Keep calm…. You are in Menorca


2012-04-30 19.28.30.jpg

Del 1 al 5 de mayo de 2013
A María, nuestra guía

Jueves 1 : Mahón, Sant Lluis, y Binibéquer Vell
Menorca era una asignatura pendiente en nuestra lista de viajes preferentes. Tan distinta a Ibiza, tantos reportajes leídos sobre sus calas de aguas transparentes, sobre sus paisajes dignos de una Reserva de la Biosfera, habían calado en nuestro imaginario y por fin teníamos una oportunidad de descubrirla, aprovechando la estancia de mi madre, de Ana Mª y de Anina que disfrutaban de un viaje del IMSERSO. Para recorrer Menorca alquilamos un coche que nos permitió conocerla al completo. Además, contábamos con una larga lista de sitios recomendados por María, que nos sirvió de guía para no perdernos ni un solo rincón. Primero aterrizamos en Menorca nosotros, directamente desde Valencia con Ryanair. En menos de una hora llegamos al aeropuerto de Mahón, sin apenas gente, ni colas de espera, cogimos un bus que nos llevó a la central de alquiler de coches. En 10 minutos llegamos desde el aeropuerto al centro de la ciudad de Mahón, en catalán Maó, la capital de la isla. Por un laberinto de calles estrechas y sinuosas, conseguimos aparcar en una calle paralela a la plaza Explanada, una plaza rectangular de gran tamaño, rodeada de terrazas y de muy buen ambiente. Desde allí iniciamos nuestro recorrido por el centro de esta bella localidad que se ubica en un promontorio y se deja “caer” literalmente al mar, formando uno de los puertos naturales más extensos y bellos del mundo, con sus 5 km de longitud, sólo superado por el puerto natural de Pearl harbour: http://es.wikipedia.org/wiki/Puerto_de_Mah%C3%B3n

Es impresionante ver el puerto desde el mirador que se encuentra junto a las escaleras que bajan al mar. Cuando llegamos, en ese mismo punto estaba atracado un buque de crucero turístico enorme. Parece ser que Mahón está adquiriendo cada vez más protagonismo en la lista de destinos elegidos en las rutas de los cruceros. Debe ser increíble llegar a Menorca por mar, a este puerto tan especial. Tan o casi tan bello, cómo cuando llegamos por primera vez a Malta, atracando en el puerto de la Valleta al amanecer. Llevábamos pocas horas en Menorca y ya nos había enganchado su belleza, el viaje prometía y mucho.

El centro de Mahón es prácticamente peatonal. En sus empinadas calles, pudimos ver edificios modernistas como la casa Mir, o las casas señoriales de la calle Isabel II, vestigios de una próspera burguesía. Siguiendo el paseo por el centro, encontramos el Mercat de Peix (mercado de pescado), construido sobre un antiguo baluarte del siglo XVIII o el claustro del Carme, donde hay un mercado de productos artesanales típicos de Menorca. Todos los puestos estaban cerrados por ser el 1 de mayo pero quedamos en volver porque no podíamos irnos de Menorca sin comprar quesos, embutidos y la famosísima ginebra Xoriguer, con la que se hacen los mejores gin tonics del mundo y la famosa “pomada” menorquina, con limonada o granizado de limón.

Cerca del mercado, seguimos nuestro recorrido pasando por delante de la fachada neogótica del Ayuntamiento y por el Principal de Guardia, un edificio de ese color rojo inglés, tan característico de Mahón. Pasear por las calles de Mahón es una auténtica gozada, edificios majestuosos, calles empedradas y limpias, miradores al puerto con unas vistas impresionantes. Es como si se detuviese el tiempo en una época indeterminada porque a pesar del marcado estilo británico de sus edificios, el paisaje, las flores, el mar…. Huele todo a Mediterráneo. Merece la pena entrar en las iglesias de Sant Francesc, El Carme o la Iglesia de Santa María que alberga un órgano monumental de principios del siglo XIX.

