Jaén, vírgen extra


 

DSC_0330 Del 24 al 27 de Marzo 2016
Jueves 24: Alcaraz – Cazorla – Baeza
Con sus 66 millones de olivos, repartidos en 550.000 hectáreas de olivar, Jaén produce el 20% de la producción mundial de aceite de oliva. Se dice pronto ¿no?. Es la imagen que se queda en la retina cuando se atraviesa la provincia más norteña de Andalucía, un mar de olivos formado por un manto de color verde plateado que apenas deja ver el suelo. El olor penetrante a aceite persigue al viajero, sin poder evitarlo. Tampoco es que sea olor a fritanga pero sí es un olor penetrante que no deja indiferente.

Nuestro acercamiento a la provincia de Jaén lo habíamos hecho, visitando la capital en años anteriores, pero esta vez teníamos ganas de descubrir otros puntos de la provincia como Cazorla, Úbeda o Baeza. Además teníamos una misión importante que cumplir: recoger en un pueblo de Córdoba a las dos “niñas” que habíamos adoptado tres meses atrás.  Dos preciosas perras que esperaban nuestra llegada, mientras nosotros contábamos los minutos para poder abrazarlas y “mal criarlas”.

Salimos de Castellón por la mañana, sin prisas pero sin pausa. Llegamos a mediodía, justo a la hora de comer a Alcaraz, la primera buena sorpresa del camino. Una localidad monumental que nos recordó mucho a Alcañiz en Teruel. Antes de recorrer sus calles, comimos en un parque con unas vistas  espectaculares sobre la Sierra de Alcaraz y el río Guadalmena. (Los mejores bocatas de tortilla son los que comemos al aire libre cuando salimos de viaje o de excursión. ¡Manjar de Dioses!). Después del “banquete” fuimos andando hasta la Plaza Mayor de Alcaraz que nos dejó boquiabiertos. Una plaza digna de una villa que ha sido protagonista de la historia por varios motivos, y por uno especial: su emplazamiento estratégico en la frontera de Castilla con Andalucía.

Se empezó a construir en los primeros años del siglo XVI, con el fin de conseguir un espacio amplio, con soportales, para las necesidades del mercado y de la convivencia.Su forma de rectángulo irregular queda enmarcada por arquerías en tres de sus lados, con dos lonjas, la Iglesia de la Santísima Trinidad y el  Ayuntamiento. De estilo renacentista, el artista que legó su obra, en una de las plazas más bellas de España, se hizo célebre no sólo en Alcaraz sino en la provincia de Jaén. Se llamaba Andrés de Vandelvira, y su maestro fue su padre Pedro formado en Italia. A este apellido célebre se le atribuyen edificios emblemáticos como el Patio del castillo de Canena de Jaén, el Hospital de Santiago, el Palacio de las Cadenas, la Portada de la Sacra Capilla del Salvador en Úbeda, el Monasterio de Uclés, y el Convento de San Francisco de Baeza, entre otras obras majestuosas.

En Alcaraz, además de las lonjas destacan en la Plaza Mayor las dos Torres enfrentadas de estilo gótico-renacentista. A la Torre del reloj o del Tardón, se la llama así porque su campana sonaba de tarde en tarde, en actos solemnes. Según algunos investigadores, lo más seguro es que adoptara su nombre de la figura de un autómata, al modo centroeuropeo, ahora perdido o que no llegó a instalarse correctamente por falta de espacio, que tardaba una hora en hacer su función; descargar un golpe en la campana. En todo caso, este presunto autómata ha desaparecido. La otra torre “enfrentada” pertenece a la Iglesia de la Santísima Trinidad. La Torre del reloj es un poco más alta, y algunos lo interpretan como una supremacía del orden civil sobre el orden religioso.  Todo el conjunto es absolutamente espectacular. Para disfrutar de la plaza desde todos los ángulos se recomienda subir al Casino que ocupa la Lonja de la Regatería o del Pósito, antiguo almacén de grano, construido en 1588. Salir al balcón del Casino, que parece salido de una película de Alex de la Iglesia, con unos parroquianos un tanto siniestros, no tiene precio. Las vistas sobre la Plaza son inolvidables. ¡Fascinante, Alcaraz, todo un acierto!: https://es.wikipedia.org/wiki/Alcaraz

A media tarde salimos de Alcaraz, después de visitar todo el centro histórico. Teníamos unos cuantos kilómetros por delante, hasta llegar a las afueras de Baeza, dónde teníamos reserva en una Hacienda que pintaba bien en Internet pero que nos guardaba una sorpresa desagradable. Desde Alcaraz hasta Cazorla teníamos por delante 144 km pero con un tramo bastante largo de curvas. Dejamos la provincia de Albacete y nos adentramos en un mar de olivos que no nos abandonó hasta alcanzar otra joya geográfica, el pueblo de Cazorla, encajado en la Sierra del mismo nombre.

El Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas es algo más que naturaleza. Impresiona al viajero por su paisaje escarpado de media montaña, sus profundos valles y sus bosques de pinos. El agua es otro de los elementos protagonistas de este espacio natural, el de mayor superficie protegida de España con sus 209.920 hectáreas. Cuando llegamos a Cazorla, como lugar turístico que es, estaba a tope de gente y tardamos un buen rato para aparcar. Las curvas y la tardanza en aparcar valieron la pena porque Cazorla es simplemente de “postal”. Tuvimos la suerte de recorrer sus calles, de ver su Castillo y sus plazas con la mejor luz, la del atardecer.

Bajo un cielo en llamas rojizas, vimos primero el Castillo de la Yedra desde el mirador. Era casi imposible sacar fotos sin que saliera algún intruso en la pantalla. Pero finalmente lo logramos, sacamos la foto codiciada de Cazorla con su Castillo en la loma, rodeado de casitas blancas. (ver foto de cabecera). De origen berebere, el Castillo se mantiene en buen estado, especialmente la Torre Homenaje que se ve desde todos los ángulos.
http://castillosyfortalezasdejaen.com/castillos/1-castillo-de-la-yedra.html

Otro punto de interés en Cazorla son las ruinas de la Iglesia de Santa María y la Bóveda sobre el río cerezuelo. Para entender semejantes edificaciones levantadas en un pueblo pequeño como Cazorla hay que remontarse a los tiempos del “Adelantamiento de Cazorla”: un Señorío que Fernando III de Castilla  concedió al Arzobispado de Toldeo en 1231. La cesión tenía como objetivo implicar al arzobispado en la conquista del Reino de Granada y, a partir de 1230, el arzobispo Rodrigo Jiménez de rada impulsó la toma de un gran número de castoillos y la creación de una verdadera marca militar, a cuyo frente estaba un Adelantado, representante suyo con plenos poderes civiles y militares.

 Esta primacía de Cazorla duró desde el s. XIII hasta el s. XVI y por este motivo se explica que se construyera un templo de tales dimensiones en un pequeño pueblo. Su estilo es renacentista y muy posiblemente su autor fuese Andrés de Vandelvira, el mismo cuya obra acabábamos de ver en Alcaraz. En cuanto a quién ordenó su construcción, se duda si la obra fue sufragada por la iglesia episcopal de Toledo o por los marqueses de Camarasa, que eran Adelantados en aquellos tiempos. Construida sobre el río Cerezuelo, impresiona la gran bóveda que se mantiene como un esqueleto gigante de lo que en su día iba a ser una Iglesia descomunal. Es muy probable que el templo no se llegase a concluir completamente y que los serios daños causados por la terrible tormenta e inundación de 1694 contribuyera a dificultar aún más su finalización. http://www.renacimientodelsur.com/descargas/cazorla_ruinas_santa_maria_ve.pdf

Antes de volver sobre nuestros pasos, paramos en otro rincón que se encuentra a un lado de la entrada de las Ruinas de Santa María. Se trata de la  Fuente de las Cadenas, obra del siglo XVI, que provee de agua a toda la plaza, siendo en otros tiempos fuente de recogida de agua potable y abrevadero de animales. Ha sufrido cambios en el tiempo, pero mantiene intacta su belleza. Es una gozada escuchar como cae el agua a raudales, mientras vemos los últimos rayos del día colarse por las rendijas de los muros de la gran bóveda. Seguimos callejeando por el centro de Cazorla, admirando también las fachadas de algunas casas de estilo modernista y pequeños rincones que nos encandilaron. Nos costó irnos de Cazorla, pero teníamos que seguir para no llegar muy tarde a Baeza, dónde teníamos reservada la noche de alojamiento en una hacienda a las afueras del pueblo.

