BARCELONA “DE PORTES ENDINS”



Del 15 al 17 de enero de 2022

Escaparse un fin de semana largo en pleno mes de enero no es la mejor idea, los días son cortos, pero cuando hay ganas de salir después de tanto confinamiento, cualquier excusa es buena. Y sí, siempre que hemos ido a la ciudad Condal, a Barna, (como me gusta a mí esta manera de llamarla), pienso, habrá algo más allá del Tibidabo ¿no? La ciudad del país más abierta al mundo, resulta que no deja de estar dentro de una provincia, con sitios interesantes para ver. El mundo no acaba en las Ramblas, ni en la Diagonal. Así que no nos lo pensamos mucho, y decidimos sondear la provincia de Barcelona de puertas para adentro, intra muros.
 
Sábado 15: Abrera-Montserrat-Mura-Puig Reig- Balserany
Y ¿quién me dijo a mí de incluir Abrera en la ruta? Bueno, sí tenemos en cuenta que en mitad de este pueblo industrial se encuentra uno de los monumentos arquitectónicos más importantes del arte románico del Baix Llobregat y catalán, la iglesia de Sant Pere (s. X-XI), entonces vale, lo compro…Esta Iglesia representa lo que la imagen de un pulpo en un garaje me viene a la cabeza. Ruido, tráfico imposible, gente, pisos, en definitiva una ciudad del extrarradio de la capital en plena ebullición y ahí, en medio, la Iglesia románica, casi invisible, una pena, la verdad. En este pueblo, Abrera, el “templo” que sí cotiza en bolsa y que convoca a cientos de fieles trabajadores es SEAT. Entre Martorell y Abrera, las dos poblaciones en el “Baix Llobregat” se fabrican los coches patrios, los que un día simbolizaron el desarrollo post-franquista. Del seiscientos al Ibiza, aunque como no somos franceses, ni italianos, a nosotros nos da por las marcas foráneas, que da más caché. ¡Dónde va a parar!
 
Había tanto tráfico que no quisimos ni bajarnos a visitar la Iglesia, sólo paramos 5 minutos a comprar pan en un horno en donde se bailaba por bulerías, en donde no se hablaba catalán y se escuchaba radio tele Taxi, a Don Justo Molinero. Inmersión total, en Charnego´s Land nos daban la bienvenida.
 
Con el pan recién horneado, y un pleno de gasolina ya estábamos preparados para seguir hacia nuestro siguiente destino, mucho más alejado del mundanal ruido: la Abadía de Montserrat. Un lugar al que siempre había querido ir, cada vez que visitaba Barcelona, pero que nunca tuve el tiempo o las ganas suficientes. ¿Monasterio, Abadía, Santuario?. Abadía que es más grande que un monasterio, según me informo, y Santuario también, que la “Moreneta” preside el altar de la Iglesia y no hay catalán que no la lleve en su “cor”. Antes de llegar a este “parque temático” con su hospedería, albergue, tiendas de recuerdos, museo, radio y televisión propias, iglesia, escolanía, biblioteca y hasta un teleférico que llega hasta la misma entrada, recorrimos el Parque natural donde se ubica el complejo. Si hay algo que sorprende en este entorno natural es la peculiar morfología de sus montañas. Sus picos redondeados, llamados “agujas”, configuran el rasgo más característico y espectacular de su sierra. En el pico más alto de la Montaña de Montserrat, se encuentra la cima de Sant Jeroni (1.236 m), desde donde en días claros se puede divisar, incluso, la isla de Mallorca. Condujimos por unas cuentas curvas que parecían no tener fin. Antes de llegar al destino, paramos en una pequeña ermita de estilo románico que forma parte de la ruta de las ermitas románicas de Montserrat. Hacía un frío cortante pero teníamos que estirar patas y piernas, en total 12. Se trata de una ruta llana de 7 kms, de trazado circular con espectaculares vistas sobre las montañas de Montserrat.