Otro rincón fabuloso es el mirador al puerto desde la Plaza Miranda. Las vistas sobre la entrada del mar a Mahón, se miren por dónde se miren, son espectaculares. El paseo en barco desde el embarcadero hasta la salida al mar, unos 5 km de recorrido, es algo a no perderse bajo ningún concepto. El punto de salida principal está ubicado en la parte baja del ayuntamiento, bajando por una escalinata que se ve perfectamente desde el centro histórico. Además, suelen ser catamaranes con fondos acristalados para ver tener visión submarina cuando se alcanza la Fortaleza de Isabel II , “ La Mola”. Es un paseo inolvidable, realmente una experiencia a no perderse. A ambos lados, en las dos orillas que van marcando el puerto natural, se ven mansiones de veraneo (Serrat, Victor y Ana Belén, y Mercedes Milà, son algunos de los privilegiados), mansiones de estilo británico, con ese color rojo inglés tan especial, y algún que otro hotel con unas vistas impagables. Cuatro islotes completan el recorrido: el más grande es el llamado Lazareto de Mahón, actualmente es propiedad del Ministerio de Sanidad y sirve como residencia de veraneo para funcionarios del ministerio. En el siglo XIX sirvió de Lazareto, hospital dónde se aislaba a los enfermos infecciosos. El segundo islote es la isla del Rey, en honor a Alfonso III, conquistador de Menorca en el año 1287. La tercera isla es la Isla Pinto, que en su día tuvo uso militar pero hoy en día está en desuso y el cuarto islote, el de la Cuarentena, antiguo lazareto del puerto que también tuvo uso militar pero hoy está abandonado.

A media tarde, decidimos dejar Mahón para seguir ruta hacia el otro lado de la isla, dónde se encuentra Ciutadella, la “otra capital” de Menorca, más anárquica, menos militar, más barroca, menos británica, más mediterránea. En el camino, por la carretera principal que une las dos ciudades en línea recta, cogimos un primer desvío hacia el pueblo de San Luis. Para llegar a este pequeño pueblo cruzamos caminos rurales sinuosos, en los que hay que echarse a un lado cada vez que viene otro coche de frente. Toda la isla es un laberinto de caminos con paredes de piedra seca y vegetación Mediterránea: olivos, almendros y algarrobos. De vez en cuando, te puedes cruzar con piaras de cerdos negros autóctonos con dos tetillas (mamellas) que les cuelgan de la papada y que te hacen pensar en la sobrasada tan exquisita que sale de esas carnes.

Menorca es un punto de gran valor estratégico en el Mediterráneo por eso a lo largo de la historia ha sido una isla codiciada y conquistada por franceses, ingleses, fenicios, musulmanes y españoles. San Luis fue fundada por los franceses y lleva el nombre en honor al rey Luis XV de Francia. Tampoco es que sea un pueblo tan destacable como Mahón o Citadella pero sí que merece la pena pasear por su centro de alienadas calles, al estilo francés, y echar un par de fotos al famoso Molí de Dalt, construido en el siglo XVIII y restaurado en el año 1987.

Cerca de San Luis, se encuentra otro punto de interés turístico de la isla: el pueblo de pescadores, llamado Binibéquer Vell. En realidad se trata de un poblado construido en los años 70 imitando los auténticos y tradicionales poblados de pescadores. El lugar es bonito pero también polémico. Se podría decir que la copia está lograda. En verano es uno de los lugares más visitados de Menorca, por eso, agradecimos poder pasear por sus calles encaladas sin apenas gente. En el pequeño embarcadero, las aguas eran tan cristalinas que pude sacar varias fotos de medusas de varios colores y tamaños. ¡Increíble! Desde Formentera no había vuelto a ver aguas tan cristalinas como éstas. http://www.disfrutamenorca.com/binibeca

Si en el camino a San Luis vimos muros de piedra seca, al salir de Binibéquer en dirección a nuestro hotel, cerca de Ciutadella, vimos varios monumentos megalíticos que la denominada cultura talayótica dejó en Menorca: talayots, navetas y taulas. Estos restos que se encuentran diseminados por toda la isla, demuestran que la isla fue poblada a comienzos de la Edad de Bronce. Los talayots tenían varias funciones: de vigilancia, de monumento funerario o de mera residencia del líder del poblado; las navetas son construcciones funerarias, casi exclusivas de Menorca, y las taulas, los monumentos ceremoniales más emblemáticos de Menorca, son santuarios cuyos recintos tienen forma de herraduras, parecidos a los mallorquines, pero con elementos centrales que parecen mesas (taulas en catalán). Más información sobre las rutas existentes para ver estos monumentos: http://rutasmenorca.com/?page_id=818

