Del 23 de marzo al 1 de Abril 2026
A Mario y a sus padres.
La procedencia del nombre “Plata” puede hacernos pensar que esta ruta deriva del tráfico de metales preciosos entre las minas del norte (Asturias y León principalmente) y las ciudades del sur (Mérida y Sevilla). Sin embargo, el origen verdadero se debe a la evolución del término árabe “B´lata” que significa: Camino empedrado, en una clara referencia a la Calzada Romana, que tanto utilizó el Califato Omeya en sus conquistas hacia el norte.
Coincide también este camino empedrado con otro de los Caminos de Santiago, el Mudéjar concretamente, aunque no sigue hasta Gijón, en Astorga se desvía hacia Santiago de Compostela.
He adaptado esta ruta a nuestros intereses ya que queríamos ver más lugares y nos hemos desviado en Badajoz o en Cáceres para disfrutar de la floración de los cerezos en el Valle del Jerte, por ejemplo. Un viaje intenso, muchos kilómetros pero una ruta que merece la pena seguir. Así que allá voy…
Lunes 23 – Les Useres a Zafra
El primer día de la ruta nos esperaba con más de 700 kms entre nuestro hogar y la primera parada de la ruta en la provincia de Badajoz, concretamente en Zafra. La Vía de la plata oficialmente arranca en Sevilla y culmina en Gijón pero nosotros la hemos hecho nuestra, y arrancamos en Zafra y acabamos en León.
A las 9:30 salimos y llegamos más o menos a las 6 de la tarde. La verdad es que pensaba que se me iba a hacer más duro pero con un buen coche, buena compañía y autovías, se me hizo muy llevadero. A media mañana paramos en un pueblo fantasma entre planicies de campos de cereal verde. Se llama Villar de Campos y no sé por qué el nombre no se me hacía raro, como que lo había oído nombrar alguna vez… nada que destacar, un pueblo más de la ruta de la España Vaciada.
Dos horas más tarde llegamos a Ciudad Real, sin llegar a entrar a su centro histórico que ya conocíamos (ver diario viajero: Quijoteando – MI MONDO LIRONDO – DIARIO DE VIAJES. Paramos a echar gasolina a precio de Guerra de Irán, y a comer en un “Burri King” como lo llama mi Santo. Hubiese sido mejor comer unas gachas manchegas pero teníamos que seguir ruta hacia el sur. (Secreto confesable, en la capital Manchega, poco hay para ver, una plaza del Ayuntamiento muy sui generis, cuyo arquitecto no pasará a los anales de la historia, y poco más). En el ranking de las ciudades españolas capitales de provincia con poco o nada de interés para ver, Ciudad Real encabeza, junto a Castellón el liderazgo.
No pasamos mucho tiempo en el coche para llegar a Puertollano, a unos 44 kms de Ciudad Real. Era la primera vez que cruzaba por esta ciudad de corazón minero. Tenía ganas de cruzar sus calles, las mismas que vieron nacer a mi querida Antonia, mi segunda madre que me cuidó tantas veces de pequeña. Aún sigo en contacto con ella, y lo primero que hice fue sacarle una foto a una torre minera, plantada en una rotonda y enviársela por wasap. Reacción inmediata, me explicó que se trata del Castillete del pozo minero de Santa María, ahora reciclado como símbolo del pasado minero de Puertollano. No teníamos tiempo de pararnos y descubrir otros rincones de Puertollano, como la famosa Fuente Agria, que porta el nombre por la cantidad de hierro que lleva el agua que sale de ella. La próxima vez volveríamos cuando estuviese Antonia que pasa largas temporadas en su pueblo natal.
Ya estábamos más cerca de Córdoba que de Ciudad Real, de hecho, el google maps nos metió por carretera comarcal, atravesando el norte de la provincia de Córdoba entre campos de encinas y olivares. Pasamos dejando a un lado, no muy lejos, el famoso pueblo de Pozoblanco, dónde murió Paquirri, la primera cogida retransmitida en directo.
A las cinco volvimos a parar para estirar las piernas y tomar un café. Quiso la casualidad que parásemos en un restaurante de carretera, justo en frente del pueblo de Fuente Obejuna, con B, y aclaro, porque la obra teatral de Lope de Vega, es con V, “Fuenteovejuna”… todos a una.
Ya quedaba sólo 1 hora, más o menos, para llegar a nuestro destino final del primer día. Dejamos la provincia de Córdoba y entramos oficialmente en Extremadura. Tuvimos que desviarnos unos pocos kilómetros, estaban haciendo obras de mantenimiento en la carretera. Y por fin, llegamos a la ciudad histórica de Zafra, en la provincia de Badajoz, conocida como “Sevilla chica”. Una avenida de pavimento adoquinado nos recibió al entrar. Qué pocas quedan ya… A diestra y siniestra, calles y plazas encaladas, arquitectura renacentista y edificios emblemáticos como el Alcázar de los Duques de Feria, un palacio-fortaleza del siglo XV que ahora ocupa el Parador Nacional.
No tardamos en encontrar la Plaza Mayor dónde tenía que recoger las llaves de nuestro apartamento en un hotel. La Plaza Grande y la Plaza Chica, una al lado de la otra, y a cada cual más bonita. Estábamos en la provincia de Badajoz pero Zafra puede pasar perfectamente por un pueblo blanco de la Sierra de Cádiz. Recogí las llaves en un hotelito que hacía esquina y recepcionista me dijo que el hotel estaba unido al restaurante “Dulce Chacón”, en honor a la escritora extremeña, nacida en Zafra, que falleció con apenas 49 años en el 2003.
La Plaza grande, completamente porticada, es el centro de Zafra, y todas las calles que la rodean están dentro del recinto que marcaba la antigua muralla del s. XV. En la plaza chica, en una de las columnas, vemos una vara de medir tallada en la piedra que utilizaban los comerciantes para medir las mercancías. Perderse por las calles que rodean a estas dos plazas es sumergirse en un laberinto de calles con suelo adoquinado, paredes encaladas y balcones acristalados increíblemente bellos. (No pude dejar de sacarles fotos, son obras de arte, con estructura de forja y cristales): dejo imagen: Zafra, la ciudad extremeña que nunca tuvo Plaza Mayor | Traveler
Nuestro apartamento, muy cerca de la Plaza Grande, lo encontramos al lado de la antigua Sinagoga que ahora es la Capilla de San José o de Santa Catalina la Vieja. Olía a incienso, vimos a un grupo preparando la ermita para la Semana Santa que empezaba en breve. Tuvimos mucha suerte de aparcar justo en frente para poder sacar todo el equipaje canino y humano. (es lo que peor llevo de viajar con Tuca y Lola, dicen de los niños pero esto es casi peor, entre comederos, camas, pienso, etc.. cada día una mudanza). Un chico pasó por delante de la ermita santiguándose, y en la misma ermita colgaba un QR para hacerse cofrade. La iglesia se moderniza…
Después de cenar en el apartamento, salimos a dar un paseo nocturno y ya salimos de la muralla por la Puerta de Jerez y rodeando el centro extramuros, llegamos hasta la Plaza España que es un gran parque, muy cerca del Palacio de los Duques de Feria, que hoy en día es un Parador. Bares con terrazas muy grandes, la hostelería aquí en Zafra se ve cuidada, los locales tienen nivel, les gusta alternar como diría mi tía Mercedes. Nos llamó la atención, volviendo ya al apartamento una Farmacia de guardia totalmente decorada con azulejos andaluces, muy llamativa. Abierta como un oasis en el desierto, nos vino bien para comprar “paliativos” para el palizón que llevábamos en el cuerpo.
Martes 24: Jerez de los Caballeros – Olivenza – Badajoz – Mérida
A primera hora del día siguiente y agradeciendo la cama de 180 de ancho, me preparé enseguida para dar el paseo matinal con las “niñas” y buscar un obrador para comprar pan recién hecho. Ni un alma por las calles, y no eran las 6 de la mañana, más bien casi las 9. Recordé un horno que habíamos visto en el paseo nocturno, muy cerca de la Puerta de Jerez y allí que fui. Cerrado a cal y canto. Al minuto vi a un señor metiendo y sacando cajas del almacén al lado del horno. Le pregunté y me dijo “sí, espera que llamo a mi mujer”. La señora me abrió el despachito del horno y me ofreció una especie de hojaldre con chocolate. Le pedí algo típico de Zafra y me ofreció unas pastas almendradas que resultaron ser las famosas “Perrunillas” extremeñas. Ni gota de pan, era muy temprano aún….
Dejamos Zafra y con un día espectacular nos encaminamos hacia el primer destino del día: Jerez de los Caballeros, (El de Cádiz es Jerez de la Frontera, y el cerca de Zaragoza es Ejea de los Caballeros). Atravesamos campos verdes de cereal, bendita primavera, y antes de llegar al pueblo vimos, en mitad de la nada, una gran planta siderúrgica llamada Balboa. (No consigo averiguar si tiene algo que ver el nombre de la siderurgia con los descendientes del explorador Nuñez de Balboa, que descubrió el Océano Pacífico, nacido en esta localidad de Jerez de los Caballeros).
Cuando llegamos, aparcamos en una placita que precede a la “Puerta de Burgos” y desde allí andando por la calle mayor de pueblo, bastante larga y flanqueada por Casas señoriales con escudos y balcones de forja, llegamos a la Plaza España. Antes de llegar a la plaza, nos cruzamos con un grupo de monjas de hábito que salían del Convento de San Agustín. Volvíamos a oler a incienso y a preparativos de la Semana Santa.
La plaza es de tamaño irregular, algo pequeña para albergar la enorme Torre campanario de la Iglesia de Santa María de la Encarnación. Mirar al cielo y ver la enorme Iglesia, la más antigua de la localidad, de origen visigodo, con su enorme torre, impresiona. Esta torre no es tan conocida, ni fotografiada como la de la iglesia de San Bartolomé, que está en la parte Alta del pueblo, un poco más alejada del centro histórico, pero ambas son de postal. Barroco extremeño es estado puro. (En esta de San Bartolomé descansan los restos mortales del famoso explorador Núñez de Balboa). La casa natal del descubridor es museo y se encuentra en la calle Oliva (todo cuestas en este pueblo pero sarna con gusto no pica…). El skyline de Jerez de los Caballeros se aprecia desde varios puntos, especialmente desde la Alcazaba amurallada, y si algo destaca, son sus torres campanario, a cada cual más bonita.
Merece la pena perderse por las calles empinadas de Jerez de los Caballeros y entrar en las 4 iglesias principales. Otro punto de interés es la oficina de Turismo, ya que justo al lado hay un mirador muy bonito sobre la parte más sureña de la localidad. Esta oficina está a pocos metros de la Plaza España. También muy cerca, a unos 500 metros, subimos hasta la Puerta principal de la Alcazaba. Una fortaleza del s.XIII levantada en gran parte por los templarios tras la reconquista cristiana. Nada más entrar se accede a un gran patio central, una explanada rodeada de árboles, muralla y varios edificios entre los que destaca la fachada del Ayuntamiento de Jerez. Se impone la “Torre Homenaje” a un lado, conocida también como la Torre Sangrienta, por su pasado cuasi terrorífico. Tras la disolución de la Orden del temple en el año 1312, algunos templarios resistieron y se quedaron. La leyenda cuenta que fueron ejecutados y sus cabezas quedaron expuestas en esta torre…. Bonito, bonito…
Dimos un paseo por los jardines que rodean el patio y las vistas desde allí sobre Jerez de los Caballeros valen y merecen la subida hasta allí. Jerez de los Caballeros, la ciudad de las torres barrocas #jerezdeloscaballeros #badajoz.
La anécdota del día la protagonizaron Tuca y Lola. Cuando salimos de la Alcazaba de regreso al aparcamiento, pasamos delante de una de las tantas carnicerías con productos de cerdo ibérico. En la entrada de la tienda, un cerdo gigante de piedra recibía a los clientes. Se volvieron locas ladrando, algún despistado se asustó, no entendía por qué ladraban con tanta furia. Me recordó a una situación similar que vivimos en Moguer, en Huelva, el pueblo natal de Juan ramón Jiménez, con varias figuras del burro Platero, desperdigadas por sus calles. También entonces se volvieron locas ladrando. No pasamos desapercibidos con ellas.