La ermita, en realidad monasterio, en donde paramos es el Monasterio de Santa Cecilia de Marganell, fundado en el año 945 D.C. Es el punto de partida también para realizar una conocida Via Ferrata y algunas escaladas por la cara norte de Montserrat. Nos hubiese gustado caminar más tiempo por la ruta de las ermitas pero teníamos que llegar sí o sí a la Abadía de la Patrona de Cataluña. Poco después de volver a la carretera, empezamos a ver coches, y más coches aparcados en ambos lados. Casi un kilómetro dudando en volver por dónde habíamos venido. Como ratas escapando de la ciudad, y nosotros pensando que veníamos a un retiro espiritual.. Conseguimos aparcar a unos 200 metros de la entrada principal que por supuesto no era gratis, “Montserrat company” mostraba sus “principios” desde el minuto cero. Todo impoluto, no he estado en Lourdes, ni en Fátima pero me imagino que estos santos lugares devocionarios son todos muy parecidos. Una mezcla de efecto litúrgico con “merchandising” puro y duro.  Después de recorrer todos los espacios abiertos, y de entrar a la basílica para ver a la “Moreneta” (por cierto tan pequeña como la Pilarica en Zaragoza), tengo que decir que me quedo una y mil veces con los Monasterios cistercienses de Tarragona, el de Poblet o el de Santa Creu. Montserrat me recordó al Monumento de los Caídos, olía a naftalina, a los tiempos oscuros del Franquismo. Sé que cometo sacrilegio al decir esto si me lee algún catalán pero así lo sentí. Bueno vale, las vistas sobre el río Llobregat y el valle cayendo al mar, me reconciliaron un poco más con el paraje. El entorno natural sí que nos gustó, mucho más que el arquitectónico.
 
Y ¿qué tenía que pasarnos en el paseo más limpio e impoluto de toda Cataluña? Pues dos trofeos como dos catedrales made in Tuca y Lola. Como dos boñigas de vaca asturiana. ¡Madre mía qué espectáculo!!. Y sí, la ley de Murphy, las bolsitas recoge cacotas en el coche se habían quedado. Corriendo, como alas que lleva el viento, fui a comprar un queso artesanal en el primer puesto que había en el paseo. Me dio igual, de romero o de rosas, lo que quería era la bolsa de plástico para recoger los “regalitos” que le habían dejado nuestras perrijas a la Moreneta. Actué rápido, tenía que hacerlo, antes de que viniese el Abad o el Mosen a echarnos a patadas. No miré a ningún lado mientras ejercía el acto más denigrante a ojos del gran público. Yo sólo quería salir de allí con la conciencia tranquila. Allí había más cámaras que en Alcatraz, como para hacer un simpa… Lo mejor cuando nos pasan este tipo de cosas con ellas, es que se te quedan mirando con la sonrisa en el morro, y hasta parece que disfrutan, orgullosas de haberse portado bien dejando sus hermosas cacotas. O quizás, a su manera nos querían decir ¡Ahueca el ala, vámonos a otro sitio mejor!.

Pagamos el “impuesto revolucionario” de 6 euros, mondos y lirondos por una estancia de una hora aproximadamente de parking, y montaña abajo seguimos nuestra ruta hacia Mura. Estábamos cerca de Manresa, otra ciudad industrial. Pasamos por zonas muy decadentes, a orillas del río Llobregat, con fábricas de los primeros años de la revolución industrial abandonadas. Para llegar a Mura, hay que adentrarse en la montaña otra vez, subir un puerto y adentrarse en los bosques. De hecho, este pueblo se encuentra en el Parque natural de Sant Llorenç del Munt i Serra de l’Obac. Merece la pena, Mura es un pueblo de postal, una “rara avis” no tan lejos del cinturón industrial de Barcelona.
https://www.youtube.com/watch?v=ooiOsEcETbY
 
Aparcamos en la zona alta, donde hay un parking público y bajamos unos metros andando para perdernos por las calles empedradas y peatonales de este pueblo medieval. Apenas 200 habitantes, menos gente de los que día a día les invaden para ver sus calles, balconadas, miradores y patios. Pero es lo que tiene vivir en un sitio tan bonito, que el resto de la humanidad también quiere disfrutarlo aunque sea unos minutos. Dicen que estadísticamente a Mura sólo le supera Montserrat en visitantes por habitante en toda Cataluña.
 
Algo que llama la atención son los “tiós” que vimos en un pequeño jardín a la entrada. El tió es un símbolo navideño en Cataluña, un tronco decorado que días antes de navidad aparece en las formas más diversas. No siendo Navidad, nos sorprendió ver allí unos cuantos pero resulta que tiene una explicación: en Mura es una fiesta tradicional que ocurre cada año, dura varias semanas (de principios de diciembre al 9 de enero) y consiste en que los vecinos sacan su lado más creativo diseñando tions y exponiéndolos en la calle para que los visitantes los vean. Dejo aquí un enlace sobre esta tradición tan catalana: https://www.barcelona.cat/culturapopular/es/fiestas-y-tradiciones/personajes-y-elementos-festivos/tio
 
Paseamos por todo el pueblo, parándonos en varios miradores, mientras Tuca y Lola no dejaban de olisquearlo todo. Nos cruzamos con varios de sus enemigos gatunos pero conseguimos que no ladrasen demasiado, en Mura reinan el silencio y la paz, a pesar del número de visitantes. Bueno miento, tuvimos que hacer de tripas corazón para no ponerle un bozal a un tipo que iba en un grupo hablando en voz alta. Siempre tiene que haber un petardo o petarda que rompa la magia de lugares como Mura. En fin, invoqué a los cielos para que le cayese un tió bien gordo encima pero no tuve suerte.
 