Desde Mahón a Citadella hay 47 km, llegamos a nuestro hotel justo a tiempo de ver uno de los muchos atardeceres alucinantes que ofrece Menorca, en el horizonte de las calmadas aguas de la cala Santandria. El alojamiento lo busqué por Internet y lo recomiendo al 100%. Se trata de un aparta-hotel con piscina y a escasos 50 metros del mar. Cales de Ponent apartamentos: http://www.calesdeponent.com/es/home/ . Por una media de 50-60 euros, alojamiento para dos personas por noche con desayuno, en un apartamento con cocina. Las instalaciones están muy bien, los apartamentos están cuidados y limpios, en un lugar muy tranquilo. La única pega es que hay mucho niño chillón, por muy rubio y holandés que sea. Pero bueno, Menorca es ante todo una isla de vacaciones en familia, y eso hay que asumirlo.

Cerca de los apartamentos hay un pequeño supermercado con precios algo más altos pero se puede ir caminando. Si no, en dirección hacia Ciutadella hay varios supermercados de grandes cadenas dónde se puede hacer la compra más económica. Nosotros optamos por cenar algo en el apartamento y después de cenar fuimos al hotel, donde tenían que llegar esa noche nuestras compañeras de viaje: mi madre, Anina y Ana María. Llegamos a tiempo de darles una sorpresa cuando bajaron del autobús. Venían cansadas así que optamos por dejarles descansar y vernos al día siguiente.

Viernes 2: Cala Morell, Es Mercadal, Cap de caballería
Mañana de relax en la piscina de nuestro apartahotel, aprovechando que las “chicas” tenían que descansar y aclimatarse a su nuevo hogar temporal. El agua de la piscina estaba fría no, lo siguiente, pero viendo a los querubines holandeses tirarse sin contemplaciones, no nos quedó otra que mostrar orgullo patrio.¡¡¡ Ni las aguas del cantábrico!!! Una cubitera de hielo parecía esa piscina… Menos mal que al salir del agua el sol pegaba ya de lleno, anticipándose al verano. Después de comer y de una buena siesta sin gritos infantiles, fuimos a buscar al hotel a las chicas que venían dispuestas a recorrer la isla de cabo a rabo.

Empezamos la ruta por el noroeste, dirigiéndonos hasta la Cala Morell, a tan sólo 11 km de Ciutadella. Muy cerca, se encuentra uno de los faros más bonitos de la isla, el Faro de punta Nati, pero lo dejamos para otro momento, ya que nuestra súper guía María nos recomendó visitar este faro al atardecer. Cala Morell es de pequeño tamaño, por eso en las rocas que la rodean se han construyendo plataformas de cemento para facilitar el baño. Se ha construido bastante en zona, pero siempre guardando una estética de casitas blancas encaladas, sin alturas y todo muy cuidado estéticamente. Menorca me recuerda mucho al respeto urbanístico de gran parte de la isla de Lanzarote. Esta cala no es una cala de playas infinitas de arena para bañarse, pero sí que es interesante por su paisaje rocoso y la necrópolis talayótica que se ubica allí. http://www.disfrutamenorca.com/necropolis-cala-morell

Menorca, declarada reserva de la Biosfera por la Unesco, es un paraíso para los senderistas o los que quieran recorrer sus caminos a caballo. Recorrer la isla en coche no es tan fácil; mantener sus playas vírgenes, sus costas salvajes y una isla en su conjunto tan cuidada desde el punto de vista medioambiental pues obviamente tiene su precio. Seguimos la ruta por el interior, ya que para acceder a nuestro siguiente punto, el Cap de Cavallería era imposible hacerlo por la costa en coche. Condujimos hasta el pueblo de Es Mercadal. En este pueblo una de las paradas obligatorias es la pastelería Villalonga Ca´s Sucrer, un establecimiento con muchos años de historia, dónde se puede degustar y comprar los famosos carquiñols de almendra, las ensaimadas y los pastisets con su característica forma en flor. Esta pastelería es, sin duda, una buena parada para reponer fuerzas antes de descubrir uno de los lugares más mágicos que he visto en mi vida: el Cap de Cavallería.