La siguiente parada no estaba muy lejos. Dejamos Jerez y el google maps nos llevó por una carretera comarcal entre dehesas de encinares y alcornoques, con vacas pastando, caballos paseando y cerdos (guarros como dicen por allí) de pata negra. Son rutas que se agradecen porque no están planeadas y te alejan del tráfico, descubriendo paisajes de los que quedan grabados.
Olivenza, blanca y pura. Creo que, ahora con la perspectiva del tiempo, Olivenza ocupa el top de los sitios más bonitos que vimos en Extremadura. (Coincidimos con la revista National Geographic). Los portugueses la reivindican como suya, no me extraña, los españoles dicen que fue cedida por el Tratado de Badajoz de 1801, y que no hay vuelta de hoja. Sea como sea, Olivenza, como las villas codiciadas por unos y otros, también está amurallada.
Empezamos la visita atravesando la Puerta de Anconchel, la mejor conservada de las puertas de entrada a la antigua villa medieval. Nada más cruzar su arco, entramos en un gran espacio que rodea la Iglesia de Santa María del Castillo, con un retablo de madera y azulejos portugueses, como los que vimos en la estación central de Oporto. Impresionante…
Después, Junto a la Iglesia de Santa María se encuentra el Castillo de Olivenza, que fue levantado por la Orden del Temple después de que Alfonso IX les cediera la villa por su ayuda en la reconquista, aunque posteriormente pasó a manos portuguesas.
Todo blanco, todo cuidado, protegido, limpio. Es un sueño pasear entre balcones, casas encaladas y pisar el adoquinado de sus calles. Llegamos por casualidad a uno de los rincones más emblemáticos de Olivenza. Al final de la calle Moreno Nieto se encuentra la Plaza de la Constitución presidida por el Palacio de los Duques de Cadaval, también conocido como Palacio Municipal y actual sede del Ayuntamiento de Olivenza.
En la fachada del ayuntamiento se encuentra la fantástica portada manuelina además de una torre del reloj del siglo XV y un mosaico que reproduce un plano de la ciudad del siglo XIX, ubicado en el suelo. Esta portada es única y la más fotografiada, las más “instagrameable”…
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Es curioso ver los letreros de las calles en portugués, en cerámica blanca y azul. (los vecinos del pueblo hablan castellano y portugués, 500 años de reinado de Portugal no se olvidan). Hicimos una parada técnica en una plaza, cerca de la Catedral y nos homenajeamos con un plato de jamón ibérico con 2 copas de verdejo…. Así 100 años más… son los pequeños placeres de la vida, que depende de dónde y cuándo, se multiplican con mil. Después de descubrir el lado Este de Olivenza, fuimos ladeando por el lado Oeste hasta llegar a la Plaza España, muy grande, rectangular y con un bonito pavimento de mosaico en blanco y negro que recuerda también mucho a las ciudades Portuguesas. A mí personalmente Olivenza me recordó un poco a Tavira, aunque Olivenza nos pareciese mucho más blanca. Yo diría que lo más destacable en esta localidad fronteriza es la blancura de sus calles, casas y edificios monumentales.
Y así fuimos regresando poco a poco hasta el aparcamiento público que hay a la entrada de Olivenza para seguir ruta hacia Badajoz. Como otras capitales de provincia ninguneadas en los rankings de las más bonitas, teníamos el presentimiento de que los pronósticos no iban a fallar. Y bueno, el recibimiento por la Avenida de Huelva con un tramo de glicinas en flor espectaculares, parecía un reto a nuestras confabulaciones. La ciudad está cruzada de Este a Oeste por el Guadiana (siempre he dicho que una ciudad con río gana mucho) y a pocos kilómetros de la frontera con Portugal, Badajoz puede presumir de ser la titular de la Alcazaba más grande de Europa.
Subimos en coche hasta la plaza de la Catedral y tuvimos mucha suerte, encontramos parking de 2 a 4 gratis en hora azul. De lo poco que se conserva en el interior del recinto de más de 8 hectáreas, destaca el Palacio de los Condes de Roca, que hoy en día es la sede del Museo Arqueológico Provincial. También fundado por los Suárez Figueroa, Duques de Feria, que habíamos mencionado en Zafra, por el que fue su Palacio y hoy es el Parador de Zafra.
En la plaza España, centro neurálgico de Badajoz, confluyen varios edificios importantes de la ciudad: El Ayuntamiento, la Catedral de San Juan Bautista con su Torre campanario de 40 metros de altura, la Casa Álvarez Buiza y una escultura del pintor local, Luís de Morales. Las terrazas estaban a rebosar, para comer algo, fuimos caminando por la calle San Juan hasta alcanzar la plaza que yo quería ver, la Plaza Alta. Había visto muchas imágenes de esta plaza singular y tenía ganas de verla Fue durante varios siglos el centro de la ciudad desde que ésta rebasó los límites de la alcazaba musulmana. Anteriormente era conocida como plaza pública o simplemente «la plaza».
La han restaurado recientemente y la parte más fotografiada es la que tiene los dibujos geométricos en rojo, negro y blanco, “las casas coloradas”, inspirándose en la Mezquita de Córdoba. Toda la plaza es una mezcla de estilos. Muros de la muralla de la Alcazaba, soportales que daban cabida a los puestos de los mercaderes medievales, edificios de estilo Mudéjar como las Casas consistoriales, detalles barrocos y renacentista, rien ne va plus…
Plaza Alta de Badajoz #badajoz #extremadura #viajar #viajes #turismo
Confieso que la restauración de las “casas coloradas” me dejó un poco desubicada, me imaginaba los dibujos geométricos más naturales, de hecho, han dejado una parte con los dibujos originales y se entiende por qué hubo debate y controversia. Para muchos el resultado era “demasiado nuevo” y esa es precisamente la impresión que me dio. Pero bueno, merece la pena subir hasta esta plaza Alta de Badajoz.
El jamón de Olivenza ya quedaba casi en el olvido, y paramos a comer unas raciones en un bar con terraza, justo en frente de la entrada a la Alcazaba. Probamos sus croquetas caseras de rabo de toro, de pera con queso gorgonzola y de jamón que estaban buenísimas, la ensaladilla también estaba rica. El tapeo en Badajoz pinta bien, la tapa no es gratis automáticamente como en Granada pero en la mayoría de los bares locales sí. Para registrar: prueba de cerdo (carne de cerdo adobada), la morcilla patatera que recuerda un poco a la sobrasada, migas, jamón ibérico y por supuesto los quesos extremeños como la Torta del Casar.
5 minutos nos quedaban de parking gratis y tuvimos que volver a la Plaza España para coger el coche y despedirnos de Badajoz. Estancia breve pero intensa. Nos esperaba la capital histórica de la provincia, la que siempre presumió de su legado romano: Mérida.
Supongo que hay rivalidad entre las dos localidades, es normal, pero puestos a elegir, por interés turístico, me quedo con Emérita Augusta. Mi primera vez en Mérida data de los años 90, o sea, más de 30 años han pasado desde que hicimos un viaje a Lisboa pasando por Mérida en mi primer coche, mi primo Marcel y yo. Telita marinera…
La primera vez en Mérida para “my partner in crime”. ¿Ya era hora no? . Llegamos a la ciudad de los eméritos de Augusto a media tarde, cansados. El plan era descansar en un hotel a 15 kms de Mérida, en un pueblo llamado Aljucén, e ir abriendo boca para el día siguiente. Y qué mejor que dormir en un hotel llamado “Termas Aqua libera”, totalmente decorado y equipado como una villa romana auténtica, con su patio, sus termas y hasta un menú hecho con platos de la época. Es un sitio muy agradable y tranquilo. Recomendable: Hotel rural, casa romana, restaurante y spa | Aqua Libera junto a Mérida.
La única pega es que no había opciones para cenar saliendo del hotel. Aljucén es un pueblo en el camino mudéjar de Santiago, muy tranquilo y muy pequeño. Optamos por prepararnos un bocata y con las “chicas” nos sentamos en un banco, junto a la Iglesia del pueblo, con unas vistas panorámicas increíbles. No podíamos acabar el día con un mejor paisaje.
Miércoles 25: Aljucén – Mérida – Guadalupe – Trujillo
Empezamos el día temprano y con un desayuno buenísimo. Al lado del hotel, en un bar nos sirvieron unas tostadas con jamón ibérico y el pan untado con una crema de tomate, ajo y aceite de oliva que no olvidaremos por los restos. Le pregunté al camarero si esta crema se vendía hecha y me sonrió diciendo: no chiquilla, esa crema la hago yo. ¡Qué rica por Dios!
Entre los parroquianos del bar, había currelas y también caminantes rumbo a Santiago, carburando a base de tostadas de jamón. Con este desayuno el día no podía salir mal.
Antes de las 10 de la mañana llegamos al centro de Mérida. Aparcamos en un paseo muy cercano al centro de una ciudad que recordaba más pequeña. Nada más salir del coche, vimos un escaparate con trajes de romanos y romanas. Me acordé de lo que nos contó nuestro amigo Mario sobre cómos se vuelca todo el pueblo y gente venida de fuera, cuando se celebran las Jornadas de Emerita Ludica. Una recreación histórica que transforma la ciudad en la antigua Emerita Augusta con carreras de cuadrigas, luchas de gladiadores en el Anfiteatro, ritos en el Templo de Diana, entrada de los legionarios por el puente romano y varias recreaciones de la vida cotidiana en la ciudad. (Tenemos que venir, pinta muy bien).
Nuestra primera parada en la Oficina de Turismo, nos vino bien para saber que no podríamos entrar en el recinto arqueológico con Tuca y Lola, antes se podía pero lamentablemente ya no. Nos tendríamos que turnar, no quedaba otra… Cruzamos la calle comercial y llegamos a la Plaza Mayor, que en Mérida también se llama Plaza España. Rodeada de soportales por tres de sus flancos, su gran tamaño da cabida a varios edificios interesantes. Nos sorprendió mucho el Palacio de la China, construido en 1928 por orden de un comerciante local, Bartolomé Gil, apodado “El Chino”, que fue pionero con sus almacenes de textiles y muebles durante más de 50 años. EL Ayuntamiento, el Palacio de los Vera Medonza, la Casa de Alonso Segundo Pacheco y la Iglesia de Santa María, hoy Con-catedral, son los demás edificios importantes que rodean la gran plaza. Se nota que es el centro de la ciudad, las terrazas están animadas, hay movimiento de gente, alegría sureña de vivir.
Muy cerca de la plaza, vimos una calle que daba directamente al río y al famoso puente romano de Mérida, compuesto por sesenta arcos de medio punto, con casi ochocientos metros de largo y doce metros de alto en los puntos más elevados. Patrimonio de la Humanidad es el puente romano en uso más largo del mundo. Nos acercamos y paseamos por él unos metros, los suficientes para comprobar su envergadura, es sencillamente colosal. La estatua de la Loba Capitolina con Rómulo y Remo que se ve al acceder al puente, es una réplica de la escultura original de los Museos Capitolinos de Roma.
Volviendo sobre nuestros pasos, pasamos ante la entrada principal de la sede de la Junta de Extremadura. Ubicada en un antiguo convento Santiaguista, estaba totalmente custodiada, no pudimos acceder al patio. Le preguntamos al vigilante si estaban reunidos el PP y Vox firmando el acuerdo y nos dijo que sí. No sé si nos estaba vacilando porque nuestra pregunta fue directa y cargada de ironía pero si era verdad, personalmente, creo que no era una buena noticia para Extremadura pero bueno…. Así es la política actual, voto ganador a la derecha y extrema derecha en la comunidad autónoma con menos inmigración y con menos renta per cápita. Que Dios reparta suerte…
También nos indicó cómo llegar al renombrado conjunto arqueológico romano de Mérida. Podíamos ir caminando pero ya nos vencía la hora azul y volvimos a nuestro punto de partida, pasando antes por una plaza presidida por el Templo de Diana, otra joya de arquitectura romana, ubicado en lo que fue el antiguo foro central de Mérida, construido en el Siglo I DC. Es impresionante, una autentica joya. Había un grupo de niños de unos 6 años con sus profesores de excursión. Nos sentamos con Tuca y Lola para ver el templo junto a un par de niños. A uno de ellos se le cayó la manzana de su almuerzo al suelo y Tuca la cogió con tal rapidez que el niño se quedó sin palabras. Al principio, no sabía qué hacer, tuvo un amago de decírselo al profesor pero desistió, se dio la vuelta y le dijo a Tuca, vale pues cómetela. La Tuca no había esperado a su permiso, pero le dimos las gracias de su parte. Cosas del directo, ante el Templo de Diana.