Y menos mal que no llegamos muy tarde porque la sorpresa fue de órdago la mayor.. Siguiendo las instrucciones nos metimos por campos de olivos, por un camino rural que nos llevó hasta una verja que estaba cerrada a cal y canto. Llamamos varias veces a un portero automático que estaba bastante destartalado y que no auguraba nada bueno. Ni un alma se veía por allí. Desierto, oscuro, sólo pudimos leer un cartel de la Junta de Andalucía que aludía a un taller ocupacional con un número de teléfono borroso al que llamamos un montón de veces sin obtener respuesta. Estábamos definitivamente sin alojamiento un Jueves Santo en mitad de la nada…

No perdimos la calma y salimos a la carretera general. Paramos en un bar de carretera y preguntamos al camarero si conocía el dichoso Hotel “Hacienda la Laguna”. El pobre hombre no sabía para dónde mirar. Le debimos dar pena porque con la boca pequeña nos dijo que el hotel estaba cerrado desde hacía mucho tiempo y que no entendía cómo habíamos podido reservar. Y eso mismo nos preguntamos nosotros, ¿cómo carajo nos habían dejado reservar en un hotel “fantasma” que llevaba cerrado mucho tiempo?. El buscador que no actualiza sus datos se llama “Laterooms”, es una web inglesa, nada recomendable. Cuando a la vuelta hice la reclamación pertinente, me costó muchos mails y una paciencia infinita para conseguir que nos devolvieran 20 (25 euros) miserables libras esterlinas. Alegaban que ellos no tienen la culpa de que los hoteles no actualicen sus datos… Sin comentarios…

Optamos por tomarnos unas cañas y tranquilizarnos. Aunque fuese Jueves Santo, encontraríamos un lugar para dormir, eso seguro. El camarero me dijo que llamara a al Hotel Campos de Baeza que posiblemente tendría habitaciones libres. Llamé y sólo les quedaba una suite libre al módico precio de 180 euros. También llamé al Hotel de la cadena NH y un chico muy amable me dijo que sólo le quedaba una habitación, que estaba reservada pero que no habían llegado los huéspedes. Me dijo que intentara reservar en el Hotel Puerta de la Luna que les había llamado para ver si tenían habitaciones libres y le habían confirmado que aún les quedaba una. Así fue, conseguimos la única habitación disponible en un hotel que nos encantó desde el primer momento.

El Hotel Puerta de la Luna es un cuatro estrellas con una decoración exquisita, un patio interior con una piscina rodeada de naranjos y una ubicación inmejorable: a escasos 50 metros de la Catedral y del centro histórico de Baeza. Al final el destino nos guardaba una recompensa y no podíamos quejarnos a pesar del precio de la habitación que era bastante superior al de nuestra reserva en el hotel inexistente. Después de una buena ducha y de cambiarnos de ropa, salimos a disfrutar de las últimas horas del Jueves Santo con la tranquilidad de saber que dormiríamos en cama caliente, en un hotel de ensueño. http://www.hotelpuertadelaluna.com/es/

Baeza es sencillamente una joya arquitectónica. El primer contacto lo tuvimos al salir del hotel con luz artificial iluminando la fachada de la catedral y la fuente que se encuentra en la explanada que circunda la entrada principal. Había gente, mucha gente esperando el cierre de la procesión de Jueves Santo con la recogida de los pasos en una iglesia muy cercana a la Catedral, la Iglesia de Santa Cruz. Esta iglesia se caracteriza porque es una de las pocas de estilo románico que se ha conservado en perfecto estado hasta nuestros días. Datada a finales del siglo XIII, se construyó con motivo de la conquista de Baeza por Fernando III.

Entre bocanadas de humo que olía a incienso, logramos entrar en su interior y contemplar las pinturas murales de los siglos XV y XVI que fueron restauradas en 1990. A pesar del gentío pudimos ver los frescos y presenciar en primera fila la llegada de la imagen del Cristo crucificado iluminado con cientos de velas que conseguían mantener la llama encendida, a pesar de los vaivenes que provocaban unos costaleros muy “fervientes”.

Baeza es Renacimiento vayas dónde vayas, te topas literalmente con palacios y casonas con fachadas renacentistas. Como el Palacio de Jabalquinto, uno de los máximos exponentes del estilo gótico Isabelino, mandado construir a finales del siglo XV por Juan Alfonso de Benavides, primo segundo de Fernando el Católico. Impresionante fachada con decorados en piedra a base de puntas diamante, clavos de piña, florones, frondas, lazos y escudos heráldicos.  El patio es renacentista de finales del s. XVI, formado por doble arquería de medio punto con columnas de mármol. La escalera es plenamente barroca con decoración de estípites, balaustres, volutas, etc. pertenecientes a la época barroca. Hoy es sede Internacional de la Universidad de Antonio Machado. El autor de “Campos de Castilla” vivió en Baeza entre 1912 y 1929, dónde tomó posesión de la cátedra de Gramática francesa en el Instituto General y Técnico y se refugió para sobreponerse de la pérdida de su gran amor, Leonor, fallecida poco antes, con sólo 18 años.