Muchos dicen que esta parte de la isla con su faro y sus playas de agua cristalina, conforman un paisaje lunático. Una vez más, me acordé de Lanzarote, de la playa de El Golfo, con ese paisaje marciano, dónde se rodaron escenas de la película original del Planeta de los simios. El faro de Cavallería, aún activo, es el más antiguo de la isla, se alza sobre un acantilado de más de 90 metros de altura y es realmente impresionante. El acceso a la playa de Cavallería (también conocida como Playa roja, por el color rojizo de su arena), se tiene que hacer a pie, aunque hay un parking gratuito a unos 500 metros de la playa. El color arcilloso propicia los baños de barro que mucha gente se da en verano. Nos quedamos con las ganas. Tuvimos que contentarnos con un atardecer de esos que se recuerdan para los restos. La gran bola roja fue metiéndose en el horizonte, despacio, lentamente y nos quedamos todos mudos, abrumados por la grandeza de la naturaleza, que en rincones como éste, te congracian con la vida.

En el camino de vuelta, aprovechamos los últimos minutos de luz solar para visitar el Santuario de la Mare de Deu del Toro, un lugar con las mejores vistas panorámicas sobre la isla. El santuario es una ermita situada en la cima del Monte Toro (la montaña más alta de Menorca). Está consagrado a la patrona de la isla de Menorca (Nuestra Señora de Monte Toro “o del Toro”), un lugar de peregrinación para los menorquines que suben en romería cada 8 de mayo para celebrar la fiesta de la “bendición de los vientos”, una representación de la bendición de la tierra y los frutos que da al hombre.

Llegamos justo a la hora de cenar en el hotel dónde estaban alojadas nuestras compañeras de viaje. Una ocasión para echar unas risas viendo al personal atacando el buffet libre como si no hubiese un mañana. Dos mujeres casi llegaron a las manos, discutiendo por el orden de cola a la hora de recoger el plato de carne que les asaban en la plancha. Película de Louis de Funes en riguroso directo. Después de cenar, el espectáculo de “varietés” ya fue el “apoteosis”. Menos mal que nos “untamos” bien de pomadas (ginebra de la tierra Xoriguer con granizado de limón) para aguantar el tiro. Al cabo de un par de pomadas los chistes malos del presentador nos parecieron sublimes. Cosa aparte fue ya lo de bailar el “chacachá del tren” del Consorcio…..para llegar a ese punto necesitábamos una noche más de inmersión en el Imserso.

Sábado 3: Galdana, Cala Macarella y Macarelleta, Ciutadella y el Faro de Punta Nati
Si algo tiene Menorca que la hace única es la cantidad de playas y calas que aún se conservan casi vírgenes. Para los que piensen que los paraísos perdidos que aparecen en el cine o en los anuncios de televisión, son eso, meras quimeras, hay que decirles que “haberlos hailos” y que muchos de ellos se encuentran en esta pequeña isla. Como ejemplo, Las calas de Macarella y Macarelleta, muy cerca de Cala Galdana. Nosotros optamos por ir primero a Cala Galdana, una cala de playa extensa, rodeada de hoteles, con un mar en calma y zona de baño segura; la playa ideal para unas vacaciones familiares con niños. Desde allí a 2 km se puede ir andando hasta las otras calas más escondidas y menos accesibles, pero optamos por acercarnos en coche hasta el parking más cercano, que se encuentra a unos 900 metros (15 minutos a pie). El paseo hasta la Macarella es muy agradable, entre pinares y flores silvestres. No se hace pesado en absoluto, aunque en verano con los agobios de gente será otro cantar…