Patrimonio de la Humanidad y no es para menos. El acceso cuesta 13 euros por persona y como ya nos habían avisado de que no podíamos entrar con mascotas, lo hicimos por turnos. Primero Dani y luego yo que ya había estado en el siglo XX después de Cristo, allá por 1990.
Nada más acceder al recinto, bajando una pequeña cuesta se llega la “cavea” o grada del Teatro dónde se distribuían los espectadores en función de su rango social. Sea cual sea la posición, poder ver la fachada del frente escénico de este Patrimonio de la Humanidad, es sencilla y llanamente un auténtico regalo de los Dioses. En ese mismo instante me prometí, al igual que lo hice en Verona, que no me iría de este mundo sin ver una obra de teatro clásico en una de esas gradas, ni sin escuchar una ópera de Verdi en Verona. Sin palabras…
Me hizo gracia un guía que les hacía recordar a su grupo, escenas de la película “La vida de Bryan” de los Monty Phyton, mientras les explicaba cómo se las gastaban los romanos. Muy cerca del Teatro, están también los restos del anfiteatro que no tiene las dimensiones del Coliseo de Roma pero tampoco se quedaba atrás, aquí también hubo luchas de gladiadores. Un grupo de niños sentados en el suelo, seguía atentamente las explicaciones de la profesora que, les iba explicando con dibujos, lo que significaba en aquellos tiempos contar con un anfiteatro como este que estaban viendo. Había gente, para ser un miércoles. Una pareja pasó a mi lado y me quedé mirándoles anonadada. Ella calzaba taconazos y un pantalón como de lana, que le marcaba todo lo visible e invisible. Por Tutatis! Pero cómo se puede visitar un yacimiento arqueológico con esa guisa! Increíble…
Me sonó el móvil, cuando ya iba regresando al punto de partida. Era Pepi, la madre de Mario para invitarnos a tomar algo. Yo no quise llamarles para no ponerles en un compromiso pero también nos gustó la idea de quedar con ellos, al fin y al cabo estábamos en su ciudad. Me dijo que nos esperaban en una terraza de un bar muy conocido por su especialidad, el “pestorejo”. Como dicen, “del cerdo hasta los andares”… en Extremadura se lo toman en serio. El Pestorejo es la Careta del cerdo (morro, jeta y orejas) , adobada con especias, y cocinada a la brasa. También nos invitaron a comer lagarto ibérico y pasamos un rato muy agradable. Tanto es así que sin darnos cuenta nos dieron casi las cinco de la tarde y aún teníamos por delante 125 kms para llegar al Monasterio y pueblo de Guadalupe y culminar el día en Trujillo.
Nos despedimos de Mérida con la promesa de volver. Tienes razón Mario, Mérida da para mucho…
Para llegar a Guadalupe salimos de la provincia de Badajoz y nos adentramos en la provincia de Cáceres. Patrimonio de la Unesco, el desplazamiento de 125 kilómetros merece la pena. Yo recordaba una carretera y un puerto con curvas infinitas pero esta vez no se me hizo tan pesado. Llegamos más o menos a las 6 de la tarde y aunque en marzo ya alargaba el día, tampoco tanto…tuvimos tiempo, antes de que anocheciera, a ver el impresionante Monasterio, la plaza medieval, del s.XV de la Fuente de los tres chorros y las calles aledañas al monasterio con sus balcones de madera.
Y ¿Qué decir de este monumental Monasterio en honor a Santa María de Guadalupe? Según cuenta la leyenda, a finales del siglo XIII un pastor llamado Gil Cordero encontró una figura de la virgen en el río Guadalupe. En ese lugar se construyó una ermita y junto a ella se fue conformando el pueblo que podemos conocer en la actualidad. Se trata de un auténtico sitio de peregrinaje, uno de los más insignes después de Santiago de Compostela.
Fue Alfonso XI quien le dio un verdadero impulso a este santuario, al que le unía una relación muy significativa, ya que se había encomendado a la Virgen de Guadalupe para ganar la Batalla del Salado. Tras su victoria, mandó levantar una nueva iglesia que se erigió en estilo mudéjar y de la que hoy solo se conserva el ábside. Sus muros están llenos de historia, pues aquí se reunieron hasta en dos ocasiones los Reyes Católicos con Cristóbal Colón antes de que este partiera rumbo a América, no sin antes pedir la protección de la virgen.
El edificio que se observa en la actualidad es de principios del siglo XV. La singularidad del monasterio radica en su mezcla de estilos: gótico, mudéjar, renacentista, barroco y hasta neoclásico. La iglesia consta de tres naves con planta de cruz latina y un ábside poligonal. Es una obra excepcional en cuanto a arquitectura, pensada para custodiar la imagen de la Virgen de Guadalupe, una talla de madera fechada a finales del siglo XII, probablemente románica, que es la patrona de Extremadura y de la Hispanidad.
El conjunto es colosal, enorme. Cuenta la historia también que Isabel la Católica se refugiaba aquí en sus retiros espirituales. Quizás en uno de esos retiros ideó, según cuentan las malas lenguas, la manera de envenenar a su hermano Enrique IV. Su hija, Juana la Beltraneja, o sea, la sobrina de Isabel, aseguraba que su tía era ambiciosa, codiciosa y soberbia y que había envenenado a su padre. A pesar de que científicamente sí se encontraron restos de arsénico en el cuerpo de Enrique IV, nunca se pudo demostrar la autoría de Isabel la Católica. True crime en toda regla… Guadalupe. Provincia de Cáceres. Extremadura.
En todo caso, el desvío hasta Guadalupe merece y mucho la pena. Salimos hacia nuestro destino final del día, Trujillo, cuando el ocaso de sol cobraba velocidad. 75 kilómetros tuvieron la culpa de que llegásemos de noche ya a nuestro apartamento, muy céntrico y por consiguiente, un poco pesado para aparcar. Al final, aparcamos haciendo varias maniobras en la misma puerta de un edificio antiguo que albergaba, en la planta alta, nuestro apartamento. El dueño, un señor mayor, vino a abrirnos y a cerciorarse de que habíamos reservado sólo 1 apartamento y no dos, ya que tenía 2 reservas a nombre de Ana Fernández. Le demostré que era pura coincidencia porque yo sólo tenía 1 reserva hecha en Booking. Curioso ¿no?. Podría recomendar el apartamento por su ubicación, al lado de la plaza mayor monumental de Trujillo y por la admisión de mascotas (tuvo el detalle de cobrarnos la estancia de sólo 1). Pero, le faltaban muchos detalles en la cocina, en el baño… Así que no, no dejo en el enlace para recomendarlo, en Trujillo hay una gran oferta y seguro que lugares más recomendables.
Cenamos en el apartamento y nos fuimos a pasear. Ver la plaza monumental de Trujillo de noche es un “must”. Ya tendríamos tiempo para ver Trujillo al día siguiente pero, ver la plaza de noche, sin gente, sin coches, fue sencillamente la guinda del pastel para un día inolvidable.
Jueves 26: Trujillo – Casar de Cáceres – Cáceres
Trujillo se descubre en calma, sin prisas, todo el pueblo es monumental, un viaje al pasado, a la España de los conquistadores. Ciudad natal del descubridor del Perú, Francisco Pizarro, es el gran protagonista de la plaza mayor, con su figura ecuestre dominando el espacio. Las calles ascienden hacia la ciudad medieval, protegida por una alcazaba árabe que vigila el horizonte desde hace siglos. Una vez fotografiada la plaza desde todos los ángulos, nos perdimos por las calles que la rodean. Entre las Casas-palacio con sus blasones esculpidos en piedra, se encuentran la del propio Pizarro, convertida hoy en museo, o la de otro gran explorador, Francisco de Orellana, que recorrió íntegramente el Río Amazonas. Trujillo fue una cantera de exploradores y conquistadores. Hernán Cortés no nació aquí, nació en otro pueblo extremeño, en Medellín. Extremadura, tierra de conquistadores, ese es el eslogan.
Hasta el Castillo que encumbra la ciudad no subimos, no era cuestión de forzar la máquina, teníamos mucho día por delante. Pero para quien se atreva, el Castillo de Trujillo ofrece las mejores vistas panorámicas sobre Trujillo y el entorno de la localidad. Nosotros rodeando la plaza, fuimos descubriendo varios rincones y si me tengo que quedar con una imagen es la del balcón rinconero en el Palacio de la Conquista, dominando la Plaza Mayor. Una joya del Renacimiento extremeño, un enorme escudo de armas que el emperador Carlos V concedió a Pizarro tras la conquista del Perú. Esta plaza hechiza, no deja indiferente a nadie. Cerca de la estatua ecuestre de Pizarro, también merece la pena entrar en la Iglesia medieval de San Martín de tours, no sólo por su impresionante órgano del s. XVIII, sino por la posibilidad de acceder a la segunda planta de la iglesia para ver la plaza desde otro ángulo.
Qué ver en Trujillo, Cáceres – Uno de los pueblos más bonitos de España
Nos costó dejar Trujillo, pero teníamos que avanzar, nos esperaba la otra capital extremeña, Cáceres, y yo personalmente tenía muchas ganas de conocerla. Primero paramos en Casar de Cáceres, a unos 10 kilómetros de la ciudad, para comprar la famosa Torta del Casar. No es un dulce es un queso de pasta blanda que se elabora con leche de oveja. La exposición de la fábrica invitaba a dejarles sin abastos pero supimos contenernos. Para amantes y pecadores del queso como yo, esta parada es obligatoria. Torta del Casar DOP y quesos tradicionales de Extremadura – Quesos del Casar
Con el nuevo ambientador a queso de oveja en el coche, llegamos a Cáceres a media mañana. No sé por qué me imaginaba esta ciudad en llano y empedrada. Y sí, mucha piedra, y poca llanura, más bien, cuestas y pendientes infinitas a prueba de meniscos y rodillas afectadas como las de mi Santo. Pero, si nos olvidamos de los achaques de la vejez, Cáceres es mágica, lo supe nada más llegar a su plaza Mayor, antesala de un centro histórico de película (los buscadores de exteriores para la serie de Juego de Tronos la exprimieron al máximo nivel, según nos contó la guía por la tarde). A las 12 llamé al contacto del apartamento que había reservado para quedar por la entrega de llaves y me dijo que ya podíamos entrar si queríamos. Sabía que estaba céntrico, lo que no me esperaba es la odisea que sufrimos para encontrarlo. Aparcar el coche en el propio centro es imposible, la ciudad amurallada no concibe parkings en su interior. Cerca de la plaza mayor, el parking más a mano es el de Obispo Galarza, y allí dejamos el coche y cargados como mulas nos adentramos en el centro histórico buscando el apartamento que resultó estar al otro lado de la muralla. Nos costó casi una hora encontrar el dichoso apartamento, bonito pero de difícil acceso en coche. Dejamos a Tuca y Lola en casa a la sombra y fuimos a comer a un bar cercano con raciones de las de chupa y moja. Oreja de cerdo, mollejas de pollo y patatas arrieras con langostinos, 13.000 calorías regadas con vino de pitarra extremeño. Un vino casero, popular que desde la época prerromana se elaboraba en las bodegas familiares, a partir de una mezcla de uvas blancas. Rodando y a la siesta. A las cinco de la tarde teníamos una visita guiada por el centro histórico y urgía un descanso.
Hemos cogido afición a las visitas guiadas. Esta vez nos guió una chica historiadora muy competente y con muchas ganas de dar a conocer su ciudad. Quedamos en la plaza de la Concatedral de Santa María, el edificio religioso más importante de la ciudad. De estilo románico y gótico, tiene en frente el palacio del Arzobispado, y en uno de sus pilares externos, la figura de San Pedro de Alcántara (dicen que el escultor le puso su propio rostro y que si le tocas los pies, la suerte estará de tu lado).