Nos gustó tanto Mura que nos costó irnos. De hecho se hizo de noche y tuvimos que abandonar la idea de seguir hasta Cardona. El Castillo y el Parador los dejamos para el día siguiente. Optamos por acercarnos al pueblo donde teníamos reservado el alojamiento. Y, ¿Qué más nos podía suceder después del momento escatológico de Montserrat? Para rizar el rizo, cuando llegamos al pueblo de Puig Reig llamé a la dueña del estudio que había reservado, porque después de dar vueltas y más vueltas no encontraba el alojamiento. El Gps nos llevaba hasta la puerta del cementerio, detrás de una iglesia. ¡La paciencia que tuvo la pobre mujer!!!. Se fue andando hasta el cementerio y no nos veía. No entendíamos nada, hasta que de repente, cuando le dije que estábamos en Puig-Reig, exclamó: ¡Pero si no estamos en ese pueblo, estamos en Balsareny!!!. Yo quería que en ese mismo momento me tragara la tierra. ¡¡Por qué demonios se me había metido a mí que íbamos a dormir en el maldito Puig – Reig!!! (montaña grande significa, y yo la había pifiado de tamaño gigante). Menos mal que tenemos la capacidad de tomarnos estas cosas con humor, porque si en internet buscas “Qué ver” en este bendito pueblo indica dos puntos: la Iglesia de San Martín y el cementerio…. No comment….
 
Balsareny no estaba muy lejos, menos mal. Encontramos el alojamiento enseguida, y lo indico porque además de tener mucho encanto, la dueña, nuestra anfitriona, tuvo más paciencia que el Santo Job y a pesar, de los pesares, no perdió la sonrisa en ningún momento. Se llama el “Racó de les Voltes” es muy acogedor, se puede cocinar y está totalmente equipado:
https://www.booking.com/hotel/es/el-raco-de-les-voltes.es.html#tab-main. En el exterior hacía un frío helador, no sacamos la nariz más que para coger las cosas del coche y aparcarlo unos metros más adelante. Un pueblo muy tranquilo, no se oía a nadie por la calle, aunque, tampoco estaba el ambiente como para salir a ningún sitio, sólo tenían permiso los pingüinos o algún oso polar. A cenar calentito y a la cama, después de un día tan intenso, nos lo habíamos ganado con creces.
 
Domingo 16: Cardona – Solsona- Castellar del N´hug – Vic- Caldes de Montbui
Amanecimos con sol pero con los termómetros a cero. Fui a recoger el coche para acercarlo a la entrada y cargar las maletas y tuvimos que rascar hielo un buen rato. La niebla de la noche anterior no nos había dejado ver ni siquiera el perfil del fabuloso castillo que tienen en Balsareny. Nos costó la vida salir en coche con visibilidad, el cristal frontal era un témpano de hielo que ocupaba toda la superficie. Aún así, al final conseguimos ver el Castillo en lo alto de la colina, a la entrada del pueblo. De estilo gótico civil está bastante bien conservado. De hecho, el castillo estuvo habitado hasta el año 1976. Como no estaba en mi ruta, fue toda una sorpresa este castillo,  con un formato muy singular: https://www.castelldebalsareny.com/?lang=es

El de Cardona sí que lo tenía apuntado y como no pudimos verlo el día anterior, la visita nos la tomamos con calma. Se puede subir en coche casi hasta la cima dónde se ubica el Parador Nacional. Según leo, es probablemente la fortaleza medieval más importante de Cataluña. Es realmente espectacular. Había nieve y hielo en los arcenes del camino que llevaba al castillo, conduje con cautela porque queríamos llegar hasta la cima para ver las increíbles vistas que se ven del pueblo de Cardon, de las famosas salinas y del valle del Cardener. Más que un castillo es una ciudad fortificada, me recordó a la fortaleza de la Mota en Alcalá la Real.