Paraíso de aguas transparentes, el momento de ver por primera vez este rincón del mundo no se olvida nunca. Cuando llegamos era pronto aún y sólo había un par de parejas caminando por la orilla de la playa a rebosar de algas. Una paz inmensa, tanta paz que optamos por quedarnos callados y buscarnos cada uno nuestro rinconcito de playa para perdernos en nuestros pensamientos, sin dejar de mirar al horizonte. El momento mágico sólo se rompió cuando Daniel, mi madre y yo decidimos ir por un camino bastante pedregoso hasta la cala de la Macarelleta, la “hermana pequeña” a la que se accede andando, mejor dicho, escarpando como cabras montesas. Pero, merece la pena el esfuerzo. Si la hermana mayor es un paraíso, la pequeña Macarella es una joyita que se ha hecho famosa por el anuncio de la cerveza Damm. Desde entonces, dicen que en verano es imposible ir de lo masificada que está. ¡Qué suerte tuvimos de disfrutarla en soledad! Daban ganas de bañarse en esa agua tan cristalina, pero a pesar del sol, la temperatura era aún fresca y muy a nuestro pesar, abandonamos la idea de bañarnos. Asignatura pendiente…

Al volver al coche, en el camino de vuelta, tuvimos la oportunidad de volver a ver una piara de los cerdos autóctonos de la isla, con sus tetillas colgando del cuello. Arreciaba el hambre y los cerdos autóctonos corrían peligro. Nos fuimos a comer a nuestros respectivos alojamientos y después de una breve siesta, llegamos a la otra capital de la isla “Ciutadella”.

Si Mahón es cartesiana y respira ese aire británico de unión Jack por los cuatro costados, Ciudadela es “italiana”, Mediterránea, más ruidosa, más caótica, con un encanto que embruja nada más llegar a sus calles. Aparcamos sin problemas y enseguida nos perdimos por el centro histórico hasta llegar a una plaza dónde había mucha gente esperando en la puerta de la Catedral. Boda de las de primera categoría. Invitados e invitadas con sus mejores galas, esperaban a que salieran los novios recién casados. De repente, todos giramos la cabeza, nosotros también, porque en vez de salir por la puerta, aparecieron cabalgando a lomos de dos caballos negros, de la especie autóctona, dejándonos a todos boquiabiertos. La imagen era espectacular. Parece ser que no es el primer caso, varias parejas de recién casados han salido cabalgando de la catedral, como en un acto de honor a esta raza local de caballos negros tan bellos y tan venerados en todas las fiestas populares de la isla. http://www.menorca.es/Publicacions/Publicacions.aspx?tipo=FIE.

Entre los invitados había muchos extranjeros, la novia era menorquina pero el novio pintaba guiri, inglés o alemán. Nos quedamos un buen rato viendo el espectáculo, merecía la pena. Cuando ya se fueron yendo, entramos al templo de estilo gótico balear y construido entre los siglos XIII y XIV por expresa orden de Alfonso III de Aragón tras la conquista de la isla a los musulmanes, en 1287. La catedral recibió el título de basílica menor en 1953, concedido por Pío XII. A mí me recordó mucho a la Iglesia de Santa María del Mar de Barcelona. Sus altos muros de 23 metros ayudan a que la luz sea la protagonista. Muy interesante y desde luego a no perdérsela por nada del mundo. http://www.bisbatdemenorca.com/visitacatedralmenorca_cast.htm

El centro histórico de Ciutadella es un viaje al pasado, una joya del gótico balear, con sus palacios (Olivar, Martorell, Squella, Saura y Torresaura) y sus casonas blasonadas, sus calles estrechas que esconden rincones inolvidables, sus templos e iglesias antiguos, y sus plazas de todos los tamaños y formas. Una de las plazas que destaca por su belleza es la que se encuentra muy cerca del puerto, la Plaça d´es Born. Para muchos es la plaza más bonita de Europa y la verdad es que si no la más bonita, destacaría entre las primeras del ranking. Rodeada por casas señoriales, como el Palacio de Can Saura o Torresaura, cuenta con un mirador al puerto y la fachada del ayuntamiento de la ciudad, un bonito edificio de estilo neoclásico.