Muy cerca, nos llevó la guía hasta la entrada principal de uno de los palacios de los grandes prebostes de la ciudad, la familia Carvajal. Se la conoce como la “Casa quemada” por el incendio que casi acaba con ella. Hoy en día es la sede del Patronato de Turismo. Nos enseñó en la entrada una escalinata con escalones muy cortos y nos dijo que probablemente los subían a caballo. Vamos, que metían los caballos como quien mete el carro de la compra. El jardín interior también está abierto al público y nos lo enseñó también para que viésemos árboles exóticos que trajeron de las Américas, y uno en particular del que se extrae la famosa burundanga. También vimos una higuera milenaria, se dice pronto…
Seguimos la visita y nos fue mostrando varios palacios como el de Toledo-Moctezuma. Sí, Cáceres guarda relación con la famosa dinastía Azteca y la historia es de culebrón de los buenos. El resumen es que Isabel de Moctezuma, hija del Jefe Supremo, Moxtezuma II, llegó a casarse (mejor dicho, la casaron) hasta 6 veces, con tres extremeños, 3 aztecas y una relación extramarital con Hernán Cortés. Uno de los descendientes de Isabel (rebautizada, su nombre original era, nada más y nada menos, que Tecuichpochtzin, que en náhuatl significaba, «pequeña flor de algodón»), Juan de Toledo Moxtezuma se unió en matrimonio con Mariana de Carvajal y así quedaron ligadas los dos linajes más renombrados de Cáceres. El palacio de estilo renacentista fue restaurado y actualmente es la sede del archivo provincial.
Todo el recorrido por el centro histórico es un viaje al pasado medieval y renacentista, con muchas historias y leyendas acumuladas. Para hacerse una idea, sólo el centro de la ciudad alberga 25 palacios y casas fuertes. Se considera este conjunto medieval como uno de los mejor conservados de Europa. A mí el que más me gustó fue el Palacio de los Golfines de Abajo, con una fachada plateresca impresionante y el escudo de los Reyes católicos, quienes se hospedaron varias veces en el palacio. De hecho, Sancho de Paredes Golfín, fue camarero de la Reina Isabel la Católica.
El término «golfines» se utilizó durante la Edad Media para denominar a grupos de soldados mercenarios y salteadores que aprovechaban los periodos de paz para dedicarse al pillaje y al asalto de caminos. Según algunas crónicas, muchos de estos hombres procedían de Francia tras participar en campañas militares, asentándose en tierras castellanas. Con el paso del tiempo, esta soldadesca se asentó y se convirtió en un poderoso linaje hidalgo, acumulando riquezas, fundando casas fuertes y obteniendo títulos nobiliarios en diversas zonas de España.
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Hay otro Palacio de este linaje, el Palacio de los Golfines de Arriba, del s. XIV, construido como casa – fortaleza, que se hizo tristemente famoso por el hecho que fue entre sus muros dónde Franco fue declarado Jefe del Estado, antes de su nombramiento oficial en Burgos.
La guía siguió la ruta por el barrio judío y la calle de los caleros. La comunidad judía convivió con la musulmana muchos años. La ruta la iniciamos, en la Plaza de San Jorge con una bonita escalinata que da acceso a la Iglesia de San Francisco Javier de estilo barroco, y que destaca por sus muros blancos. De allí seguimos por la calle de los caleros, una de las vías más antiguas, emblemáticas y de mayor arraigo popular de Cáceres, situada fuera de la muralla (en la zona del antiguo arrabal) y muy cerca de la Iglesia de Santiago. Frente a la monumentalidad de las casas palacio intramuros, esta calle es de viviendas populares, de poca altura y su nombre deriva de los antiguos artesanos “caleros”, dedicados a la elaboración de cal, que poblaban estas casas.
Subimos unas calles inclinadas hasta alcanzar la Antigua Sinagoga y allí nos explicó algunas curiosidades como la manera en la que engañaban a los censores de la Inquisición, los judíos sefardíes. Elaboraban embutidos utilizando carnes permitidas para ellos (como pollo o cordero) mezcladas con calabaza y patata cocida. De este modo, con la patata lograban imitar los puntos blancos del tocino de cerdo. La Inquisición vigilaba si las familias hacían matanza o si colgaban embutidos en sus casas. La probamos, al día siguiente, en Plasencia y nos gustó mucho
Volvimos a atravesar las murallas y llegamos otra vez frente a otro gran palacio que destaca por la altura de su Torre. Se trata del Palacio de las Cigüeñas (o Palacio del Capitán Diego de Ovando), ubicado en la Plaza de San Pablo. Su inmensa torre almenada es la única del casco histórico que no fue desmochada por orden de los Reyes Católicos. Esto de desmochar o quitar almenas y rebajar la altura, lo ordenaron así los Reyes para someter a la aristocracia rebelde y pacificar territorios en disputa. En Cáceres lo ordenaron de forma muy notable durante la guerra de Sucesión castellana.
Y así poco a poco, fuimos acabando la visita de más de dos horas, la guía se ganó el aplauso con creces. Pasamos por delante del famoso restaurante Atrio, con 3 estrellas Michelín, hasta llegar al famoso Arco de la estrella que da acceso a la plaza Mayor. Tiene una anchura considerable ya que por ahí pasaban los carruajes para acceder a la ciudad monumental. Escarbado en la propia muralla cuenta con un templete en el que está la estatua de la Virgen de la Estrella que le da el nombre al arco. A esta imagen se confiaban los viajeros cuando salían de la ciudad y a ella agradecían su regreso. Está considerado como la puerta más importante de la Ciudad Monumental, ya que fue el lugar elegido por la Reina Católica para jurar los Fueros y privilegios en 1477, también en este mismo arco juró los Fueros a la ciudad el rey Fernando “El Católico” en 1479.
También al llegar al final de la visita, tuvimos que apartarnos porque se celebraba esa misma tarde-noche la Pasión viviente de Cáceres. El centro de Cáceres se transforma para recrear la Jerusalén de hace 2000 años. (Se celebra el jueves anterior al inicio de la Semana Santa). Suele comenzar en torno a las 20:00 h en la zona del Arco de la Estrella y desarrolla más de 20 escenas itinerantes diferentes por lugares emblemáticos como la Plaza Mayor, la Plaza de Santa María y la Plaza de San Jorge, para terminar en la Iglesia de San Mateo.
Vimos un rato el ambiente pero no mucho porque con Tuca y Lola era difícil gestionarlo con tanta gente y tanto bullicio. Nos retiramos poco a poco a descansar antes de ir a cenar muy cerca del apartamento. EL sitio se llama “Bistrot bendito” y está ubicado en una antigua ermita. Pelín caro pero mereció la pena la experiencia para probar platos originales de “Cocina Canalla”. No lo digo yo, así definen su cocina los propios cocineros. (cocina creativa, sin normas y con alma). Lingote de oreja crujiente, rollito de pato Thai, Berenjena a la brasa con salsa de yogur especiada…. Estas fueron algunas de las “delicatesen” que probamos y la verdad es que estaba todo rico, rico…
Y así acabamos un largo día en Cáceres, muy cansados pero también contentos por haber conocido por fin una ciudad que teníamos muchas ganas de descubrir.
Viernes 27: Puente de Alcántara – Ruta de la Vera – Ruta del Jerte – Plasencia
Hasta el último minuto en Cáceres no nos libramos de subir cuestas y cruzar de nuevo el centro histórico y la Plaza Mayor para recoger el coche en el parking, en el lado opuesto al apartamento. Salimos finalmente hacia el norte, hacia Salamanca, pero antes de dejar Extremadura, uno de los objetivos del viaje era ver la floración de los cerezos en el Valle del Jerte y casi, casi nos quedamos sin ver los cerezos en flor.
La primera parada del día, antes de llegar a Plasencia, otra gran ciudad histórica de Extremadura, la teníamos prevista en el Puente romano de Alcántara. En la antigüedad este puente, de casi 50 metros de altura, sobre el río Tajo, servía para enlazar Emérita Augusta (Mérida) con Bracara Augusta (Braga en Portugal). Se puede cruzar andando pero para el tránsito rodado se ha construido un nuevo viaducto que discurre en paralelo. Desde este nuevo viaducto vimos el puente romano, no pudimos cruzarlo ya que estaba en obras y nos quedamos con las ganas.
Dehesas de alcornoques y encinas, cañones fluviales y las montañas del Parque natural de Monfragüe y de la Sierra de Gredos de fondo, fue el paisaje que nos acompañó hasta alcanzar Plasencia, otra ciudad monumental de Extremadura. Allí íbamos a dormir esa noche pero antes teníamos que seguir la ruta del Jerte. Iniciamos la ruta por Jaraiz de la Vera, capital de la Ruta de la Vera que no del Jerte (aclaro porque me lié, hay dos rutas diferentes la de la Vera y la del Jerte). Jaraiz de la Vera estaba a tope de gente, nos fue imposible aparcar, además de ganarme la bronca de un peatón al que no había visto mientras sorteaba la calle principal en obras. La primera impresión después de cruzar el pueblo no fue muy positiva, decidimos seguir adelante. El siguiente punto, Cuacos de Yuste sí que merece la pena. También lo pensó Carlos V, el mismo rey todopoderoso en cuyos dominios no se ponía el sol, cuando eligió este lugar para morir y mandó erigir un palacete adosado al Monasterio de Yuste. Yo ya visité la habitación donde pasó sus últimos días, y recuerdo que me impresionó mucho el espejo que tenía a pié de cama, de la que no se podía levantar por sus ataques de gota. Ese espejo le reflejaba la vista a los jardines, su contacto directo con el exterior. Como ya había estado me quedé con Tuca y Lola y nos fuimos hasta un pueblo a 7 kms, llamado Garganta de Olla. Mientras tanto Dani disfrutó de la visita al Monasterio de Yuste. Un retiro bien elegido, entre bosques, riachuelos y mucha calma. https://youtu.be/An3ukR10trc?si=4TgTppxOzXIiS0HF
Los 7 kilómetros que me costó ir hasta Garganta de la Olla se me hicieron un poco duros, viendo toda la zona calcinada. No uno, año tras año, hay incendios forestales en esta zona, según me informo ahora, a la hora de escribir este diario… qué pena… No estaba marcado en mi ruta este pueblo y resulta que es uno de los más bonitos de la comarca de la Vera. Antes de llegar, a escasos metros del centro, la parada obligatoria es en el mirador que da a las piscinas naturales formadas en las rocas por las que fluye el río Garganta Mayor. A las zonas de baño las llaman “Charcos”, el charco las Pilatillas, el charco Calderón o el de la Valentina. En verano tiene que ser una gozada, cascadas de agua allá dónde mires.. Bosques calcinados y agua a raudales, qué contrasentido…
Regresamos para recoger a Dani y al salir del Monasterio, a pocos metros de la rotonda de entrada, accedimos al propio pueblo de Cuacos, donde tuvo morada también otro ilustre, Don Juan de Austria, hijo ilegítimo de Carlos V. Mientras su padre estaba recluido en el Monasterio, él vivió en el pueblo en una casa que ahora es la sede de la Mancomunidad de la Vera. Y para más inri, en este pequeño pueblo extremeño, se encuentra el Cementerio alemán, donde descansan los restos de 180 soldados, aviadores y tripulantes de la Primera y Segunda Guerra Mundial. ¿Tela no?
La plaza mayor es muy bonita, me acordé de las casas con soportales de madera que habíamos visto en Guadalupe. Al salir de Cuacos paramos en una gasolinera y le pregunté a la chica que estaba allí por los cerezos en flor, ya que no habíamos visto muchos. En ese momento me di cuenta de que la ruta de la Vera era famosa por el pimentón y la del Jerte, la de los cerezos era otra distinta. Nos explicó que en estos pueblos de la comarca de la Vera lo que prodigaba era el cultivo de tabaco y pimentón y que los cerezos necesitan un mínimo de 23 días de heladas para que florezcan.