La Torre del Homenaje que alberga el castillo condal, la iglesia como testimonio de la vida canónica, el patio gótico del palacio de los duques de Cardona, las murallas de la guerra de Sucesión o el Parador que reconvierte en hotel las dependencias militares. Aunque cobró protagonismo en la Reconquista, Cardona fue especialmente importante en la Guerra de Sucesión, ya que la fortaleza resistió a las tropas de Felipe V y se convirtió en la última plaza importante de Cataluña hasta su capitulación en septiembre de 1714. Todo un símbolo catalán, el día anterior habíamos visto otro símbolo importante con nuestra visita a Montserrat y hoy tocaba este castillo colosal que nos dejó unos momentos memorables. Menos mal que lo vimos con luz matinal, si no, no hubiésemos podido deleitarnos con las vistas vertiginosas sobre el entorno. Cardona es un “must” como dirían los instagramers. He encontrado este vídeo sobre Cardona que me ha gustado mucho, lo comparto: https://www.youtube.com/watch?v=Z0QWqZ4VJ4

Rodear el castillo con las perras exploradoras tirando hacia el precipicio acojona, menos mal que mi Santo no tiene vértigo como yo, porque lo pasé a ratos francamente mal. Pero bueno, valió la pena y mucho. El siguiente destino, Solsona, nos lo recomendó la dueña del alojamiento en Balsareny. Pertenece a la provincia de Lérida, pero no lo había incluido en nuestra ruta de octubre, cuando visitamos la provincia catalana de mayor tamaño.  Solsona está apenas a media hora en coche de Cardona, no nos lo podíamos perder. Las rutas están para cambiarlas, y el cambio mereció la pena.

Solsona es una ciudad medieval, amurallada, con sus portales, calles estrechas, palacios, plazas y fuentes. Aparcamos fuera de la muralla, junto al río y nos dejamos llevar por el embrujo de este pueblo monumental. Siendo domingo en las calles no había mucha gente, locales cerrados menos alguna tienda con productos gastronómicos (muy famosos sus embutidos). Entramos por la Puerta principal llamada el Portal del Puente. Seguimos por la Calle Sant Miquel y llegamos a la Catedral de Santa María de estilo gótico, que alberga la talla en piedra de la Mare de Déu del Claustre: https://bisbatsolsona.cat/imatge-mare-deu-claustre/. Muy cerca, también vimos por fuera el Palacio Episcopal, considerado como ejemplo del estilo neoclásico catalán. Por cualquiera de las calles estrechas que rodean la Plaza Mayor, porticada, es un gusto perderse. En esta Plaza se celebran los famosos Carnavales de Solsona, el Corpus o la Fiesta Mayor. Los Carnavales son famosísimos, vimos varios escaparates con fotografías de los carnavales y me recordó a los gigantes y cabezudos de mis queridos y añorados Sanfermines. En vez de disfraces, la gente se viste con batas de diferentes colores, distinguiendo a las diferentes comparsas, un poco como las peñas sanfermineras también. Tanto los gigantes como los cabezudos de Solsona son diferentes a los de Pamplona, más locos, más sarcásticos, de hecho se les conoce como la Familia loca. Dejo aquí un video porque merece la pena verlo, dan ganas de ir, la verdad. A ver si volvemos a disfrutarlos… https://www.youtube.com/watch?v=RogDVzV_byc

Después de callejear por la Plaza Mayor y por las calles aledañas, dónde vimos una droguería de las antiguas, de las que a mí me encandilan. Se llama Casa Adroguer Nou, fundada en 1870 y ha sido restaurada recientemente. Ahora se ha convertido en vinoteca con la posibilidad de probar buenos quesos, embutidos y jamón en maridaje con los vinos que te ofrecen en su carta. No entramos pero sí que fotografié la fachada con su Botella de Codorniú inconfundible, en un anuncio en cerámica, muy vintage, muy como a mí me gusta. (Algún día tendré que psicoanalizar por qué me gusta tanto la música, el cine, la publicidad de los años 50…. igual es porque de niña pasé muchas horas con mis tías abuelas que me contaban historias de su juventud, no sé, pero tengo auténtica predilección por la estética de los 50).

