence Olivier, Cary Grant y Audrey Hepburn entre otras estrellas.
Nosotros nos colamos por sus jardines hasta llegar a la recepción sin que nadie nos dijese nada. Viendo los jardines y los bungalows tan cuidados y en un ambiente tan tranquilo, nos hubiésemos quedado un par de noches sin problemas. Pero, ¿cómo íbamos a traicionar a nuestros anfitriones del Hostal el Gallo?. Imposible. Somos gente de palabra….

Salimos a la carretera general, a la entrada principal del Marbella club y volvimos sobre nuestros pasos hacia el centro de Marbella de regreso. Escaparates de las mejores firmas de mobiliario iban distrayendo nuestra atención. Y digo mejores firmas pero también digo de los peores horrores. Aún no se me han ido de la mente las griferías de oro en forma de cisne y las bañeras totalmente cubiertas de oro que nos hicieron acelerar el paso, ¡¡¡qué horror!!!

Otro de los lugares que llamó nuestra atención fue la concejalía de urbanismo de Marbella. Me sorprendió que no tuviese pintadas, que la gente no se haya atrincherado delante de este símbolo de la corrupción más descarada, después del saqueo que han llevado a cabo durante tantos años. Pero en fin, los marbellíes deben ser gente pacífica. Nuestro paseo había durado casi 3 horas, y poco antes de llegar al centro, nos paramos a tomar unas cañitas para compensar el esfuerzo. Ya era de noche y callejeamos el centro buscando un sitio para cenar. Nos habían recomendado el restaurante Altamirano, un sitio de solera donde se come el mejor pescado frito y marisco fresco. Su decoración es austera, es un sitio popular, decorado con banderas y bufandas de fútbol de todos los equipos. No tuvimos suerte, llegamos y estaba lleno y con gente esperando. Aunque pensándolo bien, justo en ese momento empezó a llover, y la suerte fue de no habernos sentado en la terraza del restaurante. Estaba claro: cena en nuestro querido restaurante del hostal, botella de vino blanco fresquito con unos langostinos a la brasa. ¿ Dónde íbamos a estar mejor atendidos?.

Volvimos a salir para despedirnos de Marbella, y cerca del hotel en una terraza de lo más frecuentada nos tomamos una copa. ¡Qué espectáculo! Dos parejas de guiris cincuentones intentando coger un taxi después de cenar. El uno llamando al taxi como si hubiese visto la Virgen de Lourdes, el otro intentando pagar a la camarera manteniendo a duras penas el tipo, las consortes empujando el cuerpo hacia adelante, haciendo eses hasta llegar al taxi y poniendo el culo en pompa para entrar en el auto. ¿Pero tan caro es el alcohol en otros países que tienen que venir aquí a beberse hasta el agua de los floreros?. Lo bueno de la edad es que estos pobres llegarían al hotel ya dormidos, no los veo yo tirándose a la piscina desde los balcones como hacen sus compatriotas más jóvenes.
Copa y espectáculo gratis. Nos había salido la noche redonda. Era hora de dormir.

Domingo de Resurrección:  Mijas
El avión de regreso a Valencia salía a las 7 de la tarde, teníamos casi todo el día para volver a Málaga sin prisas. Desayunamos tranquilamente, y cogimos el coche del parking en dirección Norte. Pasamos por debajo del gran arco que forma el nombre de la ciudad, a la medida y memoria del gran melómano que en paz descanse, el recordado por muchos y odiado por otros tantos, Jesús Gil y tal y tal.

Fuengirola, una gran urbe de bloques y más bloques de cemento salió al encuentro, pero nosotros queríamos ir a la montaña, hasta el pueblo de Mijas.

Hay que subir y subir. Escapar de las ciudades costeras y de las aglomeraciones playeras. En la cima de las montañas se encuentra este pueblo blanco, encaramado en las rocas y con unas vistas espectaculares sobre el Mediterráneo. A pesar de que es un lugar muy turístico, sigue guardando su encanto. Los famosos burros-taxi dan la bienvenida al visitante. Según cuenta la historia en Mijas, a comienzos de los 60, algunos trabajadores que regresaban a sus casas en burro, eran requeridos por los visitantes para fotografiarse o dar una vuelta. Casi siempre, las propinas superaban a sus salarios. Surgió, así, un oficio más. Hoy, los Burros-Taxis, son toda una institución Mijeña y uno de sus principales atractivos turísticos, ascienden a 60 y han obligado al Ayuntamiento a construir un aparcamiento especial para ellos.

Después de ver la ermita de la Virgen de la Peña, ubicada en una roca frente al mar, seguimos nuestro recorrido por el centro del pueblo, perdiéndonos una vez más por sus calles empedradas y de muros encalados. Cerca de la plaza mayor, se ubica una casa-museo que muestra las tradiciones, usos y costumbres de la comarca- Lo lleva Carmen Escalona, una ceramista muy popular que recibe a los visitantes como si nos conociese de toda la vida. Nos gustó mucho una de sus obras expuestas que muestra una plaza de toros, donde los toros son espectadores y el hombre es el animal.

Salimos del museo porque empezamos a escuchar música de procesión de Semana Santa. Por fin, íbamos a tener la oportunidad de ver una procesión, después de 3 días sin suerte por el mal tiempo. La Banda de Cornetas y Tambores resuena de manera contundente. Sus miembros vestidos con unos trajes de gala de color azul, destacan por el brillo de sus cascos y galones en color dorado. La gente está callada y cuando por fin va bajando el paso del Cristo resucitado, por una cuesta, al son de las cornetas y tambores, los aplausos, vítores y pétalos de flores invaden el espacio. Es muy emotivo. En esos momentos brilla el sol con fuerza y la gente aplaude aún más, cuando ven aparecer otro paso en miniatura, llevado por costaleros que son niños. Son niños que ese año van a hacer la primera comunión y es muy entrañable verlos sujetando el paso, imitando a sus mayores. Nos gustó mucho esta procesión. Sin saberlo y por casualidad habíamos presenciado una procesión original, única.

Dejamos Mijas a la hora de comer con la intención de llegar a Málaga y volver a tapear en la capital. A pocos kilómetros nos topamos con un embotellamiento que obstaculizaba la entrada a Málaga. Aún quedaban 15 km de cola. Menos mal que íbamos con tiempo, porque este tipo de imprevistos me suelen poner muy nerviosa. En cuanto vimos una salida al aeropuerto la cogimos y sin apenas tráfico llegamos al centro de Málaga por el puerto. Teníamos un par de horas para tapear antes de entregar el coche de alquiler. Y así lo hicimos, aparcamos en el parking al lado de la calle Larios, y nos perdimos por las calles aledañas para despedirnos con sabor a cazón adobado y a pulpo frito.

Y así acabó nuestra Semana Santa Malagueña. Un año más por tierras andaluzas, sintiendo y saboreando una manera de vivir la Semana Santa diferente. Pestiños y torrijas, lloros y sonrisas, Barroco y sentimiento. Andalucía siempre.

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