Otro pueblo muy bonito de la comarca, en el que paramos, es Valverde de la Vera. Lo que más nos gustó es escuchar el agua que corre por sus calles gracias a unos canales estrechos, llamados “regueras”. Aparcamos muy cerca del monumento que recibe al viajero al llegar hasta aquí, que impacta. Una mole de piedra que representa una tradición centenaria, la de los “Empalaos” de Semana Santa. El rito se lleva a cabo durante la noche de Jueves Santo a Viernes Santo. Hay varios actos pero el más famoso es el Viacrucis de los Empalaos. Al penitente se le colocan las sogas en el torso desnudo. Después se le coloca un timón de arado sobre sus hombros y se cubre también de sogas. Por último se le colocan el velo y la corona de espinas. Cuando las campanas suenan a las doce de la noche del Jueves Santos, arranca un viacrucis que recorre 14 estaciones. A lo largo de la noche van saliendo diferentes empalaos. Acompañados de amigos y familiares, la penitencia dura casi tres cuartos de hora, y cuando se encuentran entre ellos se arrodillan uno frente al otro. La España oculta de Cristina García Rodero, seguro que los fotografió alguna vez.
Para llegar a la Plaza España, seguimos el curso de una de las regueras de agua que cruzan el pueblo. Vimos a un grupo sacando el estandarte de una Virgen y le pregunté a una señora qué imagen era y me miró un poco sorprendida. La “Dolorosa”, me dijo, la sacamos hoy en procesión. Tierra trágame… no soy capillitas pero tampoco me tengo por una iconoclasta. Estaban nerviosos, preparando la pequeña iglesia, las flores, el manto de la Virgen, todo tenía que estar perfecto para la ocasión.
Cuando finalmente llegamos a la Plaza, preciosa, no duramos mucho porque había un perro suelto que vino varias veces corriendo hacia Tuca y Lola, y se montó la gresca. El dueño al final lo cogió y lo tiró a la fuente al pobre perrito. Salió espantado, corriendo y con pocas ganas de desobedecer a su dueño. Se acordará de Tuca y Lola para los restos…
Qué lejos quedaban las casas blancas encaladas de Olivenza o Jerez de los Caballeros, aquí, en el norte de Cáceres, abundan los soportales sostenidos por columnas de granito, la arquitectura verata se adapta al clima más lluvioso y frío de la Sierra de Gredos, combinando la piedra, la madera de castaño y el adobe. Me recordó mucho a Candelario, uno de los pueblos más bonitos que recuerdo haber visto, en la provincia de Salamanca (tendríamos la oportunidad de volver a verlo al día siguiente).
El último pueblo que vimos de la Ruta de la Vera es Jarandilla de la Vera, con un castillo imponente, perteneciente a los Condes de oropesa, totalmente renovado y convertido en Parador. Aquí vivió también Carlos V durante casi un año, mientras edificaban su palacete junto al Monasterio de Yuste. Llegamos a este pueblo a la hora de comer, pasadas las dos de la tarde. Dimos una vuelta por el centro, no tan bonito como el de Valverde o Cuacos y finalmente nos quedamos en una terraza de un bar. Era tarde y no había mucho más para elegir, porque el suplicio de aguantar una familia de gritones, desde el abuelo al nieto, pasando por la madre, nos lo hubiésemos ahorrado. ¡Qué horror! Cuando se marcharon fue tal descanso que se lo dijimos a la camarera. Clientes habituales, “si yo os contara”… ese fue el mensaje encriptado detrás de su sonrisa.
¿Y dónde estaban los cerezos en flor? Habíamos visto algunos pero para nada eran los cientos de cerezos que había visto en imágenes previamente, cuando planifiqué el viaje en esas fechas precisamente para coincidir con su floración. La comarca de la Vera y del pimentón tocaba a su fin, era hora de volver hacia Plasencia, dónde íbamos a dormir. Pero la palabra rendición no entra en mi vocabulario, y a unos 30 kilómetros antes de llegar a Plasencia vi un cartel en la carretera que indicaba “Valle del Jerte”. Me metí de un volantazo y allá que fui, mientras escuchaba los lamentos del Tauro que no se podía creer las chaladuras repentinas de una acuario impredecible. Y claro, ahí estaban, al cabo de unos kilómetros de curvas, el Valle del Jerte se hizo realidad ante nuestros ojos. ¡Qué maravilla! Un valle cubierto por una nube de flores blancas, difícil describir lo que supone la floración de millón y medio de cerezos, repartidos por todo el valle del Jerte. Hay varios miradores, nosotros optamos por aparcar en una zona despejada y literalmente dejarnos engullir y rodearnos de flores blancas. Había merecido la pena, es una experiencia única, irrepetible, inolvidable. El Tauro claudicó…https://youtu.be/0vonR7m8xLQ?si=PzXdV-hLbsXpGs8m
Plasencia nos esperaba para pasar la última noche en Extremadura. El centro es peatonal, aparcamos en un parking con descuento aplicado por dormir en el hostal Goyesco, recomendable por su ubicación, al lado de la Plaza Mayor, por aceptar mascotas y por la limpieza. Pero….. la insonorización de las habitaciones brilla por su ausencia, menos mal que teníamos nuestro kit de tapones de oídos. Llegamos casi a la hora de cenar, nos dio tiempo a ducharnos, a darles de cenar a las “niñas” y dejarles descansar mientras nos íbamos a cenar a la plaza Mayor. Nos recomendó la chica de recepción varios lugares, y optamos por uno que se llama “La Pitarra del Gordo”. Una tasca tradicional con comida autóctona. Volvimos a pedir vino de pitarra, huevos rotos, la famosa morcilla patatera, de la que nos habló la guía el día previo en Cáceres, y queso de oveja curado. ¡Riquísimo todo!
Después de cenar fuimos a recoger a las niñas para dar el paseo nocturno y dimos una vuelta por las calles aledañas a la plaza, para ir abriendo boca. Por la mañana, al día siguiente, ya tendríamos oportunidad de ver el centro de Plasencia con luz diurna y más calma, sin tanta gente. Porque otra cosa no, pero en Extremadura, la gente sale, alterna, las terrazas a rebosar, no se les ha contagiado esa nefasta idea de retirarse a casa pronto. No tomamos una caña en otro de los bares que nos habían recomendado y nos sacaron unas tapas gratis de tamaño considerable. Acostumbrados a la ausencia de estos detalles y recién cenados, no nos quedó más remedio que hacer aprecio. ¡qué dura es la vida, a veces!…
Sábado 28: Plasencia – Hervás – Candelario – Béjar – La Alberca – Salamanca
Qué gusto pasear por las calles vacías de cualquier pueblo o ciudad, cuando la gente duerme y sólo se escucha alguna paloma arrullando. Arrancamos por la plaza Mayor en la que destaca la fachada del Ayuntamiento con una figura en la torre del Reloj, que representa al Abuelo Mayorga, un símbolo de Plasencia que da las horas golpeando la campana con su martillo.
Seguimos por la calle Trujillo y llegamos al conjunto catedralicio. Y digo conjunto porque Plasencia cuenta con dos catedrales, la vieja y la nueva. Al principio, tuvieron la idea de ir destruyendo la vieja a medida que se construía la nueva pero, al quedarse sin dinero, decidieron juntarlas con la diferencia de estilos que confluyen. La Vieja es de estilo románico tardío, en transición al gótico y la Nueva es de estilo gótico-plateresco. Dejo un vídeo interesante que explica la historia de estas dos catedrales en una: ¿Sabías que Plasencia es la ciudad más pequeña con dos catedrales? | ¡Qué historia tan curiosa!
Frente a las catedrales, se erige otro edificio monumental, el Palacio Episcopal. Por obra y gracia del Obispo de Plasencia, Gutiérrez Álvarez de Toledo, fue construido a finales del s.XV. Mires dónde mires, vayas dónde vayas, hay un palacio o una iglesia medieval. Todo el centro histórico de Plasencia es primo hermano del centro de Cáceres. El Palacio de Mirambel, junto a la Iglesia de San Francisco Ferrer, es otra joya, el edificio civil más importante que visitar en Plasencia. Actualmente pertenece a la familia Falcó (sí la misma que sale en la prensa del cuore). En su interior tiene un patio renacentista de dos pisos con los blasones de la familia Zúñiga. Mediante un jardín colgante, además, el Palacio se une al Convento de Santo Domingo que hoy alberga el Parador Nacional de Plasencia. Aunque no estés alojado en el Parador se puede visitar el claustro del convento de estilo isabelino, la escalera monumental y el refectorio. Ya nos hubiese gustado reservar allí pero una vez más viajar con perros en este país no es tarea fácil.
Palacio de Monroy, Palacio de Carvajal-Girón, Palacio de Almaraz, la lista sigue… No hay tantos edificios monumentales como en Cáceres pero casi. Una gozada pasear por las calles de Plasencia sin rumbo fijo. La doble muralla y el acueducto de Plasencia también son dos legados históricos que la ciudad protege y cuida. Lo dicho, Plasencia es otro “must” de Extremadura, a no perderse.
Antes de entrar en la provincia de Salamanca y revivir momentos del pasado, una vez más, nos dirigimos hasta Hervás, a 39 kilómetros de Plasencia. Otro pueblo en la lista de los más bonitos de España, que estaba a rebosar de gente. Nos costó encontrar un sitio para aparcar. Mario nos había hablado de este pueblo que se encuentra en la frontera ya con Salamanca y que es famoso, entre otras cosas, por albergar una de las juderías más bonitas y mejor conservadas del país. A finales del s.XIV se establecieron 45 familias judías, permaneciendo en Hervás cien años hasta que se marcharon a Portugal. Dejaron su huella, muchos símbolos, nombres de las calles, algunas de ellas muy estrechas, tanto es así, que la calle más estrecha de España se encuentra aquí, en esta judería. Barrio judío de Hervás | ¡Qué historia tan curiosa!
A tope de gente, se nota que es un pueblo muy frecuentado los fines de semana. Además al estar ubicado en un valle, rodeado de bosques frondosos de castaños y cascadas de agua, invita a hacer senderismo por las rutas que van desde los 3 a los 15 kms. Se nota la proximidad de la Sierra de Béjar.
A tan sólo 4 kms de distancia, otro pueblo entrañable que yo conocía: Candelario, ya en la provincia de Salamanca. Curiosamente no había mucha gente y es una joya. Eso sí, ojo con los gemelos, las calles siguen el sentido de la inclinación natural de la montaña. El esfuerzo merece la pena, llegar hasta la cumbre del pueblo tiene recompensa, en forma de vermut en una terraza al sol, servida por un camarero mulato guapísimo. Al igual que vimos en Valverde de la Vera, en Candelario, sus calles estrechas también son recorridas por las “regaderas”, los canalillos de agua cristalina que procede de las nieves de su Sierra montañosa.
Lo más recomendable es aparcar en la parte baja, en el llano y desde allí ir subiendo. Además de las regaderas, otro elemento característico de Candelario son las batipuertas, puertas a media altura con un curioso origen. Proteger la casa de las inclemencias del tiempo es la explicación más recurrente pero parece ser que en este pueblo de gran tradición chacinera, estas medias puertas servían para ventilar la planta baja mientras se picaba y adobaba la carne. Impidiendo a su vez el paso de animales y de la nieve. Las casas chacineras de Candelario, eran auténticas fábricas, la planta baja se destinaba a la matanza, la planta intermedia a la vivienda en sí y el desván como secadero natural, gracias al humo de la cocina. Hay una casa-museo en el que se explica todas las actividades que se realizaban en torno a la matanza del cerdo. El chorizo de Candelario era el más codiciado del país, en el s.XVIII era un producto muy apreciado en Madrid, principalmente en la Casa Real: https://youtu.be/vT7ckZaAuDY?si=Ms2KqI3f1U11nE0i
Después de llegar a la cumbre de Candelario y volver por la calle principal, entre regueras, me paré a comprar jamón y unas pastas de hojaldre. Seguía haciendo frío, habíamos pasado de los 26 grados de Mérida a los 12 en Candelario pero al sol se podía aguantar. Dos vermús cayeron, este pueblo es tan bonito que nos costó irnos. Al salir vimos la señal hacia Guijuelo, la Meca del jamón con permiso de Jabugo en Huelva. No nos desviamos hacia allí aunque no me hubiese importado hacer acopio… otra vez será.