Nuestro paseo por Solsona derivó en otra plaza preciosa, más bonita aún que la plaza mayor, para mi gusto. La plaza de Sant Joan es sencillamente espectacular. Destaca en el centro una fuente del siglo XV. La capilla situada encima de la fuente está dedicada a San Juan (siglo XVIII). En la parte posterior de la capilla hay una placa con el poema “Recuerdo de Solsona” del famoso poeta catalán Josep M. de Sagarra. En el número 1 de la plaza está la Casa Cabanes, casa solariega de una de las familias más importantes de Solsona. Dudamos si quedarnos en esta plaza a tomar el vermú pero todas las mesas estaban a la sombra y, aunque lucía el sol, la rasca era considerable. Seguimos por una calle estrecha y llegamos al Ayuntamiento, que casi ni nos dimos cuenta, porque está encajonado entre edificios y no destaca precisamente. Bueno sí, de estilo Renacentista, la fachada del consistorio era toda una declaración de independencia de la República Catalana y no pasaban desapercibidos los mensajes, las banderas y las proclamas. Al final, siguiendo nuestro instinto de supervivencia, buscamos una zona soleada con varias terrazas a rebosar de gente tomando el sol en pleno mes de enero. Los camareros latinos que nos atendieron hablaban catalán mejor que la Marta Ferrusola. Con los ojos cegados por el sol, por un momento pensé que me atendía el “molt honorable”. ¡Qué bueno estaba el vino y qué buenas estaban las rabas y las bravas! Visca Catalunya!! Dejo aquí un vídeo sobre Solsona, con música barroca que me ha encantado, está muy bien hecho: https://www.youtube.com/watch?v=7LZq09D_PM0

Chutazo de energía para volver sobre nuestros pasos hacia el coche y seguir nuestra ruta. Volvimos a cruzar el centro histórico de Solsona por el lado derecho y nos despedimos de una ciudad que nos dejó huella. Siguiendo la recomendación de nuestra anfitriona en Balsareny habíamos cruzado a la provincia de Lérida para ver Solsona y ahora nos tocaba cruzar de nuevo de oeste a este la provincia de Barcelona, hacia otra localidad del interior: Castellar del N´hug. Curvas, bosques y campiñas con Masías solariegas enormes. No sé cuántas vimos pero unas cuantas sí, de anuncio de casa Tarradellas. Unos 80 kilómetros de travesía para llegar hasta uno de los pueblos más septentrionales de la provincia de Barcelona, junto al nacimiento del río Llobregat. Curvas serpenteantes, Tuca y Lola sin inmutarse y canciones de Tele taxi a pleno pulmón. Así llegamos a este pueblo de las montañas, todo de piedra, casi de postal.

En la comarca del Berguedà, en la cara sur de los Pirineos y a 1.450 m de altitud, dentro del Parque Natural del “Cadí-Moixeró”, se ubica Castellar del N´Hug. Es otro de los pueblos medievales a recorrer sin prisas. Las vistas desde sus calles y miradores, como nos ocurrió en Mura, son fascinantes. La idea inicial era visitar este pueblo, famoso también por sus croissanes gigantes, y adentrarnos aún más hacia la provincia de Gerona y llegar hasta Tavertet y Rupit pero no nos daba tiempo, imposible. Visitas pendientes para cuando volviésemos a Barcelona capital. Aún tengo por escribir el diario de la Capi, así que…

Además de las vistas, y sus preciosas casas de piedra, Castellar del N´Hug, tiene su propia historia, fue un bastión carlista en el siglo XIX y pionero en la industria del cemento catalán, de hecho cerca del pueblo existe un Museo del Cemento. La iglesia románica de Sant Vicenç de Rus y la Iglesia arroquial de Santa María, de s. XI también merecen la visita. No nos dio tregua el tiempo para poder ir a visitar el nacimiento del río Llobregat. Una pena… nos consolamos con lo que vieron otros: https://www.youtube.com/watch?v=dDpAvfBU2lo

Y así, poco a poco se fue acabando el día, en este bonito pueblo de la Cerdanya, en los Pirineos catalanes. Nos tocaba ahora bajar literalmente hacia la costa, pasando antes por Vic. Cuando llegamos a esta ciudad, más que pueblo, nos encontramos ya era de noche y la inmensa plaza mayor que tienen allí nos dejó boquiabiertos. Dicen que es la plaza medieval más bonita de toda Cataluña, y la verdad es que es monumental, aunque la de Balaguer que vimos en nuestro viaje por Lleida tampoco se queda corta. Aparcamos en el parking subterráneo, justo debajo de la plaza, y cruzamos la plaza de lado a lado por sus flancos en arcadas de gran altura, concebidas para el paso de jinetes a caballo.