Después de admirar la fachada del palacio de Jabalquinto, seguimos andando hacia el centro, hacia la plaza de la Constitución de Baeza dónde las terrazas y los bares estaban a tope de gente, celebrando con sus mejores galas la noche de Jueves Santo. Entramos en uno de los bares y la sensación fue como asistir a una sesión fotográfica de la revista Hola. Ya no era sólo pijerío, era algo más, elegancia clásica andaluza, como si los hijos de Naty Abascal y las hijas de Bertín Osborne se hubiesen clonado por decenas. La odisea de encontrar hotel en una noche tan especial tuvo su “final feliz”, cenamos como Dioses, un tapeo exquisito y unas cervecitas cruzcampo que entraban solas. No las contamos, no hacía falta, en Baeza la noche no había hecho más que empezar…

Viernes 25: Baeza – Úbeda – Jaén
Menos mal que fuimos cautos y nos retiramos a tiempo, en el momento perfecto para no tener que lamentarnos al día siguiente. Así amanecimos en el Hotel del patio de naranjos, frescos y con ganas de seguir descubriendo Baeza. Salimos del hotel y acertamos a la hora de elegir sitio para desayunar. Justo al lado de una plaza monumental se encuentra la pastelería Virolo: una pastelería emblemática de Baeza que ha renovado su local y sirven unos desayunos buenísimos. Nosotros optamos por tostadas con virutas de jamón y tomate, café y zumo de naranja natural. También son muy famosos los hojaldres, compramos una caja y conseguimos no abrirla antes de llegar a casa. http://www.virolo.com/mainmenu.html (la página web no está actualizada y no muestra las imágenes del local renovado, una pena, porque es un lugar decorado con muy buen gusto).

Pletóricos salimos del “Virolo”, un buen desayuno te carga las pilas y te sientes como nuevo, (las cervezas de la noche previa ya eran algo del pasado). Al lado de la pastelería, nos encontramos con un rincón excepcional: la Plaza del Pópulo, acotada por el edificio de la Antigua carnicería del siglo XVI, el de la Audiencia Civil y Escribanías Públicas, también llamado Casa Del Populo, bello edificio plateresco que hoy es sede de la Oficina de Turismo; el Arco de Villalar, erigido en memoria de la historia imperial sobre las Comunidades de Castilla, y la Fuente de Los Leones que podría proceder de la ciudad romana de Cástulo y cuya figura femenina parece ser que representa a la princesa íbera Imilce, esposa de Aníbal. O sea, en un cuadrado no muy grande, nos encontramos con una concentración de arquitectura renacentista sin igual: http://ubedaybaezaturismo.com/place/plaza-del-populo/

Baeza, Patrimonio de la Humanidad, pasear por sus calles es descubrir un conjunto monumental inagotable. Atravesamos la Plaza de la Constitución y por la calle Cardenal Benavides nos encontramos con el edificio del Ayuntamiento, antigua cárcel y Palacio de Justicia. Declarado monumento nacional, éste palacio es uno de los ejemplos más originales y valiosos del plateresco andaluz. Está formado por dos cuerpos separados por una imposta acanalada; en el inferior se abren las dos puertas de acceso, la de la izquierda a la antigua cárcel y la de la derecha a la Casa de Justicia. El cuerpo superior presenta cuatro balcones ordenados al modo Serliano ( del arquitecto italiano Sebastiano Serlio, mezcla de arcos de medio punto con vanos adintelados) entre los que se hallan los escudos de Felipe II, el del Corregidor don Juan de Borja y el de la ciudad:  https://es.wikipedia.org/wiki/Casa_consistorial_de_Baeza

Cerca del Ayuntamiento nos volvimos a encontrar con otra obra de Vandelvira, el arquitecto cuya obra habíamos descubierto el día anterior en Alcaraz. Más que obra, nos encontramos con unas ruinas otra vez, no tan exageradas como las de Cazorla pero sí impresionantes. Se trata de las ruinas de la capilla de los Benavides (nobles de la Corona de Castilla), una capilla mayor que se encontraba en la Iglesia del convento de los frailes menores de San Francisco. Se construyó como capilla funeraria de la familia de los Benavides y su autor fue Andrés de Vandelvira. La capilla se derrumbó a principios del siglo XIX a causa de un terremoto, seguido de varios temporales y el saqueo de las tropas napoleónicas. Al igual que las ruinas de Santa María de Cazorla, éstas de Baeza también son dignas de ver. Unas ruinas muy bien conservadas.  http://www.renacimientodelsur.com/descargas/baeza_igles_ant_convento_san_francisco_ve.pdf

Ya era casi medio día cuando seguimos nuestro paseo por las calles de Baeza antes de partir hacia Úbeda. Nos perdimos por las calles paralelas a la Calle Mayor y volvimos al recinto de la Catedral para recoger las maletas en el hotel. Cuando llegamos a la Catedral coincidimos con el paso de una procesión y el olor a incienso que impregnaba el ambiente. Sonaba el himno nacional en la plaza de la Catedral y la gente se agolpaba en la entrada principal. No pudimos entrar en la Basílica porque se estaba oficiando la misa de las doce. No elegimos el mejor momento para visitar el templo, todo los parroquianos de Baeza y alrededores, estaban allí en ese mismo momento.