A pocos kilómetros de Candelario, otro pueblo más grande: Béjar. Yo lo recordaba muy largo y no tan bonito como Candelario. Pero sólo por su ubicación, a los pies del Sistema Central, con las cumbres nevadas al fondo y encaramado sobre un cerro alargado, merece la pena ir a verlo. Recuerda un poco también a otro pueblo que vimos en Girona, que parece suspendido en el aire, Castellfollit de la Roca. Candelario nos había dejado extenuados y decidimos atravesar Béjar en coche, de punta a punta, metiéndonos por todo el centro histórico medieval.
Ya estábamos cada vez más cerca de Salamanca. Antes de llegar a la capital charra, queríamos cruzar desde Béjar hacia el otro lado de la autovía, hacia la Sierra de Francia para ver La Alberca, Mogarraz y San Martín de Castañar. Esta zona del sur de la provincia de Salamanca es para recorrerla en varios días, hay mucho para ver. Mario nos había recomendado visitar también Las Mestas, La Ermita de Peña de Francia y San Martín de Trevejo. Al final, nos dio la vida para parar y descubrir La Alberca, un pueblo de postal, muy bonito y muy turístico también. Antes de llegar a esta localidad, pasamos por Mogarraz pero fue totalmente imposible encontrar un sitio para aparcar. Estos dos pueblos son muy frecuentados, especialmente, los fines de semana.
Mogarraz es famoso por las fotografías de sus vecinos, tomadas en los años 60, y expuestas en gran formato por sus calles, como si fuera una galería de arte al aire libre. Yo había visto imágenes en el semanal de El País y me hubiese gustado poder pasear y ver estas imágenes pero no pudo ser.
En la Alberca sí tuvimos suerte de poder aparcar muy cerca del centro. Cruzamos un pequeño puente de piedra y ya entramos por una de sus calles principales, flanqueada por casas de arquitectura chacinera, con fachadas de granito en las plantas bajas que se enlazan con las hileras de madera de castaño que cubren las paredes de las plantas más altas, cubiertas de adobe. Lo más curioso es que las plantas superiores sobresalen un poco sobre las inferiores, como si las casas quisieran asomarse a ver quién camina por la calle. En los balcones de madera, los geranios ponen la nota de colores vibrantes. Esta calle desemboca, casi por instinto, en la Plaza Mayor, y no es otra plaza como tantas otras, la de La Alberca es de otro planeta. Es como entrar en un cuento de los hermanos Grimm. En el centro se alza una cruz de piedra del siglo XVIII, con la imagen de Cristo crucificado en un lado y la Virgen en el opuesto. Las casas que rodean la plaza cuentan con doble balconada de madera que en marzo ya rebosaban de geranios en flor. Había bastante gente sentada en las escaleras del crucero de piedra y en las terrazas de los restaurantes. Me fijé en un mural que había con el rostro de Unamuno. Definitivamente, su sombra era alargada… En Fuerteventura, en Bilbao y ahora aquí en un pueblo perdido de Salamanca. Parece ser que el escritor estaba muy fascinado por la Sierra de Francia y en 1913 publicó crónicas en el diario El Imparcial detallando sus expediciones desde La Alberca hasta el pico de la Peña de Francia.
Como no nos atendía ningún camarero, no nos quedó otra que levantarnos de la terraza y seguir descubriendo el pueblo. Qué gusto da viajar entre semana y qué horror los fines de semana. No nos importó tampoco alejarnos de las masas y perdernos por las calles aledañas a la plaza Mayor de esta localidad que fue la primera en España en ser declarada Conjunto histórico- artístico en el año 1940. Sus calles estrechas de calles empedradas invitan a alejarse del ruido, a perderse y de repente encontrarse con una de sus 3 ermitas o con la Iglesia del pueblo de estilo neoclásico. Hansel y Gretel podrían saludarte desde cualquier balcón de madera, la Alberca es de cuento de hadas. Nos hubiésemos quedado allí más tiempo pero el día se nos echaba encima y tampoco íbamos a poder ir a Ciudad Rodrigo antes de llegar a Salamanca. Me hubiese gustado que Dani conociese la plaza de Ciudad Rodrigo que a mí me impresionó en su día pero el desvío suponía muchos kilómetros y decidimos seguir hacia la capital. (Para un futuro viaje a Orense, la primera parada será en Ciudad Rodrigo, sí o sí).
Desde la Alberca hasta Salamanca son 66 kilómetros, y los últimos antes de llegar a la ciudad, los recorrimos atravesando latifundios de dehesas con toros bravos, a ambos lados de la carretera. Una recompensa de la naturaleza por no haber podido ir a Ciudad Rodrigo.
Al llegar casi al atardecer, tuvimos otra recompensa, la de poder apreciar y entender por qué la llaman la ciudad dorada. Al estar construida con piedra arenisca, cuando el sol se pone, esta piedra refleja la luz adoptando tonos dorados, naranjas y rosados. Tuvimos el lote completo, una bienvenida alucinante.
Enseguida encontramos el apartamento que había reservado en el centro histórico. El acceso es restringido pero al tener reserva puedes incluso dejar el coche en el garaje y encontrarte a pocos metros del centro. Estábamos cansados, cenamos en el apartamento y decidimos descansar bien para disfrutar de Salamanca al día siguiente. Dejo el enlace de estos apartamentos recomendables por su ubicación, sobre todo: JCH Congreso Apartamentos en Salamanca
Domingo 29: Salamanca – Zamora – Montemarta – Granja de Moreruela – Pobla de Sanabria
Un desayuno potente y otro día soleado nos cargaron las pilas para volver a reencontrarnos con las calles de Salamanca. En mi caso más de 30 años después, se dice pronto, y en el caso de Dani unos 25. El sol brillaba pero hacía un frío del carajo. El ambiente era totalmente festivo, las calles abarrotadas de gente portando palmitos para las procesiones del Domingo de Ramos. En unos minutos caminando nos plantamos en la puerta de la Catedral Nueva de Salamanca que olía a incienso y sonaba a tambores y capirotes.
La capital charra, tiene dos catedrales. La Catedral de Santa María o catedral vieja, con el auge de la universidad, se quedó pequeña, baja y oscura, y con el apoyo de los Reyes Católicos, en el año 1513, se inició la construcción de la nueva, pegada a la vieja. La vieja, es de estilo románico y gótico y la nueva es de estilo gótico en su totalidad. Impresionante conjunto catedralicio tienen en Salamanca.
Las mejores vistas para ver el conjunto es desde la Plaza Anaya, dónde fuimos a parar siguiendo a las masas que iban al encuentro de las procesiones. Yo no las vi, pero según parece en una de las Puertas de la Catedral nueva, en la de Ramos, se ven varias figuras esculpidas, curiosas, como un astronauta (que se colocó durante su restauración en 1992), un lince, un toro, un dragón con un helado de tres bolas, surrealista… un cangrejo, una cigüeña y una liebre. Estos tres representan el agua, el cielo y la tierra. Desde allí, sorteando a la gente, nos acercamos a la fachada más espectacular de la ciudad universitaria, la fachada de la rana. La primera vez que vi esta monumental fachada de estilo plateresco de las Escuelas Mayores de la Universidad de Salamanca, necesité ayuda para encontrar la famosa rana, esculpida encima de una calavera. 30 años después, volví a necesitarla y un señor que se ganaba la vida contando a los visitantes la historia de la fachada más famosa de Salamanca me ayudó a encontrarla de nuevo. La rana de la Universidad de Salamanca
El patio de las Escuelas con figura de Fray Luis de León, está justo al lado. Este patio, de origen renacentista, constituye el corazón académico y simbólico de una de las universidades más antiguas de Europa. Y después, caminando, a unos cien metros, otra maravilla: La Casa de las Conchas, un palacio de estilo Gótico civil, construido a finales del s.XV, es célebre por su fachada decorada con más de 300 conchas de piedra, símbolo de la Orden de Santiago. Actualmente alberga una biblioteca pública y centro cultural. En Salamanca, mires dónde mires, te encuentras una plaza, un rincón, una calle que huele a historia, que huele a piedra.
Por la calle Libreros, husmeando como Tuca y Lola, parada obligatoria frente al escaparate de la pastelería “La Portuguesa”. Dani ha desarrollado un sexto sentido y localiza las pastelerías de cualquier lugar del mundo en cuestión de minutos. Para los adictos a los pastelitos de Belem, la Portuguesa los ofrece a diario. Ya sólo nos faltaba encontrar una terraza en la Plaza Mayor para degustarlos con café. Monumental, colosal, en dos palabras, como decía el otro, im – presionante.
A tope estaba, súper ambientada. Nos sentamos primero en un banco y Lola le pegó tal lametazo a uno de los chicos que ocupaba la mitad del banco, que casi le da un parraque. Nos sentamos para admirar la plaza desde el centro sin prisa, con calma. De estilo barroco, fue construida al estilo de la Plaza Mayor de Madrid, por el arquitecto Alberto de Churriguera. No es un cuadrado perfecto y ninguna de sus fachadas mide lo mismo. Unamuno (no podía ser otro) decía que era un cuadrilátero irregular pero asombrosamente armónico. Para seguir disfrutando de la plaza, conseguimos sentarnos en una mesa y tomarnos un café caliente. El sol seguía brillando pero el aire helador también seguía azuzando. Entre el gentío que pululaba por la plaza vimos un grupo de chicas que se pusieron en corro a cantar como los tunos; de hecho, eran “tunas” de la facultad de medicina de Oporto. ¿Qué más podíamos pedir? Café caliente, con pastelitos de Belem en una de las plazas más bonitas del país ( si no la más), con fondo sonoro de una tuna femenina portuguesa.
Por pedir…. Y a pesar de ser domingo, no podía dar por finalizado el paseo por Salamanca sin comprar ibéricos, bisutería charra y una porción de hornazo que no había probado nunca (como una empanada rellena de lomo adobado, jamón serrano y chorizo ibérico). Para mi gusto le falta algo de verduras que le dé jugosidad al asunto. Con las compras hechas, el cuerpo más caliente después del café en la plaza, fuimos poco a poco regresando al punto de partida para recoger el coche y seguir hacia el norte
A la salida también vimos otro de los imprescindibles en Salamanca: el puente romano que cruza el río Tormes. Nuestro siguiente objetivo era cruzar a la provincia de León pero en la autovía de la Plata vimos una salida a Zamora, que no estaba prevista en la ruta porque ya la habíamos descubierto en la ruta de Isabel la católica, en el 2014: Ruta de Isabel la Católica – MI MONDO LIRONDO – DIARIO DE VIAJES, y sin pensarlo mucho, allá que fuimos. Teníamos un bonito recuerdo de esta ciudad y romper la ruta establecida también tenía su punto. Aparcamos junto a la catedral y fuimos testigos de una bronca monumental entre un chico que dejó el coche a la salida del parking, obstaculizando la salida, mientras iba a pagar a la máquina, y el señor del coche que le seguía que empezó a increparle diciéndole que era un listo. Tuvo que salir el vigilante a poner paz, y con infinita paciencia les recordó que estábamos en vísperas de Semana Santa. Zamora de domingo de Ramos, llena de portugueses y gente local con sus mejores galas. Volvimos a pasear desde la catedral románica hasta la plaza mayor, deleitándonos con todo el patrimonio de arte románico que tiene esta pequeña ciudad castellana. Ambientazo el que había en Zamora, nos costó un rato encontrar un hueco en una terraza para tomar el vermut. Al final, en una calle de las aledañas a la plaza Mayor, encontramos un pequeño bar con una mesa y 2 taburetes en la calle. Desfile de “moda de provincias dominguera” y castellana. Suena muy clasista pero es otra forma de vestir, difícilmente clasificable. Para resumir, no siguen el patrón de Armani, “del menos es más”, todo lo contrario. Les gusta la sobriedad pero al mismo tiempo el brilli brilli. Mires donde mires, se nota que estrenan ropa y peinado, el Domingo de Ramos lo merece. Definitivamente, la parada inesperada en Zamora para recordar el pasado, fue un acierto. ¿Qué ver en Zamora? La Perla del Románico
Desde la capital, y antes de cruzar a León teníamos varias paradas en la provincia de Zamora. La primera; Montamarta. Cuando llegamos nos pareció un pueblo sórdido, de forajidos del lejano Oeste, di una vuelta con el coche y me preguntaba, ¿qué narices hacemos aquí?. Fue al salir cuando lo entendimos. Esta población forma parte del camino de Santiago (vía de la Plata) y al salir hay un pequeño embalse llamado Ricoballo con una ermita muy bonita en la cima de un cerro que cae sobre el embalse. Junto a la ermita, vimos el cementerio del pueblo custodiado por una puerta metálica y una inscripción muy certera que decía: “Aquí termina el reino de la vanidad, y empieza el reino de la eterna verdad”. Ahí queda eso….