Situado en la parte trasera del Ayuntamiento y ocupando una de las terrazas de la antigua fortificación, se encuentra este mirador, justo encima de las murallas construidas en el siglo XVII, que fueron rebajadas a finales del siglo pasado para poder apreciar las magníficas vistas que se pueden observar desde el lugar. Las vistas sobre el puerto desde este punto son espectaculares; el puerto alcanza una longitud de un kilómetro y dispone de un ancho máximo de 50 metros en la bocana. Para pasarse horas y horas disfrutando con las vistas…

La luz del atardecer tiñendo de rosa los muros de las antiguas murallas de Ciutadella nos ofreció los últimos minutos de nuestro paseo por la ciudad y decidimos seguir ruta para poder ver con luz natural el último punto de nuestra ruta del día: el Faro de Punta Nati.

Para acabar el día nos tocó sufrir un poco. EL de Punta Nati es el faro más cercano a Ciutadella y el punto desde dónde los atardeceres son de los mejores de la isla pero el “pero” está en el acceso, una vía que se va estrechando hasta un punto en dónde resulta imposible que pasen dos coches. Llegar, llegamos pero a la hora de volver tuve que hacer tantas maniobras para poder salir de allí que aún tengo agujetas en los brazos. Lección aprendida y consejo a tener en cuenta: es mejor aparcar al principio del camino y caminar un poco. https://es.wikipedia.org/wiki/Faro_de_Punta_Nati

El paisaje que rodea el faro es seco y pedregoso. La inexistencia de impactos urbanísticos permite ver las interminables paredes de piedra seca, sólo interrumpidas por las barracas o ponts de bens, construcciones de piedra seca dónde el ganado se refugia cuando hace mal tiempo. Es un paisaje lunático, desértico y al mismo tiempo el mejor entorno para ver un atardecer grandioso. Si buscábamos un buen colofón del día, no pudimos elegir mejor opción.

Domingo 4: Cala Pregonda, Fornells, Faro de Favaritx, Cova d´en Xoroi
El último día de nuestra estancia en Menorca tenía que estar a la altura de las circunstancias y logramos nuestro objetivo con creces. Para empezar el día nos fuimos temprano hasta Cala Pregonda, situada en la zona norte, compite en belleza con la Macarella y la Macarelleta en la costa sur, aunque son totalmente diferentes. Pregonda no es como otras calas de la isla, su arena roja o dorada y los islotes que la protegen hacen de ella un lugar muy peculiar.

Para ir en coche a Pregonda hay que coger desde Es Mercadal la carretera que lleva a Fornells, y desviarse hacia la playa de Cavalleria. Una vez allí, basta con seguir los carteles que indican “Binime-La” y aparcar en el parking. A pesar de que hay caminos que llevan hasta la misma playa, se trata de caminos privados que los propietarios no dejan utilizar. Así que sólo se puede llegar a la playa andando a partir del parking de Binimel·la o en barco.

El trayecto es un poco duro, hay que andar media hora por terrenos rocosos, por el famoso camí de cavalls, y mejor hacerlo a primera hora del día, no cuando cae un sol de justicia. En mayo, y a las 10 de la mañana, el paseo fue llevadero, valió la pena la caminata hasta alcanzar la cala.

No había casi nadie y las aguas cristalinas invitaban al baño, hasta que las vimos, moradas, deslizantes, casi transparentes, las medusas… Las aguas del mediterráneo son más cálidas que las del resto de la península y este hecho atrae a las medusas en grandes cantidades. Menos mal que tampoco hacía un calor agobiante, porque si después de andar un buen trecho, llegas y ves las aguas tan limpias y resulta que no te puedes bañar por las medusas, es como para matar a alguien. Nos tumbamos en la arena y disfrutamos del horizonte compuesto por islotes rocosos que flotaban en el agua. Un entorno idílico, a pesar de las “amigas viscosas”…