Como ocurre con otros templos andaluces, la catedral de Baeza también fue construida sobre una antigua mezquita. Constituye un hermoso  templo de estilo renacentista del siglo XVI (aunque el cuerpo inferior de la torre alminar data del siglo XI). Salvo los testigos medievales, la transformación renacentista que domina en la actual catedral se debe a Andrés de Vandelvira. La sombra del arquitecto seguía siendo alargada, y nos prometimos volver a Baeza para ver el interior de la Catedral.
http://www.renacimientodelsur.com/descargas/baeza_catedral_ve.pdf

Nos alejamos un poco de la muchedumbre y descubrimos otro rincón único e inolvidable. En la parte trasera de la Catedral y con unas vistas espectaculares sobre una cordillera de montañas, se encuentra el Paseo Antonio Machado. Si en la plaza no cabía una aguja, en el Paseo, sólo vimos a un anciano muy majo que tomaba el sol en un banco. Le pregunté por la gran cordillera de montañas que se veían justo en frente, y me explicó con un acento jinense cerrado que era la Sierra Mágina. Al principio entendí que se llamaba Sierra Mágica pero no, a pesar de la magia que desprenden, los montes con cumbres nevadas entre olivares forman la Sierra Mágina, un orgullo para la provincia de Jaén. Y así nos despedimos de Baeza, respirando aire puro y contemplando las mejores vistas sobre un valle “mágico”.

Úbeda es la ciudad hermana de Baeza, también Patrimonio de la humanidad y pueblo natal de mi querido Joaquín Sabina. A tan sólo 10 km de distancia, Úbeda es más grande que Baeza en tamaño, pero en belleza sería difícil decir cuál de las dos lo es más: las dos son ciudades renacentistas, las dos guardan un patrimonio arquitectónico e histórico inconmensurable, las dos gozan de espectaculares vistas sobre el entorno, las dos son sin lugar a dudas, las localidades más bellas de la provincia de Jaén, y dos de las más aclamadas de Andalucía.

Cuando llegamos a Úbeda el centro estaba cerrado al tráfico. Aparcamos en un barrio nuevo y andando llegamos hasta una gran avenida dónde en esos momentos, en la esquina del Hospital de Santiago, un bello edificio ideado, cómo no podía ser de otra manera por nuestro “amigo” Vandelvira,  se agolpaba la gente esperando el paso de la procesión de Viernes Santo. Esperamos pacientemente y finalmente vimos pasar una procesión con todos los condimentos sacros; las Manolas elegantísimas, los costaleros con unos trajes de satén color malva brillantes no, lo siguiente, una banda musical con todos los instrumentos musicales habidos y por haber y unas imágenes del Cristo crucificado tan realistas, que unos niños extranjeros que estaban a nuestro lado, se tapaban los ojos porque tenían miedo. ¡Semana Santa Andaluza en estado puro y celestial!

Por supuesto todos los vecinos de Úbeda lucían sus mejores galas. Tanto es así que el desfile merecía una buena sentada de terraza al aire libre para “vermutear” hasta el infinito, aprovechando el “Ubeda Fashion day”. Cogimos primera fila de terraza en una plaza enorme y animada en plena “hora punta”. Tan ensimismados estábamos que no nos dimos cuenta de la presencia de unos amigos de Castellón que entraron al mismo bar y que por casualidades de la vida estaban pasando también la Semana Santa en Jaén. El desfile de moda ubetense pasó a segundo plano, estuvimos charlando y “vermuteando” dos horas largas. Después de la “sentada” cruzamos la plaza que aún seguía a rebosar. Se la conoce como la “Plaza vieja” o Plaza del Generalísimo. Según parece en este mismo lugar es dónde en época musulmana se ubicaba el zoco o mercado. Actualmente la plaza tiene una mezcla de estilos, parece una plaza castellana por los soportales pero al mismo tiempo tiene toques moriscos. Una representación de la mezcla que se percibe en la provincia de Jaén, estratégicamente situada entre Castilla y Andalucía.