Nuestro viaje aún tenía visos de seguir siendo en este mundo, y después del alto en el camino en este lugar, nos dirigimos a otro sitio único y perdido que también nos hizo pensar. Hay que atravesar carreteras secundarias, entre prados verdes y bosques para llegar a un monasterio cisterciense abandonado en la Granja de Moreruela. El pueblo al que pertenece el Monasterio, es un punto importante de la Via de la Plata y del Camino de Santiago, ya que aquí el peregrino debe decidir si continúa hasta Astorga, enlazando con el camino francés o prefiere tomar el Camino Sanabrés hasta llegar a Santiago de Compostela.
Llegamos al monasterio y el sonido que reinaba a esa primera hora de la tarde era el sonido que emiten las cigüeñas al entrechocar su pico rápidamente (crotoreo se llama, Google dixit). No había mucha gente y lo agradecimos porque ver las ruinas de este monasterio acompañados por las cigüeñas y la brisa del aire fue una auténtica delicia. Tuca y Lola también lo agradecieron, les encanta tumbarse en la hierba y revolcarse. Hay partes del Monasterio que se han restaurado y otras están en vías de. Lo que se agradece es la calma y la tranquilidad que se respira. Dejo aquí un enlace que explica su historia: Monasterio de Moreruela: Curiosidades de la visita – Ocio Zamora
Empezaba a atardecer y aún teníamos que llegar hasta la Pobla de Sanabria, dónde íbamos a dormir. Por la carretera vimos varios bosques calcinados. Es el paisaje de la Sierra de la Culebra después de los dos grandes incendios que en un mes quemaron más de 60.000 hectáreas. El fuego tardó más de 45 días en extinguirse en julio y agosto de 2022 y obligó a evacuar una treintena de poblaciones. Cuatro personas murieron y más de una decena de personas sufrió quemaduras. Qué triste…. Es muy desolador y creo que no se castiga lo suficientemente. En fin…
Llegamos por fin a la Puebla de Sanabria pero seguimos unos kilómetros más para ver el lago de Sanabria, de origen glaciar, (el más grande de la península ibérica) con playa donde te puedes bañar, hacer kayak, alquilar patinetes, etc.. El sitio es espectacular, un remanso de paz, un lugar para perderse y olvidarte del mundanal ruido. El atardecer en el lago no lo olvidaremos, fue uno de los momentos más mágicos del viaje. Me imagino que en verano sus cuatro playas principales estarán a tope, a pesar de que el agua siempre está fría, o por lo menos así lo avisan. Chiringuitos, baños, todo preparado para cambiar las playas del mediterráneo por este lago zamorano.. y ¿por qué no?
Nos hubiésemos quedado en el lago relajados más tiempo pero, la dueña del hotel en la Puebla de Sanabria nos estaba esperando, y de hecho, cuando llegamos es lo primero que nos dijo: os estaba esperando, sois los últimos. (sí señora, y como dueña de hotel tendría que agradecer nuestra forma de viajar, somos un chollo llegamos los últimos y nos vamos los primeros… y sé de qué hablo…me toca sufrir a los huéspedes que se dejan caer antes de la hora de entrada y apuran los minutos a la hora de salir). Si yo contara….
Tierra de Lobos se llama el hotel. En mi vida había visto un alojamiento con una decoración más estridente, paredes en verde fosforito, naranja, morado en las habitaciones. Y bueno, los cuadros con hologramas de lobos en los pasillos son lo más. Hologramas y normas por todas partes. Te venden las toallas y la ropa de cama con bordados del logo del hotel, por si te las quieres llevar de recuerdo, te explican las multas a las que te puedes ver expuesto si por ejemplo, utilizas las toallas con otro fin que no sea el secado después de la ducha…. ¿Alguien da más?. Para cenar, nos recomendó la dueña coger el coche porque se podía ir caminando hasta el centro del pueblo, que se encontraba en la cima de un cerro pero el frío al oscurecer era helador. Y sí, menos mal que le hicimos caso. Frío polar al salir de cenar.
Cenamos en “Casa Paca”, un restaurante pequeño con buena cocina pero dueño no muy empático. Vale, un error garrafal cometí, pedir un Ribera de Duero en vez de un vino de Toro resultó ser pecado mortal. Cenamos bien a pesar de soportar a una pareja de mujeres que gritaban en la barra y tuvimos el soniquete de sus voces correosas durante toda la cena en el oído. Eran clientas habituales, y el dueño les reía las gracias. Nada que hacer.
Menos mal que en el Reino de la noche, el vino de Toro nos dio fuerzas para llegar al coche, después de cenar, sin morir congelados en el intento.
Lunes 30: Puebla de Sanabria – Benavente – Astorga – Léon
Ya puestos pensaba que nos iba a despertar el aullido de un lobo, pero no, fue un despertar más tradicional, más de lametazo canino. El desayuno acorde al hotel, café con leche en taza XXL y croissant en consonancia, tonterías las mínimas. Por Tutatis! qué recios son estos castellanos!.
Puebla de Sanabria nos esperaba para mostrarse a plena luz del día. Sí, no se puede negar, hay que echarle un par para subir las calles empinadas de este pueblo amurallado que parece una fortaleza colgada del cielo, pero merece y mucho la pena. Escenario de algún capítulo de Juego de Tronos, entrar en su centro histórico medieval es ir de la mano de Daenerys Targaryen. Casas de piedra, tejados de pizarra, blasones heráldicos y muchas batallas guardan estas calles que serpentean hasta alcanzar la Plaza Mayor. No es una plaza de gran tamaño pero sí está flanqueada por el Ayuntamiento con una fachada de estilo Isabelino del siglo XV, con dos plantas porticadas y dos elegantes torreones. Por otro lado, la Iglesia románica de Nuestra Señora del Azogue de origen románico y reformada posteriormente y la ermita de San Cayetano, muy pequeña, parece de juguete. Entramos en la ermita para ver las 4 figuras procesionales de Semana Santa: la Oración del Huerto, el Cristo atado a la columna, el Nazareno y la más popular, el Cristo Resucitado o el “Pinchatajadas”. Resulta que cuando pasa en procesión esta talla, durante el recorrido los vecinos le ofrecen tajadas de chorizo y viandas, celebrando el fin de la cuaresma y la prohibición de comer carne. Cosas de la madre patria.
Muy cerca de la ermita se encuentra el Castillo de la Puebla, enrocado sobre un cerro que domina el río Tera. Es uno de los castillos mejor conservados de España, fue construido por los Condes de Benavente y tuvo un papel crucial en la frontera con Portugal. (1) CASTILLOS EN EL AIRE PUEBLA DE SANABRIA – YouTube.
Rodeamos el Castillo y fuimos poco a poco bajando desde la cima, bordeando el centro por el otro lado, con unas maravillosas vistas al río y al entorno natural. Pasamos delante de una tienda de ultramarinos y entré para comprar una pieza de cerámica de un cerdito hucha que me guiño el ojo. El dueño de la tienda no paró hasta venderme vino de Toro y unos boletus deshidratados para hacer risotto o darle gusto a un estofado de carne. Un fenómeno el hombre, si me quedo 5 minutos más, salgo con media tienda. Menos mal que el coche no estaba lejos. El desvío hasta la Puebla de Sanabria había merecido la pena, es una parada obligatoria cuando se visita Zamora y su provincia.
La parada que hubiésemos podido evitar era la siguiente: Benavente. Destruida en las guerras con Portugal, en la zona alta hay dos iglesias románicas y poco más. Aparcamos en el centro, en la parte alta de la localidad y nos dejamos llevar. Sí que tuvo relevancia en la Edad Media por ser cruce de caminos entre León, Castilla, Asturias y Galicia pero no han sobrevivido muchos monumentos históricos. Lo que sí nos gustó es su ubicación, al estar su centro en altura, hay una zona ajardinada que se llama el Mirador de la Mota, un amplio balcón natural, junto al Parador de Turismo que ofrece unas vistas espectaculares sobre la confluencia de los ríos Esla y Órbigo y sobre la vega de Benavente. Había mucho ambiente en esta zona, y nos dimos un buen paseo, antes de buscar un sitio para comer. Lo encontramos en la vega, en un parque, en la parte inferior que habíamos visto antes desde el mirador. Tuca y Lola disfrutaron del césped y nosotros de un lugar tranquilo para comernos el hornazo que compré en Salamanca. Momentos improvisados del viaje que se recuerdan por eso mismo, por salirse del plan inicial.
El siguiente destino, Astorga, nos gustó mucho. En el cruce de la Vía de la Plata con el Camino de Santiago, “Asturica Augusta” es una joya arquitectónica e histórica en pleno corazón de la provincia de León. Dejamos el coche muy cerca de la Plaza Mayor, frente a un restaurante que ofrecía el famoso cocido maragato que se come al revés, primero las carnes, luego los garbanzos con verduras, y por último, la sola de fideos. Plato contundente, sin lugar a dudas, y como dicen los maragatos, el orden es importante: “de sobrar, que sobre la sopa”.
Vimos a varios caminantes por el centro de Astorga, incluso un grupo de japoneses que parecían dispuestos a llegar a Santiago de Compostela todos juntitos. Cruzamos la plaza Mayor, presidida por el edificio del Ayuntamiento, de estilo Barroco, con dos torres gemelas y un reloj, en el que una pareja de maragatos, Juan Zacunda y Colasa, dan la hora, ataviados con el traje regional.
Vimos muchos escaparates con estantes llenos de chocolate. En Astorga cuentan con un Museo dedicado al chocolate y 5 fábricas que lo producen. Los arrieros maragatos además de inventar el cocido, cuando transportaban el pescado desde los puertos gallegos a Madrid, descubrieron también en los puertos el cacao que se importaba desde ultramar. Lo introdujeron en Astorga y desde entonces se sigue elaborando un chocolate “espeso, dulce y caliente”, como así dicen las crónicas que era el chocolate que se elaboraba en Astorga, ya en el siglo XVII. Delante de una de las tiendas de chocolate, vimos el famoso Palacio Episcopal de Astorga, obra de Gaudí. Estéticamente, a mí personalmente, no es de las obras de Gaudí, que más me guste. Con una estética gótica-medieval, Gaudí diseñó un auténtico castillo de cuento de hadas, con piedra grisácea del Bierzo, cuatro torreones cilíndricos, ventanales con vidrieras y relieves tallados en la fachada. Hoy en día el Palacio alberga el Museo de los Caminos, dedicado al Camino de Santiago. Gaudí nunca lo llegó a ver terminado ya que al morir el Obispo Grau que le hizo el encargo, llegaron las desavenencias con el cabildo, parándose las obras durante unos años. Quedaba por terminar la planta superior y la cubierta y Gaudí llegó a exclamar: “no serán capaces de acabarlo, ni de dejarlo interrumpido”. Años más tarde cuando Isabel II , durante una visita a la Sagrada Familia le preguntó por qué había renunciado, el replicó: “Señora, yo no me fui, me echaron”.