Hicimos el camino de vuelta soñando con la siguiente parada: Fornells, un pueblo pesquero famoso por sus restaurantes dónde se comen las mejores calderetas de langosta de Menorca. Antiguamente los pescadores para aprovechar el pescado y el marisco los cocían en caldereta, y hoy en día, un plato de “pobres” se ha convertido en el “plato bandera” de la gastronomía menorquina. En Fornells, un pueblo muy bonito para visitar, hay varios restaurantes que ofrecen esta especialidad, entre ellos, el “Es Pla” un clásico, dónde suele ir el Rey Juan Carlos a comer el que dice es su plato favorito. Nosotros reservamos en el restaurante S´Ancora, con una terraza con vistas al puerto pesquero, epicentro turístico de Fornells: http://www.sancora.net/es/restaurant/

El precio medio de un menú con caldereta de langosta es de 50 euros, no es barato pero merece la pena. Son platos como la bullabesa marsellesa que merece la pena comerlos in situ, aunque nos “sangren” un poco los bolsillos. Después del “homenaje” que nos hicimos, recorrimos el paseo del puerto pesquero que bordea todo el centro de Fornells. Es un pueblo con mucho encanto, un punto en el norte de la isla imprescindible.

Desde Fornells y venciendo las ganas de siesta, después de la comilona, seguimos la ruta hasta otro faro emblemático, el de Favaritx. Si en Punta Nati el paisaje era un páramo de piedra seca en Favaritx, el color gris de su tierra, con sus acantilados de pizarra y piedra gris ofrece la sensación de un aterrizaje en la luna. Está ubicado en el parque natural de la Albufera des Grau y geológicamente es un terreno muy antiguo, concretamente de la era primaria. Sobran las palabras, cuando llegas a este lugar, un paseo en silencio hasta el faro y la parte trasera que da al mar es un sueño para los amantes de la naturaleza y de la fotografía. Para las mujeres que quieren quedarse embarazadas, cuenta la leyenda que en las noches de luna llena, si se camina por los charcos que se forman alrededor del faro, se recibe del mar y de la luna, energía y fertilidad. http://www.disfrutamenorca.com/faro-favaritx

Nosotros más que fertilidad buscábamos despedirnos a lo grande y de la mejor manera de Menorca. Cruzamos la isla para tomarnos la última “pomada” en uno de los lugares más entrañables de la isla: la Cova d´en Xoroi: http://www.covadenxoroi.com/.

Probablemente es el lugar más visitado de la isla, la “Cueva de Xoroi” es una cueva ubicada en un acantilado de la costa sur, en la urbanización de Cala en Porter. Sus terrazas y miradores a diferentes alturas hacen de Xoroi un lugar mágico dónde tomarse una copa por la tarde tranquilamente mientras el sol se esconde al atardecer, o de noche, cuando se transforma en discoteca. En mayo, sólo por entrar a verla nos cobraron 10 euros por persona, pero una vez dentro mereció la pena sentarse en una de los balcones y disfrutar del espectáculo que nos dieron las gaviotas con sus vuelos danzantes, mientras el sol se iba poniendo en el horizonte y la “pomada” de ginebra local con granizado de limón iba saciando nuestra sed. La música a esas horas era chill-out y no había mucha gente. Un regalo para los sentidos.

Cuenta la leyenda que Xoroi, un hombre que llegó del mar, nadie sabe cómo, probablemente superviviente de algún naufragio, utilizó la cueva como refugio. Al poco tiempo, una de las chicas jóvenes de las casas de campo de los alrededores desapareció justo antes de su boda.

Pasaron los años y durante un invierno, tras una fuerte nevada, aparecieron en el suelo pisadas delatadoras que guiaban a la cueva. Cuando los hombres llegaron a la cueva vieron a un hombre, a una mujer y a sus tres hijos. Xoroi, desesperado, saltó al mar seguido de su primogénito, perdiéndose con ellos el misterio de sus vidas. La mujer y los dos hijos restantes fueron llevados a Alaior donde pasaron el resto de su vida.

Nosotros también nos hubiésemos quedado allí para los restos pero nuestro viaje a Menorca había llegado a su fin. Al día siguiente por la mañana volábamos de retorno a casa, después de haber pasado unos días inolvidables en una isla que deja huella. Menorca un paraíso natural a poca distancia del mundanal ruido…

“Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido … y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.. “ – Fray Luis de León.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s