Muy cerca de la plaza tuvimos la oportunidad de probar las torrijas de Semana Santa en una pastelería clásica de las de toda la vida. Coincidimos con el paso de otra procesión, ésta vez sin imágenes ni costaleros, eran cofrades vestidos de blanco y caperuza negra, tocando tambores de distintos tamaños. Nos recordó mucho a las procesiones de la Semana Santa de Teruel.  Algunos iban descalzos, niños y mayores, con un ritmo bastante acelerado para combatir el frío que era bastante intenso, a pesar de los rayos de sol que seguían luciendo. Era media tarde cuando nos despedimos de nuestros amigos. Nos había gustado el centro histórico de Úbeda pero yo me esperaba más. Menos mal que seguí mi sexto sentido.

A punto estuvimos de irnos cuando recogimos el coche y me puse a buscar el Parador Nacional de Úbeda. Yo estaba segura de que preparando el viaje había visto una plaza monumental en imágenes y no coincidía con las plazas que habíamos recorrido. Salimos de Úbeda y dimos la vuelta por el exterior de las murallas hasta que por fin vimos la señal que indicaba “Parador Nacional”. Y sí, entonces sí que mi intuición me había guiado hasta el lugar adecuado. De nuevo volvíamos a un mirador sobre la Sierra Mágina y la vega del Guadalquivir. Desde el mirador nos perdimos por las calles hasta alcanzar la verdadera e impactante parte monumental de Úbeda: la Plaza renacentista de Vázquez de Molina.

En ese momento reconocí las imágenes que había visto previo al viaje. Si tuviese que resumir en pocas palabras lo que en esa plaza se concentra, me quedaría con dos: obra maestra. Luz de atardecer para un marco incomparable. No sé cuántos cientos de fotos saqué, tampoco las conté, como las cervezas de Baeza… pero fueron muchas, muchísimas.

 En el interior de esta explanada se conforman dos grandes espacios trapezoidales: uno, el de la Sacra Capilla del Salvador con el Palacio del Deán Ortega y el otro el de la colegiata de Santa María con el Palacio de Juan Vázquez de Molina, así como cinco microespacios delante de cada una de las edificaciones más emblemáticas. Mires dónde mires, la perfección arquitectónica te deja sin palabras. Es un conjunto único:
http://www.xn--elmesondespeaperros-63b.es/la-plaza-vazquez-de-molina-conoces-su-historia/.

La Sacra Capilla del Salvador la mandó construir el noble D. Francisco de Cobos como panteón funerario, por eso se pueden ver en las torres laterales cadáveres de cabezas de vaca y esculturas funerarias. La fachada es totalmente renacentista, da la impresión de estar paseando por cualquier ciudad italiana de la Toscana. Otros edificios que se encuentran en esta explanada monumental son: el Palacio del Deán Ortega, también renacentista, sede del Parador Nacional hoy día: el Palacio Vázquez de Molina, también conocido como el Palacio de las Cadenas, un monumento nacional que actualmente es la sede del Ayuntamiento de Úbeda, de estilo renacentista, tiene tres cuerpos clásicos en la amplia fachada, en los que destaca el superior, decorado con atlantes y cariátides, y el gran alero, sujetado por dos esbeltas linternas; el Palacio del Marqués de Mancera, también fue convento de las Siervas de María hasta hace poco, el antiguo Pósito, edificio del s.XVII, que sirvió de granero y ahora es la sede de la comisaría de la Policía Nacional, la Cárcel del Obispo, en dónde se cumplían sólo penas canónicas y hoy se utiliza como sede de los Juzgados y la Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares, edificada sobre los restos de la Mezquita mayor.

¡Cómo nos íbamos a perder esta parte de Úbeda!. Salimos por una de las calles más comerciales, que unía esta parte monumental de la ciudad con el centro histórico que habíamos visto por la mañana. Esta calle no la habíamos visto, pecado mortal. Entramos en varias tiendas a chismorrear y al final compramos unas cervezas artesanales para un buen amigo que nos había ayudado a construir la caseta de las dos niñas que iban a formar parte de nuestras vidas a partir del día siguiente. Sólo quedaban unas horas para recogerlas en un pueblo de Córdoba. Nos costó un esfuerzo irnos de Úbeda, no queríamos dejar de perdernos por sus calles. Pero teníamos que llegar hasta la capital y dormir allí.