La Catedral de Astorga, de colosal tamaño, y que se encuentra muy cerca del Palacio de Gaudí, sí que nos gustó y nos impactó. Edificada sobre una catedral románica del s.XI, El templo es una combinación de varios estilos arquitectónicos, desde el Gótico florido, al Renacimiento, Barroco y Neoclasicismo. Sus dos torres gemelas, otra de las campanas y otra más antigua restaurada, ofrecen la imagen más representativa del exterior, junto al característico color rojizo de la piedra. Creo que no habíamos visto una fachada con tanta altura como ésta. Es realmente impresionante. No llegamos a entrar en su interior, no apto para mascotas (criaturas de Dios igualmente…) pero dejo un video como testimonio: Reportaje: La Catedral de Astorga | Historias de León
No encontré la manera de sacar un buen ángulo para fotografiar la fachada, es tan grande y colosal que es difícil por no decir, casi imposible, fotografiar la fachada en su totalidad. Impresionante, la verdad. Astorga fue todo un descubrimiento, la antesala perfecta para lo que nos esperaba: León, capital. Llegamos a León a media tarde y con ganas de descansar en el apartamento que había alquilado para dos noches. El mejor alojamiento de todo el viaje, muy bien decorado, limpio, espacioso y con todo lo necesario. Hubiese sido perfecto si hubiese estado ubicado más cerca del centro histórico para ir al día siguiente caminando pero bueno, nos contentamos con tener un parque al lado para ir con Tuca y Lola a dar un paseo nocturno.
https://www.alojamiento.io/property/alojamiento-nuevo-en-el-centro-de-le%C3%B3n-edificio-rvm3
Martes 31: León
Teníamos cita a las 12:15 para una visita guiada con Civitatis para conocer el centro de León. Yo sólo había estado una vez con mi madre cuando hicimos la ruta del Cantábrico con su furgo, hacía muchos años. Y la verdad es que dimos un paseo por la Catedral y poco más, tenía ganas esta vez de conocer más a fondo la ciudad. Aparcamos en un parking municipal muy cercano a la Catedral, se llama Parking de San Pedro, la mejor opción para aparcar si se visita el centro de León. La plaza de la Regla se llama, pero todo el mundo la conoce como la plaza de la Catedral. Allí que llegamos puntuales a nuestra cita y enseguida vimos un grupo bastante numeroso. Nos dividieron en 3 grupos y arrancamos la ruta admirando el exterior de la Catedral gótica. (el interior lo dejamos para otra ocasión sin Tuca y Lola). No obstante, siendo uno de los templos góticos más famosos de España, famoso por sus 1800 m2 de vidrieras y Patrimonio de la Humanidad, no puedo seguir escribiendo el diario sin dejar un vídeo que, por lo menos, muestra este caleidoscopio gigante en forma de Catedral: Catedral de León
La guía nos iba contando la historia de la ciudad, una ciudad cuyo nombre deriva de la palabra latina Legio (Legión). En este lugar se asentaron, la Legio VI Victrix primero y la Legio VII Gemina más tarde, en el marco de la conquista y reorganización del noroeste peninsular. El núcleo posterior se llamó Legio y de ahí derivó el nombre de la ciudad medieval de León. Muy cerca de la Catedral vimos un edificio que nos llamó la atención, en piedra gris, la misma que vimos en Astorga en el Palacio Episcopal de Gaudí. Se trata de una de las obras de Manuel de Cárdenas , un arquitecto municipal que durante el Franquismo dejó su sello en varios edificios de la ciudad, como el centro de Enseñanza para ser la perfecta Ama de Casa. El susodicho llegó a definir España como “un remanso de paz por la espada victoriosa del Caudillo”, ahí lo dejo…
También cerca de la Catedral, vimos un caserón del s.XIX que acoge el Museo de Sierra Pambley, no es un museo etnográfico pero casi, ambienta y recuerda el estilo de un rico burgués que vivió el desamor y cuyo sobrino heredero promulgó junto a otros ilustres caballeros la Institución Libre de Enseñanza. Una visita al museo Sierra Pambley (León) | Siempre de paso
Desde allí fuimos caminando hasta las puertas del restaurante más famoso de León: el Zuloaga Ezequiel. Según nos dijo la guía, el mejor lugar para probar las especialidades culinarias de León, con su pulpo con cachelos como uno de los platos estrella, o el aperitivo o “tapina” de lengua curada. Fui apuntando en el cuaderno de bitácora todo lo que nos contaba sobre las “tapinas” para cuando acabara la visita. Hay dos barrios clásicos en León, separados por la calle ancha, o calle Mayor, el Barrio húmedo y el Barrio Romántico. El barrio húmedo lo conocía, sobre todo por el tapeo, pero el barrio romántico no. Ha ido ganando popularidad, y ya el tapeo del Húmedo no es exclusivo, a este lado de la calle mayor también se come rico, rico.
Primera parada en el Romántico, en el Jardín del Cid, dónde el 99,9% de los leoneses han pelado la pava en alguno de sus bancos. Jardín romántico en el barrio romántico. Cuenta la leyenda que El Cid Campeador vivió por estos lares, y me imagino que de ahí viene el nombre de la calle principal y del jardín del Barrio del cuore. A pocos metros nos encontramos con una de las joyas del románico, la Basílica de San Isidoro. La Catedral y este templo son los símbolos emblemáticos de León. Su origen se remonta al siglo X, aunque el edificio actual fue impulsado por los reyes Fernando I y Sancha en el siglo XI para albergar las reliquias de San Isidoro de Sevilla, convirtiéndose en un destacado centro religioso, cultural y político. Además de su célebre Panteón Real, donde descansan numerosos reyes y reinas leoneses, destaca por sus extraordinarias pinturas románicas, conocidas como la «Capilla Sixtina del Románico”.
La guía después de visitar el interior, ante su fachada principal, nos explicó la relevancia histórica que tuvo, en el ámbito político en el año 1188, cuando el rey Alfonso IX de León convocó en su claustro las Cortes de León. Por primera vez en Europa participaron, junto a la nobleza y el clero, representantes elegidos de las ciudades, dando lugar a los Decreta de León, un conjunto de normas que reconocían derechos y limitaban el poder del monarca. Este acontecimiento es considerado el origen del parlamentarismo europeo y fue reconocido por la UNESCO en 2013 al inscribir los Decreta de 1188 en el programa Memoria del Mundo, otorgando a León el reconocimiento de Cuna del Parlamentarismo.
Jamás me hubiese imaginado que la cuna del parlamentarismo se encontrara aquí, siempre he pensado que tendría su origen en una “polis” griega o en un Londres decimonónico… pero en León….En fin, ahora me explico mejor la rivalidad tan grande que existe entre Valladolid y León. Cuna del parlamentarismo, Reino cristiano cuyo protagonismo en Castilla fue perdiendo fuerza a medida que crecía la centralización del poder en Valladolid. Hoy en día la rivalidad sigue latente, existen corrientes que reclaman una autonomía propia para la Región Leonesa.
Antes de despedirnos de la Basílica de San Isidoro, nos explicó la guía que en el Museo de la Colegiata se custodia entre otras valiosas obras de arte el famoso cáliz de la reina Doña Urraca, personaje omnipresente en Castilla, una joya de la orfebrería románica del s.XI, mundialmente famosa porque un estudio sugirió que su copa interior de ónice podría ser el auténtico Santo Grial.
El pasado legionario y romano de León se palpa en sus calles. La ciudad está señalizada en el suelo con marcas metálicas en forma de caliga (la sandalia de los legionarios) que guían una ruta por restos de murallas, criptas arqueológicas y baños antiguos. Seguimos los pasos de la guía que nos llevó hacia las murallas, que por cierto al ser de origen romano, son las murallas más antiguas de España. Hay varios tramos que se conservan mejor, y en uno de ellos, nos enseñó el Bar la Lola, dónde nació el alma del famoso grupo local, “Café Quijano”. La Lola: el bar donde nació el alma de Café Quijano | leonoticias.com. En esta parte, se puede ver cómo han ido destruyendo casas que estaban pegadas a la muralla romana, para recuperar el patrimonio histórico de la ciudad.
Nos fuimos acercando a la calle ancha que citaba antes, dejando atrás el Barrio romántico para ir poco a poco adentrándonos en el Barrio Húmedo. Pero antes, nos topamos con otro edificio emblemático de León: La Casa Botines, otra obra del genio Gaudí. El que fuera en su origen un almacén de tejidos, hoy en día es una casa-museo, dedicado a la historia del edificio, a la figura de Gaudí y al arte español de los siglos XIX y XX. Visto desde fuera es tan austero como el Palacio episcopal de Astorga. Pero si te vas fijando en los detalles, invita a quedarse más tiempo, si se puede, para visitar el interior. Presentación – Museo Casa Botines Gaudí
Justo al lado de la Casa Botines se encuentra el colosal Palacio de los Guzmanes, sede actual de la Diputación Provincial, palacio renacentista, del siglo XVI, famoso por su gran patio interior y su fachada renacentista. Desde allí cruzamos hacia el otro lado de la calle Mayor, al famoso Barrio húmedo. A esa hora del día ya estaban las terrazas abarrotadas de gente y antes de “soltarnos” para probar las “tapinas” más aclamadas, la guía nos llevó a la Plaza Mayor, para que viésemos la sede del antiguo Ayuntamiento que dicho sea de paso, sus balcones están que se caen.. De hecho este año, en Semana Santa las autoridades ya no podrán ver las procesiones desde sus balcones, según nos comentó la guía. La Plaza en sí es bonita, más popular, más castiza que la de Salamanca, que es más monumental. Recuerda un poco a la Plaza Mayor de Madrid. En realidad el antiguo Ayuntamiento nunca fue la casa consistorial de León, Su principal función era servir como tribuna para las autoridades en festividades y eventos oficiales celebrados en la Plaza Mayor. El Ayuntamiento en dónde se celebran los plenos, está ubicado en la Plaza San Marcelo, en un palacete Renacentista del s. XVI.
La guía dio por finalizada su visita recomendando algunas de las tapas más populares del Barrio Húmedo y explicando las teorías de por qué se le llama húmedo a este barrio. La que parece tener más solidez es la que sostiene que el vino en lugar de llegar embotellado, se trasegaba. Al ser zona de tabernas, se servía el vino en grandes cubas y con el trasiego siempre se escapaban algunas gotas que humedecían sus calles. Ahora el vino embotellado cae por las gargantas sin soltar gota y en las terrazas de la Plaza San Martín, epicentro del famoso barrio, pudimos sentarnos para probar la famosa morcilla leonesa, que por su aspecto da un poquito de repelús escatológico, pero de sabor está bastante buena (me quedo con la de Burgos, lo confieso). También probamos unas mollejas de pollo y una ensaladilla que nos dejó un buen sabor de boca. Las tapinas son variadas y gratis con un buen vino del Bierzo, ya te puedes morir en paz…Dejo aquí un artículo para no perderse en esta ciudad dónde el tapeo es religión. Las mejores tapas de León | Traveler.
Y así, poco a poco, entre tapas y vinitos, nos fuimos haciendo a la idea de que teníamos que ir despidiéndonos de nuestra última etapa de la Vía de la Plata. La última parada fue en un banco, al lado del busto de la reina Urraca, reina de León, Castilla y Galicia de 1109 a 1126, y primera mujer en reina en Europa por derecho propio y no por ser la esposa de un rey. Vale la pena leer su biografía: Urraca, la reina que desafió a su tiempo. No sé si fue por casualidad pero al otro lado del busto de Doña Urraca, mientras observábamos al personal paseando, apareció una madre con su hija, y no podíamos dar crédito a lo que estábamos viendo. La niña no tendría más de 16 años y la madre le hacía fotos con el móvil de forma compulsiva. “Ahora sube la cadera, baja la cintura del pantalón, mira al frente, mira de lado, lánzame un beso”… Por un momento me imaginé a Doña Urraca, la “Temeraria” cobrando vida y requisándoles el móvil. En fin….poco hemos avanzado, querida Urraca, las fotos de esa niña ya están haciéndose virales y la madre henchida de gozo con su perfil de Instagram.
Nos retiramos a media tarde del centro de León. Teníamos un día largo de carretera por delante, al día siguiente, desde León a Castellón, pasando por Logroño. La ruta de la Vía de la Plata había llegado a su fin, lejos quedaban las dehesas, los pueblos blancos y los cerezos en flor. Una ruta que merece la pena recorrer sin prisa, como si el “Camino empedrado” volviese a su origen.

Un viaje bien contado y bien vivido -y bien comido- para compartir el disfrute de esos lugares aún no avasallados por el turismo masivo donde es posible pasear, contemplar y detenerse. Una gozada para visitar y revisitar.