Mires donde mires hay alguna fachada que destaca. En el lado sureste encontramos el Ayuntamiento, un edificio gótico con campanario que data del año 1388. En el lado suroeste encontramos la Casa Comella, un palacio modernista del s. XIX. Pero no es la única Casa palaciega, la Casa Costa, de estilo modernista, la Casa Tolosa barroca, la Casa Moixó de estilo también barroco y renacentista, la Casa Beuló y la Casa Cortina, modernista del s. XIX. Se puede decir que esta plaza de Vic simboliza la Cataluña burguesa, la Cataluña pionera en la revolución industrial, la Cataluña modernista y siempre a la vanguardia. En una pared veo un grafitty con la cara de Puigdemont con el lema “never surrender”, en Vic, en Solsona, en muchos pueblos está latente el espíritu independentista…. Cuestión de tiempo, me parece a mí…
En otra esquina vemos la estatua del Merma, un personaje de las Fiestas Mayores de Vic. Se le conoce como el “esquivamosques” y siempre va acompañado por la Vieja y el Niño, vigilando para que nadie estorbe a los gigantes. Seguimos rodeando la plaza y cruzamos las estrechas calles del centro hasta que de repente nos topamos con un templo romano del siglo I, alucinante, en pleno centro histórico. Se descubrió en el año 1882, donde se había construido el castillo de los Montcada, en el siglo XV, y las paredes del templo formaban parte de su interior. Las columnas originales del siglo II son impresionantes. Justo en frente, se encuentra la Iglesia de la Piedad de estilo Barroco, el contraste entre los dos templos es evidente, aunque la Iglesia aún mantiene su fachada románica bastante deteriorada.

A la Catedral de Vic, no llegamos a entrar porque era ya tarde pero lo que sí vimos de fuera es su inmensa torre-campanario de estilo románico, que según parece es la más alta de Cataluña. Nos quedamos con las ganas…. Para consolarnos pasamos por delante del escaparate de la famosísima fábrica “Casa Riera Ordex” donde fabrican el celebérrimo “salchichón de Vic”(creo que en los casi 70 diarios viajeros que llevo escritos, no había utilizado el superlativo de célebre jamás). Parece una entidad bancaria, impresionante. ¡Chapeau! Al restaurador, el local es espectacular. Había gente degustando el famoso salchichón en el mostrador, atendido por un buen hombre que explicaba las cualidades del producto más famoso de Vic, con su barretina en la cabeza. En vez de salchichones colgando parecían joyas de Bulgari, una cosa por demás…. Tuca y Lola olisqueaban desde la puerta, el olor era apetitoso. Al final no caímos en la tentación y nos conformamos con una buena cerveza en la plaza de Vic, a la que regresamos antes de despedirnos de Vic.

Esa noche ya nos acercamos a la capital pero no quise reservar en la ciudad, sino en los alrededores. Escogí una ciudad-balneario que se llama Caldes de Montbuí , a pocos kilómetros de San Cugat del Vallés, a dónde queríamos ir a día siguiente para ver su Monasterio. De noche llegamos, casi a las 9. A pesar de ver unas cuantas señales que prohibían el paso de coches por el centro, yo me atreví, casi sin darme cuenta, buscando el hotel balneario que había elegido: “Balneari Termes Victoria”: https://www.termesvictoria.com/.

¿Recomendable? Bueno, no está mal pero no deja de ser un hotel que a pesar de que le han hecho un lavado de cara, y las habitaciones están bien, las instalaciones en general siguen estando un poco obsoletas. En los pasillos huele a cloro, la zona de spa es un poco pequeña y en el bar-restaurante no pudimos picar algo a la noche, ya que sólo servían menú de buffet. Acabamos comprando en una tienda, la única tienda abierta de todo el pueblo, un poco de queso y embutido para hacernos unos bocatas en la habitación. El “paki” nos atendió con una sonrisa y lo agradecimos porque hacía un frío que pelaba en la calle y fue nuestra salvación. Con Tuca y Lola y con esa temperatura ambiente, no era cuestión de cenar en una terraza, aunque tampoco vimos nada abierto. Pic-nic en la habitación del hotel-balneario, y tan ricamente…

Lunes 17 : Monasterio de San Cugat del Vallés – Castelldefells – Garraf – Villanova de la Geltrú – Cubelles
Nos despertamos pronto con los ruidos de la calle, a pesar de ser peatonal y tranquila, porque ya no estamos acostumbrados después de 7 años viviendo en el campo. Seguía haciendo un bris que cortaba la piel pero por lo menos lucía el sol. Desayunamos en una terraza de un bareto que llevaban unos chinos. Pastelería local como le gusta a mi Santo y café con aroma a Pekín. Con el cuerpo ya más caliente, dimos un paseo por el centro de Caldes de Montbuí. La verdad es que es interesante este pueblo. En la plaza, frente a nuestro hotel, lo primero que nos llamó la atención fue la Fuente del Lleó (o del León). Todo el pueblo descansa sobre termas romanas y esta fuente, símbolo de Caldes, es un surtidor de agua termal construido en 1581 y renovado en 1822. El agua que sale en ebullición va a parar a los lavaderos públicos que aún se utilizan. Era un contraste sentir el aire frío y ver cómo salía el agua a 74 grados, según se indica,  de la boca del león (dicen que es la fuente con el agua más caliente de Europa). En esa misma plaza que toma el nombre del león, vimos otros hoteles-balneario, como el de Broquetas, con un aire decimonónico-modernista muy ad-hoc. Dejo aquí un artículo muy interesante donde describe la historia de Caldes y todos los atractivos que tiene esta localidad; https://www.lugaresconhistoria.com/caldes-de-montbui-barcelona. A no perderse tampoco la Iglesia Barroca de Santa María y los museos de “Thermalia”, sobre la cultura del agua termal, y el Museo Delger, casa novecentista que nos muestra los aspectos más cotidianos de la vida de una familia acomodada del siglo XVIII.