Jaén capital es una gran cuesta empinada con una gran Catedral en la cima. Así resumo la que hasta la fecha considero la menos agraciada de las capitales andaluzas. No era la primera vez que visitábamos esta ciudad pero sí la primera vez que íbamos a dormir allí. Tenía reservada una noche en un hostal que tenía muy buenas recomendaciones. Y bueno, comparando con la noche previa en Baeza en el súper hotel al lado de la catedral, el hostal Iberos nos pareció un descenso a los infiernos. Nos tocó una habitación amplia y limpia, pero se notaba que había sido antes un salón decorado años 70, con todo lo que esto implica: muebles de caoba, lámpara de bohemia “quiero y no puedo”, cuadros del estilo “dame la vuelta que será mejor”, y colcha de raso brillante “ponte las gafas de sol”. ¡Un horror! Por 28 euros la noche para los dos, ¿qué más se puede pedir? Pues nada, dormir y poco más…

Nos costó un poco encontrar el alojamiento, pero cuando conseguimos aparcar  dejar las maletas salimos escopeteados hacia arriba, hacia la Catedral. La cuestita desde la parte más baja de la ciudad se las trae. De hecho cogimos un taxi y tardamos casi un cuarto de hora en llegar a la cima. Las calles del centro estaban cerradas al tráfico, pasaba la procesión de Viernes Santo. Hacía frío para estar esperando en primera fila, optamos por sentar nuestros reales en unos taburetes “fashion” de un bar muy estiloso, y brindar con unos vinitos y unas tapitas. Cuando pasó la procesión, nos acercamos a la Catedral iluminada.

La Catedral de la Asunción de Jaén se asienta sobre el solar de la mezquita mayor de la Jaén almohade. Tras la conquista de Fernando III a mediados del siglo XIII, se edifica una iglesia con advocación dedicada la Asunción de la Virgen. Unos años después esta iglesia se convierte en templo catedralicio al trasladarse la diócesis desde Baeza. Tras varios conflictos, se decide realizar un nuevo templo (gótico) entre 1492 y 1525, aunque este proyecto no prospera por amenazar ruina, decidiéndose su paralización. Dos décadas después se retoman las obras y fruto de esta nueva campaña es la actual catedral, verdadera joya del Renacimiento español, con sobresalientes elementos barrocos, construida entre los siglos XVI y XVII, según proyecto del gran arquitecto Andrés de Vandelvira. ¿Quién si no?

Tuvimos la suerte de ver el final de la procesión en la explanada que rodea a la catedral. Seguía haciendo frío pero no podíamos irnos sin ver la procesión en ese entorno. Cuando acabó, entramos a calentarnos una vez más en una tasca muy típica dónde las tapas, y especialmente la de cazón adobado, nos supieron a Gloria bendita. Para volver a nuestro “Hotel, dulce hotel” lo hicimos caminando, cuesta abajo ya era otro cantar. Y así, cantando a Sabina en su tierra, nos dieron las diez, las once, las doce y la una…

Sábado 26: Almodovar del Río –  La Carlota – Santaella – Bailén – Valdepeñas
Había llegado el gran día. En unas horas tendríamos a Tuca y Lola, nuestras niñas peludas en nuestros brazos. Desayunamos en una cafetería “tropical” decorada con unos colores tan chillones que el personal llevaba gafas de sol. No buscamos otro lugar porque lo que queríamos era salir lo antes posible hacia Almodóvar del Río en Córdoba, lugar en dónde teníamos que recoger una fuente hecha a mano por un alfarero que habíamos conocido el año anterior cuando descubrimos la provincia de Córdoba. Alfarería Al-jarafe : http://www.aljarafecordoba.com/tienda.php, regentada por Manuel Velasco, un artista de la artesanía en barro, además de ser la amabilidad personificada. Nos hizo una mesa de comedor y una fuente de barro a medida, con teselas árabes de barro, esmaltadas en colores verde y blanco, que son las “joyas” de nuestro patio. Recomendable al 100%.

Por la autovía desde Jaén capital hasta Almodóvar del Río tardamos casi dos horas, pasando por Montoro y Córdoba capital. Volvimos a recordar los lugares que habíamos recorrido el año anterior justo por las mismas fechas. Recogimos el pedido en la Alfarería y seguimos ruta hacia Santaella, el pequeño pueblo dónde teníamos que recoger a las perras que habíamos adoptado en la protectora “Segunda oportunidad”. Antes de recogerlas a las 4 de la tarde, a la hora que habíamos acordado, paramos a comer en un restaurante que desde aquí recomiendo a los que quieran comer el mejor guisado de rabo de toro del país. El restaurante se llama Baldomero, a pocos del pueblo cordobés de La Carlota. Según vimos en tripadvisor las críticas eran insuperables y dimos cuenta de ello. El personal amable no, lo siguiente, el rabo de toro exquisito, el salmorejo y las albóndigas de chopos (calamares) con una salsa buenísima están para chuparse los dedos y llegar al codo. ¡Impresionante! . Vale la pena el desplazamiento desde la capital, una experiencia culinaria para no arrepentirse. https://www.youtube.com/watch?v=_kg3QUvXNIg