Después de patearnos el centro, y contemplar las vistas desde las murallas de Caldes, cogimos el coche en dirección a San Cugat del Vallés. Nos perdimos por carreteras secundarias, entre huertas y bosques que nos llevaron a otro sitio interesante: un complejo de edificios con estética de la Barcelona Industrial del s. XIX, rodeado de parques y zonas ajardinadas. Se trata, según compruebo ahora, del IRTA Torre Miramon (Instituto de Investigación y Tecnologías Agroalimentarias). Un sitio muy recomendable para darse un paseo antes de volver a la civilización.

A San Cugat del Vallés llegamos a media mañana, cuando sólo transitaban por las calles limpias y aseadas, la gente que no trabaja. Lo de limpio lo digo porque en esta localidad se respira “poderío”. Muchos parques, muchos perros con pedigrí, muchas tiendas “pijipis” y bloques de pisos con terrazas amplias y de no mucha atura, la suficiente para no romper el equilibrio. Y en medio, entre edificaciones de reciente construcción, y rodeado de césped, una joya arquitectónica: el Monasterio benedictino de San Cugat, construido entre los siglos XI y XIV, uno de los mayores exponentes del arte medieval de Cataluña. https://youtu.be/nzUxTNIj6dU

Nos gustó muchísimo, tuvimos que verlo por turnos, con Tuca y Lola no quedaba otra. El interior del templo, una auténtica joya que combina tres estilos, románico, gótico y barroco. El templo actual es el tercero que ha tenido el Monasterio. El primero fue la antigua iglesia paleocristiana, donde la tradición dice que se guardaban las reliquias del mártir Cugat; Después, en el año 1000 se sustituyó el templo primigenio por uno mucho más grande de estilo románico. A comienzos del s. XII, fue profanado por un ataque almorávide y se construyó un tercer templo, por eso se explica que el templo tuviese un origen románico y acabara con una fachada totalmente gótica. Sólo por visitar su magnífico claustro, merece la pena, de verdad, desplazarse hasta San Cugat, si estás en Barcelona.

Al salir del monasterio dimos una vuelta por el centro de San Cugat, por sus calles comerciales. No duró mucho el paseo porque los perros de “pedigrí” son tan finos que no ladran y nuestras asilvestradas y camperas perras, poco habituadas a otros aires más urbanos, no dejaban de ladrar a todo hermano canino que se acercara. Un “trágame tierra” a cada paso.

Salimos de San Cugat y rodeamos Barna por la ronda litoral. La capi merece un diario viajero aparte, y como no lo he escrito aún, pues tendremos que volver a la ciudad condal las veces que haga falta (qué castigo más divino). Hasta Castelldefels, que junto a Sitges son las playas de escapada de los barceloneses, llegamos en pocos minutos. Personalmente me gusta más Sitges y su paseo marítimo. Eso sí, si quieres caminar y caminar junto al mar, Castelldefels ofrece al viajero nada más y nada menos que 5 kilómetros de playa. Con el día tan soleado y espectacular que teníamos en pleno invierno, no dudamos en dar un buen paseo con Tuca y Lola. La parada técnica la hicimos en el banco gigante, que destaca en el paseo, y en el que nos sentamos todos los turistas, como niños, con los pies colgando.