A poco menos de media hora estábamos de Santaella, el pequeño pueblo dónde puntualmente nos esperaban Maria José y Araceli para darnos en adopción a nuestras niñas peludas. Nunca se me olvidará ese momento. Desde el 10 de diciembre, el día que nacieron, estábamos esperando el momento de acariciarlas y abrazarlas. Cuando llegamos y nos las entregaron, nos echamos buenas risas porque era una cosa bárbara, no paraban de moverse, puro nervio. Las metimos en el coche y firmamos la documentación que nos entregaron. Al padre de Araceli, que las había cuidado desde su nacimiento se le caían las lágrimas, prometí enviarle fotos para que viese cómo crecían a nuestro lado. Y así ha sido, desde entonces, suelo enviar fotos de las “niñas” que al igual que sus hermanos/as han tenido la suerte de ser apadrinados y vivir en casas de adopción como la nuestra.

Fue todo rápido, de repente, y después de haber esperado tres largos meses, las teníamos ya en el coche, nuestras vidas acababan de cambiar para siempre, ya éramos “familia numerosa”. Desde Santaella salimos por la autovía de la provincia de Córdoba hacia Valdepeñas en Ciudad Real. Allí teníamos reservado el alojamiento para esa noche en un hotel que admite mascotas. Paramos en Bailén, ya en la provincia de Jaén. Tampoco olvidaré jamás ese primer paseo con ellas por la plaza de Bailén. Salieron del coche como dos meteoritos, no sabíamos ni cómo calmarlas, ni como pasearlas con la correa sin tropezarnos, menos mal que nos lo tomamos con humor. Hoy viendo las fotos de aquél primer día sonrío porque en esos momentos no éramos conscientes de que nos cambiaba la vida y de cuánto cariño nos íbamos a dar mutuamente.

El Hotel Hidalgo en la autovía de Andalucía, km 194, a las afueras de Valdepeñas, es un hotel de carretera que tiene habitaciones dónde pueden dormir las mascotas. https://www.seadmitenmascotas.com/hotel-en-Valdepenas-Hotel-El-Hidalgo-h24816.htm. Está muy bien habilitado, ya que todas las habitaciones dan a un jardín interior en el que las mascotas corren y juegan a su bola sin peligro de que les atropellen ni les pase nada. Antes y después de cenar estuvimos jugando con ellas y nos divertimos muchísimo. Puro nervio, pura energía, un chute de vitalidad para unos cuarentones como nosotros…. ¿estábamos preparados?

Domingo 27: Valdepeñas – Castellón
Preparados o no, no nos quedaba otra, ya no había marcha atrás. Nos lo tomamos con humor, esa primera noche les oímos cómo intentaban salir de la jaula, empujando con sus patitas la red de tela que cerraba la jaula. Cuando por la mañana temprano les abrimos la jaula salieron corriendo por la habitación y no había manera de pararlas, corrían por encima y debajo de las camas, dos torbellinos de cuatro patas. Desayunamos y vimos Valdepeñas desde el coche, en un visto y no visto. Tampoco había mucho qué ver, la verdad. La Plaza España a la que para llegar hay que cruzar un laberinto de calles, el Molino-Museo, del que dicen es el molino más grande del mundo, el Museo del vino y la Fundación del pintor Gregorio Prieto. Posiblemente si hubiésemos estado solos, la visita habría sido más sosegada pero lo único que nos apetecía realmente era llegar lo antes posible a casa y descansar. Así de un tirón, hicimos el viaje por la Meseta, desde Valdepeñas a Castellón, cruzando la gran llanura de la Mancha. Ya no vimos olivares de Hojiblanca y Arbequina, el paisaje había tornado en un mar de viñedos. Aún así, recordamos los versos de Miguel Hernández en la voz de Paco Ibáñez:

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma, ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

Levántate, olivo cano,
dijeron al pie del viento.
Y el olivo alzó una mano
poderosa de cimiento.

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma ¿quién
quién amamantó los olivos?

Vuestra sangre, vuestra vida,
no la del explotador
que se enriqueció en la herida
generosa del sudor.

No la del terrateniente
que os sepultó en la pobreza,
que os pisoteó la frente,
que os redujo la cabeza.

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Jaén, levántate brava
sobre tus piedras lunares,
no vayas a ser esclava
con todos tus olivares.

Dentro de la claridad
del aceite y sus aromas,
indican tu libertad
la libertad de tus lomas.

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