Sin rumbo fijo, no sabíamos muy bien dónde parar para comer. Lo que sí tenía claro es que quería ver Garraf, también en la costa. Había oído hablar de esta pequeña localidad y sus casitas de madera a pié de playa. Al llegar, buscamos un sitio para comer y encontramos la “joya de la corona”, un restaurante con las mejores vistas al aire libre del Mediterráneo que ese día, lucía más espectacular y azul que nunca. Se llama “chiringuito” de Garraf, y aviso a navegantes, a pesar del nombre, los precios no son de chiringuito pero las vistas son impagables. Además, al estar al aire libre, Tuca y Lola pudieron acompañarnos y disfrutar también de una de las mejores comidas de mi vida. Aunque quemes la visa, recomiendo este restaurante para chuparte los dedos con el suquet de rape con judiones y almejas. “bocatti di cardinale” (a poder ser con banda sonora de Mancini en el móvil) ¡too much!: https://chiringuitodegarraf.com/

Le pregunté al camarero por las casitas de madera en colores blanco y verde y nos explicó la historia. Se veían perfectamente desde nuestra mesa.  La playa de les casetes se llama. Resulta que este pueblo nació como una colonia en el año 1901, dónde vivían pescadores y trabajadores de la cantera y obreros del puerto. Estas casetas empezaron a aparecer de forma espontánea como locales para guardar utensilios de pesca y para resguardarse del sol. Aguantaron años y años, la Guerra civil e incluso las obras de construcción del túnel excavado en la montaña de Garraf. Actualmente hay 33 casetas originales, totalmente restauradas y custodiadas por la Asociación de vecinos “Platja de les Casetes”. La concesión para ocupar estas casetas, catalogadas como Bien patrimonial catalán, se hereda de padres a hijos. Por lo tanto, si te encaprichas de una de ellas, mientras comes en el restaurante de las vistas fascinantes, lo tienes difícil no, lo siguiente… https://youtu.be/faGu97iSOOM

Cuando despertamos del sueño idílico en forma de mar en calma, nos despedimos del personal del Chiringuito y arrancamos poco a poco. Cogimos la carretera sinuosa de la costa hasta el siguiente punto: Vilanova i la Geltrú. Por supuesto, recomiendo esta carretera porque pese a las curvas es sencillamente de anuncio de BMW con brazo saliente, meciendo las olas imaginarias. Lo primero que destaca en Vilanova es su zona portuaria con su paseo marítimo. Conocida como la Habana chica en el siglo XIX, los edificios modernistas de su Rambla, su eje comercial y social son espléndidos, son una herencia legada por los indianos que una vez “hechas las Américas” invertían las fortunas atesoradas en las colonias, en magníficas casas señoriales y palacetes que actualmente forman parte del patrimonio de Vilanova i la Geltrú.

La Plaza del Ayuntamiento  (la foto de este diario fue tomada allí) nos encantó. Y sí, tengo que reconocer que me recordó a La Habana, con sus porches y palmeras, al estilo colonial del siglo XIX. En el centro de la plaza se encuentra la figura de uno de los indianos (aquí les llaman “els americans” llamado Tomás Ventosa,  cuya riqueza amasada en América, sirvió para dotar a Vilanova de escuelas gratuitas para combatir el analfabetismo. Un lujo pasear por esta plaza, todo un descubrimiento.

Y en enero, a las cuatro de la tarde ya íbamos perdiendo luz diurna. Volvimos a coger el coche para regresar a casa, haciendo una última parada en Cubelles. No es que nos pareciera un pueblo demasiado bonito, de hecho, por un momento pensé que no sabía por qué lo tenía apuntado en nuestra ruta. Es el último pueblo de costa de la provincia de Barcelona en dirección sur y no está tan frecuentado como Calafell o Sitges. Cuenta con varias playas, y un litoral de 3 kms. Dimos una breve vuelta por el pueblo, que tampoco era para echar cohetes, y acabé descubriendo el motivo por el que estábamos allí. Unos grafitis murales con pinturas de payasos nos guiaron hasta la planta baja del castillo de Cubelles . Allí resulta que se alberga una exposición permanente dedicada al famoso mimo y payaso de los años 20 y 30, llamado Charlie Rivel. Nació de casualidad en Cubelles mientras sus padres, también dedicados al circo, estaban de gira aquí. Está enterrado en Cubelles y por supuesto lo nombraron hijo predilecto de la localidad. Un personaje que está presente en las calles, en los murales. Un personaje que nos dejó un buen sabor de boca cuando ya dimos por finalizada nuestra escapada por la provincia de Barcelona.

Breve pero intenso. Barcelona, como decía al principio, no acaba en la Rambla o en la Diagonal. De puertas para adentro hay mucho que contar.. este diario es sólo una pequeña muestra.

Un comentario en “BARCELONA “DE PORTES ENDINS”

  1. Qué maravilla! Un acierto ofrecernos lo que las guías apenas mencionan, y en un lugar qe tanto necesitamos patear, ver y discrutar como Barcelona, tan conocida y desconocida, como bien deja ver este relato. Nos apuntamos unas cuantas ideas. Muchas gracias y saludos a las perras viajeras, su hazaña ha sido celebérrima.

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